El miedo de los humanos a perder hace que se arriesgue menos

El cerebro está preparado para tener aversión a la pérdida, algo que se torna muy potente a la hora de tomar una decisión
Andy Freire
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18 de mayo de 2015  

Hace ya varios años que la neurociencia se ha transformado en el conjunto de las disciplinas científicas que más interés despierta en la sociedad. Y es lógico, la humanidad ha vivido la mayor parte de su historia sin tener certezas sobre cómo funcionaba su cerebro. Aquel órgano que nos hace ser quienes somos y gracias al que hemos evolucionado como especie, paradójicamente, nos era indescifrable. Pero la ciencia parece haber traspasado su propio Rubicón y en dos décadas ha logrado aproximar innumerables respuestas sobre cómo funcionamos nosotros mismos.

En ese marco, toda una serie de estudios se han enfocado en tratar de entender cómo nuestro cerebro toma sus decisiones económicas y financieras. La "neuroeconomía" (que tiene entre sus principales referentes a Daniel Kahneman, un psicólogo que por sus aportes al respecto ganó el premio Nobel de Economía en 2002) es el resultado de ese proceso. ¿Y qué nos dice esta rama de la neurociencia sobre la manera en la que administramos nuestras finanzas? Muchas cosas, pero una de las más importantes es que tenemos una predisposición a privilegiar la apuesta por lo seguro frente a la incertidumbre.

Nuestro cerebro está programado para tener una aversión a la pérdida que es más potente a la hora de influir nuestras decisiones, que la gratificación o recompensa que percibe frente a una ganancia. O sea, que tendemos a tener una "programación" conservadora que en ocasiones puede atentar contra la toma de decisiones económicas beneficiosas, por más que la elección a tomar sea por demás evidente.

En ese sentido, un académico de la Universidad de Stanford, Baba Shiv, realizó una interesante experiencia. En ella se comparaban el comportamiento de sujetos con lesiones en áreas cerebrales que intervienen en los procesos de generación de la aversión a la perdida (amígdala e ínsula) y otros que no sufrían de ellas. A cada uno de los sujetos se les daban 20 dólares y 20 posibilidades de inversión. O sea, que tenían 1 dólar para cada una de las posibilidades. Si decidían no invertir, se quedaban con el dólar y esperaban el siguiente turno. Pero si decidían invertir, se les retenía el dólar y se lanzaba una moneda al aire. Si salía cara, perdían la plata; si salía ceca, ganaban 2,5 dólares.

Los sujetos que no invertían nunca, como era lógico, se llevaban 20 dólares al final, pero los que invertían siempre se llevaban en promedio 25 dólares. Era claro, entonces, que convenía invertir en todas las rondas. ¿Cuál fue el resultado? Las personas sin lesiones cerebrales invirtieron en promedio un 57,6% de las veces, mientras que los que tenían lesiones lo hicieron un 83,7%. Las personas que tenían inhibido el miedo natural a la pérdida terminaron ganando más.

A veces nuestro cerebro –que fue "programado" para sobrevivir en un entorno mucho más hostil en términos de recursos del que le toca enfrentar hoy–, nos juega estas pasadas porque "valora" más tener algo antes que siquiera evaluar la posibilidad de perderlo. Por eso, si deseamos aprender a ganar, debemos tomar conciencia que primero, debemos superar el miedo a perder.

87%

temerarios

Es el porcentaje de personas con lesiones cerebrales que arriesgaron en un juego. Solo 57,6% de los sanos arriesgaron en idéntico juego.

El autor es presidente de la Fundación Argentina Emprendedora. Su último libro es Libre, el camino emprendedor como filosofía de vida (Aguilar, 2014)

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