El legado de Julio Olivera, a 90 años de su nacimiento

Javier Finkman
Javier Finkman PARA LA NACION
La huella del economista en nuestro país es fundacional y profunda; un libro en su homenaje recopila artículos de varios profesionales que se refieren a sus pensamientos
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17 de marzo de 2019  

En una excelente iniciativa, Victor Beker y Guillermo Escudé decidieron editar un libro de homenaje al profesor Julio Olivera. La marca de Olivera en la economía argentina es fundante y profunda. Sería difícil que un economista formado aquí tenga un grado de separación con Olivera mayor a dos, y estoy siendo tacaño. El que no estudió directamente con él, seguramente lo hizo con uno o más profesores que sí compartieron claustros con él. Sus ideas influyeron en todos los grandes economistas argentinos.

Teoría y Política Económica: Ensayos en Honor a Julio Olivera (Eudeba) es una compilación de memorias personales y artículos: algunos se ocupan de temas directamente "estructuralistas" (la denominación técnica de la corriente de Olivera) y otros usan enfoques en el espíritu de Olivera.

Mi primer contacto con su obra fue la lectura de la desgrabación de sus clases de Dinero, Crédito y Bancos que está atesorada en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Olivera es el padre fundador de la hipótesis de la inflación estructural. En uno de los artículos del libro, Saúl Keifman se propone mostrar su relevancia y actualidad. Se necesitan dos condiciones para que exista inflación estructural: los precios tienen que ser inflexibles a la baja y el dinero se tiene que ajustar en forma pasiva. Cuando eso ocurre, el cambio de precios relativos que resulta de perturbaciones reales genera inflación. A diferencia de las inflaciones monetaristas, no resulta de un exceso de demanda y a diferencia de la inflación de costos no resulta de un aumento general de salarios.

Crédito: Javier Joaquín

La inflación estructural depende de dos cuestiones esenciales. El grado de competencia e imperfecciones de mercado especialmente en manufacturas y servicios, y la baja movilidad de factores. Casi resumiendo uno podría decir que a mercados más flexibles y competitivos, menor es la posibilidad de inflación estructural.

Explica Keifman que "Olivera conjetura, entonces, que el peligro de inflación estructural es mínimo en sociedades preindustriales, por el predominio de la agricultura; y en sistemas industriales plenamente desarrollados, por la alta movilidad factorial. (...) La conclusión es que el riesgo de inflación estructural es máximo en la etapa intermedia del proceso de desarrollo": nuestro estado actual.

Por supuesto que la explicación más popular de la inflación es la hipótesis monetarista que, en su versión televisiva, se repite una y otra vez como "la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario". Por lo tanto, la forma de combatir la inflación es imprimir menos pesos.

La hipótesis en su versión técnica es más compleja e incluye varias ideas: el nivel de precios es un fenómeno monetario y, por tanto, su trayectoria depende de las instituciones que determinan la creación de dinero; además, el sistema de precios funciona adecuadamente para suavizar el ciclo económico, siempre que el Banco Central implemente una regla que da lugar a un ancla nominal estable y que permita que las fuerzas de mercado definan las variables reales.

La versión popular -muchos pesos detrás de pocos bienes- no es lo mismo que la versión técnica. La última requiere mercados e instituciones que funcionen en forma aceitada. Difícilmente la divulgación de la economía en tiempos de Instagram permita hacer las distinciones precisas de todo lo que conlleva una economía de mercado que funcione en forma adecuada.

Contra la intuición sencilla del monetarismo tiene que competir la explicación compleja de la inflación estructural. Hay que aclarar dos cosas importantes. La explicación estructural no es alternativa a la monetarista sino complementaria. No la niega, la enriquece. El propio Olivera insistió muchas veces que aun cuando la naturaleza de la inflación sea un desajuste de precios relativos, la solución tiene que incluir a la política monetaria, necesaria y no suficiente.

Guillermo Calvo presenta un artículo que resume varios temas de su libro Macroeconomics in Times of Liquidity Crises. Respecto de la inflación en economías emergentes, Calvo se enrola entre los que postulan la explicación de la falta de credibilidad de la política antiinflacionaria: "Los precios suben demasiado porque el público espera que la política antiinflacionaria va a ser abandonada en un futuro no muy lejano".

El artículo de Calvo también resume algunos de sus temas favoritos: liquidez y parada brusca ( sudden stop) del crédito, fenómenos relevantes tanto en economías emergentes como desarrolladas. En la Argentina tenemos mucha experiencia con las reversiones bruscas en los flujos de capitales, desde la crisis del Tequila hasta las corridas cambiarias recientes. Calvo asocia los problemas crediticios a la destrucción de liquidez, situaciones en las cuales la economía salta al equilibrio "malo". ¿Cómo se soluciona? Con un prestamista de última instancia que proteja el valor del colateral de la economía. En el caso de la crisis financiera global, el rescate es más complicado que simplemente inflar la economía. Algunos de los activos líquidos que rápidamente dejan de serlo pueden estar fuera del sistema bancario poniendo límites a la efectividad de la política.

El artículo de Beker se ocupa de la teoría de catástrofes y sus aplicaciones en economía donde, argumenta, hay poca o ninguna evidencia "de una dinámica lineal o de una convergencia duradera hacia estados estacionarios o ciclos regulares". Y, aunque predomina el enfoque lineal, hay que estudiar sistemas caóticos, postula Beker, que puedan guiarnos en períodos inestables como la crisis financiera de 2007-2008.

Una vez que se acepta la no linealidad, explica Beker, aparecen la retroalimentación positiva o los rendimientos crecientes; y de ahí los equilibrios múltiples. Los resultados no siempre son óptimos. Uno de los ejemplos favoritos es la disposición del teclado de la máquina de escribir que es subóptimo y, sin embargo, continuamos usando.

Hablando de pocos grados de separación, recuerdo que el profesor Fernández-Pol dictó una clase especial sobre teoría de catástrofes aplicada a la economía en honor al profesor Toranzos a la que asistí. Fernández-Pol contribuyó con un artículo sobre las leyes económicas a este volumen homenaje a Olivera. Además, hay contribuciones de Chisari y Mercatante (estabilidad de modelos de dinero pasivo), Montuschi (progreso social), Escudé (ampliando el modelo económico tradicional a nociones de otras ciencias sociales), Lindenboim (trampas del crecimiento argentino) y Palmisano y Teubal (primarización de la economía argentina), en un volumen imprescindible para quien quiera entender mejor las ideas de uno de los economistas más relevantes que tuvo la Argentina.

El autor es economista

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