Equilibrio fiscal: qué es y por qué, si se logra o no influye en mi bolsillo

Fuente: LA NACION
Santiago Bulat
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29 de septiembre de 2019  

1 ¿Qué es? El equilibrio fiscal es el resultado de que se equiparen los ingresos y los egresos de una Nación, provincia o municipio. También podríamos aplicar este concepto al total de ingresos o egresos de una empresa, una cooperativa, una familia, etcétera. Pero haremos eje ahora en las cuentas públicas, para entender cómo su situación nos afecta como ciudadanos. Cuando las cuentas públicas no están en equilibrio, existen dos opciones. Una es que el país tiene déficit: gasta más de lo que le ingresa. La otra es que tiene superávit: le ingresa más dinero del que gasta.

2 Déficit versus superávit. ¿Está mal que un país tenga déficit? ¿Está mal que tenga superávit? Lo cierto es que ninguna de las dos alternativas está mal per sé, pero cualquiera de las dos debe ser sostenible. Cada país, al igual que cada casa o cada empresa, elige cuáles son sus gastos y de qué manera ejecutarlos, como también en qué años se podrá gastar más que lo que ingresa y en qué años no. Pero queda claro que hacer esto eternamente será poco sostenible. Nosotros, como ciudadanos, nos vemos afectados tanto por lo que el Estado gasta como por lo que recauda. Por eso, es necesario comprender las necesidades y las demandas que hoy tiene la sociedad, para entender en qué estamos gastando y cuán sostenible es.

3 ¿Gastamos bien o mal? Es imposible definir si se gasta bien o no, porque todos tenemos gustos, necesidades y pretensiones diferentes. A modo individual, si a mí me gusta tomar gaseosas y me compro una, será un gasto muy satisfactorio; en cambio, en la visión de mi amigo que toma solamente agua, yo estaré derrochando mis ahorros. Por eso, la definición de bien o mal no existe: gastamos sobre la base de lo que la sociedad demanda o necesita en un determinado momento. Nuestro país hoy tiene ciertas demandas que exigen gastos en un sistema jubilatorio universal, la educación pública, la universidad pública, la salud pública, el transporte, etcétera. Y esas erogaciones deben solventarse con ingresos.

4 Los ingresos. Son cinco las formas que podemos enumerar para financiar los gastos de un país. Cada una de ellas tiene sus consecuencias para los ciudadanos. Si no fuera así, el financiamiento sería interminable y el gasto podría ser infinito. En primer lugar están los impuestos como fuente de ingresos. Y sabemos que un exceso de impuestos hace que la producción sea poco rentable y la desincentiva, por lo que hace que la economía se contraiga. La segunda fuente podría ser privatizar, ya que ingresa dinero por el bien público vendido, pero también se pierde soberanía y poder de manejo. En tercer lugar tenemos la venta de servicios de alguna entidad pública que haga llegar el gas, la electricidad o el agua a las viviendas y cobre por eso. El cuarto origen posible de los ingresos es la emisión monetaria (imprimir dinero): esto solo puede hacerlo el Banco Central y si lo hace por encima de lo que la gente demanda, el valor de ese bien cae, como pasa con cualquier activo. Por último, existe la alternativa de endeudarnos. Eso no está mal, pero hay que saber cómo financiar el pago de la deuda a futuro.

5 Quiero versus puedo. Muchas veces no podemos decidir si un gasto es adecuado o no y debemos adaptarnos a las circunstancias. Si se rompe el lavarropas, el gasto para repararlo o comprar otro será la respuesta a una necesidad del momento. Con las cuentas públicas pasa algo similar. Hay gastos que la sociedad elige y otros que la coyuntura lleva a hacer, como abultar los gastos en asignaciones y pensiones. Por esa razón, a la hora de analizar los gastos que queremos que el Estado ejecute para poder beneficiarnos de ellos, tenemos que tener en cuenta el punto anterior (los ingresos) y entender qué combinación es la menos dañina, porque todas tendrán influencia en nuestra economía cotidiana

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