El FMI rebajó su proyección sobre el superávit primario y estableció una nueva meta de acumulación de reservas
El staff del organismo prevé un saldo primario positivo de 1,4% del PBI y una recomposición de divisas de hasta US$8000 millones este año; la estrategia para conseguir un “acceso al mercado oportuno y sostenible”
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El nuevo entendimiento técnico entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) introdujo cambios en el programa económico para 2026. A la espera de la aprobación del Directorio que dé luz verde a un desembolso de US$1000 millones, el staff del organismo delineó un esquema con menor exigencia fiscal, estableció una meta de acumulación de reservas más flexible y un rol más explícito del financiamiento externo como sostén de la estabilización.
El objetivo sería acumular unos US$3500 millones hacia junio y US$8000 millones para fin de año, según dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, a LA NACION, en un esquema que combina compras de divisas con financiamiento externo. El número implicaría una flexibilización respecto de la trayectoria prevista en la revisión anterior del acuerdo, que se había realizado en agosto de 2025, antes del impacto de las elecciones de octubre y del shock internacional derivado de la guerra en Medio Oriente.
En ese esquema, el propio FMI proyectaba -no la meta propuesta, que no estaba indicada para fines de año en la primera revisión- que las reservas netas pasarían de alrededor de -US$2600 millones a fines de 2025 a unos US$8400 millones positivos en 2026, lo que suponía una acumulación cercana a los US$11.000 millones. El cambio se da en un contexto en el que el programa ya venía desfasado. Según la metodología acordada con el organismo, las reservas netas cerraron 2025 en torno a -US$14.100 millones, frente a una meta revisada de -US$1000 millones, lo que implicó un incumplimiento superior a US$13.000 millones, incluso después de que el FMI hubiera flexibilizado ese objetivo en unos US$6500 millones.
Si bien el Banco Central (BCRA) logró sostener un ritmo elevado de compras de divisas en el inicio del año, esas adquisiciones no se tradujeron en una mejora equivalente del stock de reservas. Según la consultora Invecq, la autoridad monetaria compró más de US$5400 millones en lo que va de 2026, pero las reservas brutas crecieron apenas US$2326 millones en ese período y las netas incluso retrocedieron, afectadas por pagos de deuda y transferencias al Tesoro para el mismo fin.
Ese comportamiento refleja una dinámica que aparece en el centro de la discusión: la economía genera divisas a partir del impulso exportador del agro y Vaca Muerta, pero la autoridad monetaria no logra retenerlas. Parte de los dólares que ingresan se utilizan para atender compromisos financieros o sostener la transición del esquema cambiario, lo que limita la capacidad de acumular reservas de manera sostenida.

El propio comunicado del FMI refuerza esa lectura al señalar que las reservas netas “aumentarían al menos US$8000 millones en 2026”, al tiempo que menciona compras de divisas del Banco Central (BCRA) por unos US$10.000 millones. La diferencia entre ambos números refleja que no todo el flujo de dólares se traduce en acumulación neta.
Ese desfasaje también explica por qué el organismo incorporó de manera más explícita el rol del financiamiento. El nuevo esquema menciona una estrategia que incluye emisión de deuda en dólares bajo legislación local, ventas de activos, repos del BCRA y préstamos externos, potencialmente respaldados por organismos internacionales. En la práctica, esto implica que la recomposición de reservas no dependerá solo del superávit comercial, sino también del acceso a distintas fuentes de crédito.
“La meta de reservas se había vuelto totalmente inalcanzable y la llevan a algo exigente, pero alcanzable”, explicó Gabriel Caamaño, economista de Outlier. “El tema de reservas y financiamiento es central, sobre todo por los pagos que tiene la Argentina en los próximos años y la postergación de la vuelta al mercado internacional”, agregó.
La proyección fiscal
En paralelo, el acuerdo también ajusta la trayectoria fiscal. Mientras que en la revisión anterior el FMI proyectaba un superávit primario de 2,2% del PBI para 2026, el nuevo entendimiento lo ubica en torno al 1,4%, un poco por debajo del 1,5% que había puesto el Gobierno en el Presupuesto 2026.
La corrección implica una moderación en la velocidad del ajuste, en un contexto de menor dinamismo de la recaudación y recuperación económica todavía heterogénea. “La meta fiscal la alinean con las proyecciones del Presupuesto”, señaló Caamaño. “El staff report es algo que se negocia entre el Fondo y el Gobierno, y se pusieron de acuerdo con ese sendero”, agregó.
Desde una mirada más macro, Claudio Caprarulo, director de Analytica, consideró que el nuevo escenario luce más consistente con la dinámica reciente. “En la última revisión estaba previsto un 2,2% de superávit primario y el Gobierno había planteado 1,5% en el Presupuesto. Las proyecciones actuales parecen más realistas”, sostuvo.
El contexto también ayuda a explicar los cambios en las proyecciones. En su último informe de perspectivas, el FMI recortó la previsión de crecimiento de la Argentina para 2026 al 3,5% y elevó la de inflación al 30,4%, en un escenario afectado por el menor dinamismo de la actividad en la segunda mitad de 2025 y el impacto global de la guerra en Medio Oriente sobre los precios de la energía.
En paralelo, el Gobierno decidió no volver a los mercados internacionales entre fines de 2025 y comienzos de 2026, pese a algunas ventanas de oportunidad, al considerar que el nivel de riesgo país implicaba convalidar tasas elevadas que no reflejan los fundamentos de la economía.
Esa decisión refuerza la necesidad de recurrir a otras fuentes de financiamiento para sostener la acumulación de reservas. Actualmente, la Argentina sigue siendo el principal deudor del FMI. La deuda pendiente asciende a US$56.900 millones, equivalentes a unos 41.789 millones de DEG, lo que representa cerca del 35% de la cartera total del organismo.
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