Economistas advierten por el impacto en la credibilidad del Indec tras la decisión del Gobierno de postergar el nuevo índice de inflación
Dicen que el efecto numérico habría sido acotado, pero alertan por el costo reputacional y la señal que se envía a los mercados y organismos internacionales
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Después de que se conociera que el Indec finalmente no aplicará la nueva fórmula para medir la inflación y que continuará utilizando la metodología vigente —lo que provocó la salida de Marco Lavagna—, distintos economistas cuestionaron la decisión del Gobierno, principalmente por el impacto que tiene en la credibilidad del organismo estadístico. Al mismo tiempo, coincidieron en que la diferencia entre ambas mediciones habría sido acotada y, en términos numéricos, poco significativa.
“Más allá de la justificación que se dio, la actualización del IPC se debería haber hecho igual. Sobre todo, porque era algo que ya se había anunciado y que se venía postergando desde hace mucho tiempo. El FMI también lo venía reclamando en sus revisiones. No fue algo prolijo”, consideró Alejandro Giacoia, economista de Econviews.
Según explicó, de acuerdo con la reconstrucción que realizaron en la consultora, la diferencia entre ambas canastas en 2025 habría sido mínima: 31,5% con la encuesta de hogares de 2004 frente a 32,6% con la de 2017. “Dicho eso, con los nuevos ponderadores, cuanto más suban los servicios, más alta va a dar la inflación en comparación con la canasta actual, como ocurrió en 2024. Si hay ajustes de tarifas por delante, podría dar alguna décima o algún punto más”, agregó.
En una línea similar, Lucio Garay Méndez, economista de Eco Go, señaló que si bien los servicios regulados —que tienen aumentos pautados— ganarían peso en el índice con el cambio metodológico, la diferencia final en el dato de inflación sería “despreciable”. Sin embargo, remarcó que ese eventual mayor registro “para nada compensa la pérdida de credibilidad y reputación que le está costando al Gobierno la postergación del cambio”.
“Cuando este mismo gobierno anunció la actualización de los ponderadores, defendió la medida y aclaró que no respondía a una manipulación discrecional, sino a reflejar los cambios en los patrones de consumo. Por eso sorprende, para mal, la decisión de postergarla”, añadió.
“Después de haber anunciado que iban a sacar una nueva canasta de medición del Indec, que ahora el Gobierno diera marcha atrás es, como mínimo, desprolijo. Eso no gusta al mercado y afecta a los bonos CER [ajustan por inflación]”, explicó el analista financiero Christian Buteler.
Para Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres y Asociados, el cambio de metodología no debería sesgar la medición en el mediano plazo. “Sea cual sea la metodología, a la larga va a mostrar la misma inflación. Eso no significa que no pueda haber diferencias en el corto plazo, por ejemplo, entre un mes y otro cuando se produce el cambio”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que una alternativa razonable habría sido publicar ambos indicadores en paralelo. “La mejor opción en estos casos es publicar los dos valores. Los ingredientes son los mismos, solo cambian las ponderaciones”, afirmó.
“El costo-beneficio es ridículo, se gana cero y se pierde bastante”, dijo un economista afín al Gobierno que pidió anonimato.
Desde otras consultoras privadas también coincidieron en que el impacto numérico del cambio habría sido marginal. En C&T Asesores Económicos estimaron que el 2,4% de inflación de enero calculado con la metodología actual habría sido levemente menor —alrededor de 2,3%— con la nueva. “La diferencia es de una décima y podría haber sido para un lado o para el otro”, señalaron, y agregaron que el propio Gobierno reconoció que con la nueva metodología los registros de diciembre y enero habrían sido algo más bajos.
En Equilibra, en tanto, calcularon una inflación similar con ambas metodologías, cercana al 2,2%, e incluso levemente inferior con la nueva canasta. “La diferencia es muy chica, menor a 0,1 punto porcentual”, cerraron.
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