El impuesto inflacionario
Por Nicolás Salvatore Especial para lanacion.com
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Según Buenos Aires City (UBA), la inflación está actualmente creciendo a un ritmo superior al 35% anual, espiralizándose y exhibiendo ya todos los rasgos propios de un cambio de régimen inflacionario. Nos espera una era de alta inflación, en la que la tasa de inflación se ubicará, probablemente, entre un piso de 30% anual y un techo indeterminado, aunque acotado superiormente.
En este contexto, la actual política fiscal es exactamente lo que desaconseja la biblioteca. Mientas el Gobierno pretende, con la mano izquierda, seguir expandiendo el gasto público a un exorbitante ritmo de 30% anual, con la mano derecha lleva adelante un fenomenal ajuste fiscal vía impuesto inflacionario, el impuesto más regresivo de todos.
Peor aún, esta inflación está siendo liderada por alimentos. Dado que los más pobres tienen una propensión marginal a consumir igual al 100% de su ingreso (ausencia de ahorro) y, además, la casi totalidad de su consumo se traduce en demanda de alimentos, este impuesto inflacionario es doblemente regresivo. Excepto para el Gobierno, que pretende ver aquí una política progresista.
Atónitos, asistimos a la retórica de épica progresista oficial. El Gobierno sería responsable, solamente, por la asignación universal por hijo, el plan Argentina Trabaja, y los aumentos de 20% de las jubilaciones, mientras que los responsables de la inflación serían los "grupos económicos concentrados". Es decir, los beneficios son propios, los costos son ajenos. Puro cinismo, rayano en lo pueril.
Luego de siete años de gobierno, el mercado de trabajo está segmentado en dos grandes divisiones. El Grupo A está compuesto por los trabajadores del sector privado formal con poder de negociación salarial (por convenio colectivo), mientras que el Grupo B está conformado por: desocupados, cuentapropistas, trabajadores informales, marginales y trabajadores formales sin poder de negociación.
En forma estilizada, y siguiendo la teoría de la Curva de Salarios, el Grupo A consigue aumentar su salario nominal en paritarias salariales, al menos, al ritmo de la inflación, manteniendo constante su salario real, ante la pasividad de los empresarios, que trasladan los mayores costos salariales a precios, y bajo la atenta mirada del Gobierno.
En cambio el Grupo B, con muy escaso poder de negociación, ve dramáticamente reducido su ingreso real debido a la inflación elevada, e impulsará, en algún momento indeterminado de 2010, a la demanda agregada y al PBI a desacelerarse y luego caer (aumentando del desempleo), configurando en consecuencia un escenario de bajo crecimiento o estancamiento con elevada inflación o, simplemente, estanflación.
Dicho en otros términos: más allá de otras causas que impulsan la inflación actual, en el Grupo A del mercado de trabajo empresarios y sindicalistas aceleran la inflación vía impulso desde la oferta, generando, ya en el corto plazo, un impuesto inflacionario pagado por el Grupo B y, más hacia el mediano plazo, un aumento del desempleo que engrosa ese Grupo.
Este proceso ha sido descripto a lo largo de la historia de diferentes maneras, según la orientación ideológica del autor. Karl Marx lo denominó "formación del ejercito industrial de reserva" (Grupo B); Kirchner lo bautizó, en cambio, de un modo muy ocurrente: "distribución del ingreso".
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