El Nobel de Economía Milton Friedman no está de acuerdo con la teoría que popularizó Fukuyama y afirma que nunca habrá un fin de la historia
Sostiene que los mercados totalmente libres existen cuando las transacciones sólo afectan a quienes intervienen en ellas
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Milton Friedman, de 93 años, recibió el premio Nobel de Economía en 1976. Sus ideas monetarias y de laissez-faire han sido profundamente influyentes en las últimas décadas para figuras políticas importantes, desde Margaret Thatcher hasta Ronald Reagan. Habló con el editor de Nobel Laureates Plus, Nathan Gardels, en su departamento de San Francisco en la cima de una colina, con vista panorámica a la bahía de San Francisco y el puente Golden Gate.
-Ha visto muchas cosas en su larga vida y pensado en las grandes cuestiones. ¿Qué es lo que le pasa por la mente en estos tiempos?
-El gran interrogante es si Estados Unidos tendrá éxito en su intento de remodelar Medio Oriente. No me resulta claro que el uso de la fuerza militar sea la manera de hacerlo. No debimos invadir Irak. Pero lo hemos hecho. En este momento el asunto más urgente por tanto es asegurarnos de que el esfuerzo se complete de modo satisfactorio.
No hay duda que el prestigio de EE.UU. en el mundo -debido en gran parte a la atracción la promoción de nuestras libertades liberales- se ha visto erosionado como resultado de Irak. Sin embargo, si Irak emerge finalmente como un país autogobernado que no es una amenaza para nadie, eso tendrá un efecto favorable en Medio Oriente en general. El resultado final podría ser entonces que aumentara el prestigio de EE.UU. Pero esa no es la situación ahora. El efecto hasta ahora ha sido en sentido contrario.
-La llamada "vieja Europa" de Francia, Alemania e Italia ha estado estancada con altos niveles de desempleo. Alemania -uno de los últimos bastiones del Estado de bienestar keynesiano surgido de la posguerra- ahora tiene una líder conservadora, Angela Merkel. ¿Qué debe hacerse para que se recupere Alemania y, por extensión, la vieja Europa?
-Todos deberían imitar a Margaret Thatcher y Ronald Reagan; en síntesis, libre mercado. El problema de Alemania en parte es que entró en el euro con un tipo de cambio equivocado que sobrevaluó el marco alemán. Por lo que hay una situación en la zona del euro en la que Irlanda tiene inflación y expansión acelerada mientras que Alemania y Francia se han trabado y tuvieron dificultades para adaptarse. El euro va a ser una gran fuente de problemas, no de ayuda. El euro no tiene precedente. Hasta donde yo sé, nunca existió una unión monetaria, emitir una moneda de referencia, compuesta de estados independientes. Ha habido uniones basadas en oro o plata, pero no en dinero emitido -dinero que genera la tentación de la inflación- por entes políticamente independientes. En este momento, Alemania no puede salir del euro, por supuesto. Lo que tiene que hacer, por tanto, es hacer más flexible la economía: eliminar las restricciones a los precios, los salarios y el empleo; en síntesis, las normas que hacen que el diez por ciento de la fuerza laboral alemana esté desocupada. Esto es mucho más urgente de lo que sería si Alemania no estuviera en el euro.
Este conjunto de políticas liberaría el potencial alemán. Al fin de cuentas, Alemania tiene una fuerza laboral muy capaz y productiva. Tienen productos de alta calidad que son valorados en todo el mundo. Tiene todas las posibilidades de ser un Estado productivo en crecimiento. Simplemente tiene que dar una oportunidad a los empresarios. En vez de ello, lo que se tiene como resultado de políticas pasadas es que los empresarios alemanes salen de Alemania para muchas de sus actividades. Están invirtiendo en el extranjero en vez de localmente porque no hay apertura, fluidez y oportunidad como la que encuentran fuera de sus fronteras.
-El primer ministro Tony Blair sostiene que hay una tercera vía; por ejemplo, mercados laborales flexibles sin contratos que permiten tomar y despedir personal al estilo de Estados Unidos. Dice que esto es más adecuado al "modelo social europeo" con su preocupación que perdura por la justicia social. ¿Hay un camino intermedio, o debe ser todo o nada?
-No creo que haya una tercera vía. Pero es cierto que un mercado competitivo no es toda la sociedad. Mucho depende de las cualidades de la población y la nación, respecto de cómo organizan los aspectos de la sociedad ajenos al mercado.
-Quizá los países escandinavos sean un modelo al cual mirar Son economías de altos impuestos, pero también de alto empleo. Y han liberalizado sus mercados laborales mucho más que Italia, Francia o Alemania.
