
El duro oficio de estar empleado en negro
La ausencia de beneficios sociales y el casi nulo acceso al crédito son los principales escollos que deben superar a diario
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Jubilarse a la edad prevista, tener cobertura médica, cobrar salario familiar o vacaciones, comprar un electrodoméstico o un par de zapatillas en cuotas o tener un descuento especial por comprar con una tarjeta de crédito determinada.
Ninguna de estas cosas están a mano para un trabajador que está fuera del sistema, es decir, un empleado en negro. Todos los días y por las más variadas situaciones, se encontrarán con innumerables barreras, que o bien les impedirán o les encarecerán el acceso a un bien. Eso sin contar la falta de seguridad social y de aportes para una futura jubilación.
Siempre con el compromiso de reservar su nombre -"mirá si por hablar con ustedes pierdo el único trabajo que tengo", dijo uno de los consultados-, LA NACION dialogó con tres empleados que trabajan en negro: un obrero de la construcción, un técnico en computadoras que recorre domicilios y oficinas arreglando PC y un plomero.
Héctor (36) trabaja desde hace seis años en la construcción. Antes había trabajado en una fábrica de zapatillas. "Era encargado del depósito y la verdad es que estaba muy bien. Trabajé 10 años en esa fábrica, hasta que cerró y empecé a trabajar de albañil. Ahora no me quejo porque gano bien, pero extraño otras cosas", confiesa.
Hace un año y medio, tuvo que operarse y dejó de trabajar un mes y medio. "Esas cosas son tremendas. Me acuerdo de que a lo último no tenía un peso. Si no laburo, no cobro. Eso sí que se extraña. Además, antes tenía una obra social y ahora me tengo que arreglar con los hospitales", agrega.
En su relato, siempre pausado, reconoce que no hay muchas actividades en las que podría ganar más de lo que cobra en la construcción, donde, siempre según sus dichos, llega a cobrar 1300 pesos por mes.
"Lo que pasa es que te limita con otras cosas. No tengo tarjeta de crédito y ni siquiera les puedo comprar un par de zapatillas en cuotas a los chicos porque no tengo recibos de sueldo. Todo es con la plata en la mano, de financiar algo, ni hablar", sostiene, con cierta bronca.
Adrián E., dedicado a reparar computadoras, dice que tiene mucho trabajo y que sus ingresos, si bien varían, están por encima de los 2500 pesos por mes. "No quiero estar en blanco porque no me sirve para nada", se sinceró.
Pero más allá del latiguillo, inmediatamente después este joven de 26 años reconoce que es verdad que está al margen de varios beneficios. "A veces voy al cine y veo que el que está al lado mío paga con tarjeta de crédito o de débito y le cobran la mitad. La verdad es que eso me molesta bastante", cuenta.
Menos beneficios
Justamente, la imposibilidad de acceso a las tarjetas de crédito es uno de los principales escollos que quienes no están contratados en blanco no pueden sobrepasar. Esa puerta cerrada les impide, además de financiarse, acceder a los descuentos especiales que ofrecen las compañías, a las promociones o a los sistemas de fidelización con los que las empresas premian a sus clientes por acumulación de beneficios.
"Una vez, cuando me vinieron a colocar la conexión de Internet me terminé peleando con el instalador porque no me quería dar un descuento que sí les hacían a quienes pagaban con débito automático", recuerda.
La falta de operación con el sistema bancario tiene otra dificultad que llega una vez al mes: es imposible adherir a los débitos automáticos de distintos servicios.
Esta es la primera dificultad que se le vino a la mente a Horacio L., un plomero que trabaja para una empresa dedicada a arreglos domiciliarios. "Todos los meses tengo que hacer cola en algún lado para pagar todo, desde el cable hasta el seguro del auto. A veces tengo que recorrer varias ventanillas", se lamenta.
"La verdad es que es complicado estar con todo el sueldo en negro. Para todo me piden el número de CUIL, y cuando les digo que no tengo ya me miran como si fuese un desempleado que no tiene ingresos", sostiene. También él repara en las dificultades de no poder pagar en cuotas o no poder pedir un crédito en el banco.
Por ahora parece estar lejos de sus preocupaciones diarias la falta de aportes que podrían derivar en una vejez sin jubilación. "Para lo que cobran los jubilados prefiero guardar algo y hacerme mi propio ingreso", dice Adrián. "Veré qué hago. Por ahora tengo que vivir", remata Héctor.
Pero más allá de la incertidumbre por el futuro, quienes trabajan en negro tropiezan a diario con dificultades que, por ahora, les molestan más que tener una vejez con una jubilación.





