
El apoyo de la familia y la soledad del mando
El ejecutivo comenzó su carrera profesional en Alpargatas
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Agustín García Mansilla tiene 44 años. Poco amigo de la alta exposición, ha cultivado una política de bajo perfil que parecería querer cambiar poco a poco. Visitar su oficina es codearse con la historia del siglo XIX. En plena City porteña, antiguo corazón del centro elegante de Buenos Aires, una señorial casona de 1870, que perteneció al fundador del grupo, Otto Peter Bemberg, hoy es la sede de las oficinas de los principales ejecutivos del holding.
Con apenas 22 años, García Mansilla se recibió de ingeniero industrial en la UBA. Por entonces trabajaba como becario en Alpargatas, empresa que lo retuvo durante once años y en la que llegó a gerente de Marketing de la línea Topper.
Su incorporación al Grupo Bemberg data de 1989, cuando lo convocan desde la Compañía Argentina de Levaduras (Calsa). En mayo de 1996 asumió como gerente general de Quilmes Industrial SA (Quinsa) y un año y medio más tarde pasó a ocupar la posición de director ejecutivo de la compañía. Hoy maneja los destinos de una empresa que anualmente factura más de US$ 1100 millones y emplea a 5500 personas.
Todas las mañanas, García Mansilla lleva a sus hijos al colegio antes de ir a la oficina, y los fines de semana le gusta recibir gente en su casa y compartir asados con los amigos. "Me gusta estar en casa con mi esposa y mis cinco hijos. Soy lo que se llama un tipo familiero. Para mí la familia es lo primero."
Cuando se refiere a las características de la posición que ocupa, sostiene que "el desafío es permanente, pero tal vez lo más complejo es la soledad del mando cuando hay que tomar grandes decisiones. El resto lo implementan, al pie de la letra, los operadores de lujo que tenemos en la compañía".