-Si bien no es tan cierto ahora como era antes con el influjo de la inmigración, los países escandinavos tienen una población muy pequeña y homogénea. Eso les permite hacer cosas que de otro modo no podrían. Lo que funciona para Suecia no funcionaría para Francia o Alemania o Italia. En un Estado pequeño se puede ir al exterior para muchas actividades. En una cultura homogénea están dispuestos a pagar impuestos más altos para lograr objetivos comunes. Pero es más difícil encontrar "objetivos comunes" en poblaciones mayores y más heterogéneas. La gran virtud de un libre mercado es que permite a gente que se odia o que tiene orígenes étnicos muy diferentes cooperar económicamente. La intervención del Estado no puede lograr eso. La política exacerba y magnifica las diferencias.
-La tasa de inflación en EE.UU. y a nivel global está en un punto históricamente bajo, incluso a pesar de que los precios del petróleo están por las nubes. ¿Por qué?
-La inflación es un fenómeno monetario. Es producida o detenida por el banco central. No ha habido ningún período similar en la historia como los últimos 15 años en los que se haya habido poca fluctuación en los niveles de precios. No importa qué más suceda; esto se sostendrá mientras la Reserva Federal de EE.UU. mantenga una política monetaria estricta y control de la oferta monetaria. Lo mismo vale para Europa. El Banco Central Europeo ha contenido la tasa de crecimiento monetario. Por lo que ha habido precios estables. Las presiones en Europa, sin embargo, serán mucho más fuertes que en los EE.UU. La principal presión es para que se emita dinero y haya una política más expansiva para promover el empleo.
Lo que el BCE haga dependerá en realidad de si Alemania y Francia e Italia lo respaldan. Italia bien podría ser el principal problema. Es el país que más se ha beneficiado por el euro al poder tener los tipos de interés del euro en vez de lo que hubiesen sido las suyas propias. Serían mucho más altas porque Italia ha estado acumulando tanta deuda. En el pasado, Italia ha liquidado su deuda con inflación. La virtud del euro es que Italia no puede hacerlo por sí sola. Una política ajustada del BCE no permitiría que eso volviera a suceder.
En este sentido, el euro es bueno para Europa, pero sólo si hay flexibilidad en general. El problema es que, en un mundo de tipos de cambio flotantes, como lo era Italia antes del euro, si un país está sometido a un shock que requiere que reduzca los salarios, no puede hacerlo con un tipo moderno de sistema de control y regulación. Es más fácil hacerlo dejando que cambie el tipo de cambio. Tiene que cambiar un solo precio en vez de muchos. Pero ahora, en el euro, esa opción ha sido eliminada. La única alternativa si un estado tiene que adaptarse a un shock es permitir que varíen los precios internos. Tiene que dejar que bajen los salarios si fuera necesario. Tiene que permitir que los tipos de cambio internos suban si es necesario.
-La deuda del Tesoro de EE.UU. está principalmente en manos de China, Japón y Corea del Sur. ¿El inmenso déficit de balanza externa de pagos es un problema para EE.UU. y la economía mundial?
-No lo creo. Puede ser un espejismo estadístico. Si se mira el balance, Estados Unidos está muy endeudado. Si se mira la cuenta de los ingresos -la cantidad de intereses que EE.UU. paga en el extranjero- es casi exactamente igual al monto de intereses que recibe del extranjero. Los activos estadounidenses en el extranjero obtienen mayor tasa de ganancia que los activos externos que se tienen aquí. Eso es comprensible porque lo que es más atractivo de EE.UU. para gente y países con riquezas es que puede dar seguridad, un seguro en realidad, contra la inestabilidad política. Nadie teme que el dinero que coloca en EE.UU. esté en riesgo de expropiación o de que se lo quiten de alguna manera. A cambio de esta seguridad, los poseedores de riqueza del mundo están dispuestos a aceptar una tasa de ganancias menor. En cambio los activos de EE.UU. en el extranjero son más riesgosos y por tanto tienen un rinde más alto. Esto explica por qué en términos reales hay un equilibrio aproximadamente. Parece que las preocupaciones por el desequilibrio son engañosas. No me preocupa para nada que China y Japón tengan tanta deuda de EE.UU. En un sentido parece tonto que lo hagan porque reciben menos ganancias que las que podrían obtener en otro lado. Pero eso es asunto suyo.
-¿Le preocupa el gran déficit fiscal de EE.UU.?
-Para nada. Lo que me preocupa es el gasto que lo produjo. Si el gobierno de EE.UU. gasta 40 por ciento de los ingresos de la nación, como lo hace a través de la obtención de crédito o los impuestos, ese dinero no está disponible para que la gente lo gaste. El déficit es un método indirecto de gravamen. Por supuesto que los políticos prefieren tomar préstamos en vez de cobrar impuestos porque entonces es otro el que tiene que hacerse cargo de las consecuencias más adelante. Por el momento el gran déficit tiene el efecto positivo de contener el gasto. En ese sentido es bueno. Pero no es bueno si es producido por más gasto.
-Incluso en Estados Unidos con su libre mercado, el presidente Bush en su momento de mayor poder no pudo convencer al público estadounidense de ir hacia la privatización de la seguridad social.
-No hay duda de que esta cuestión del envejecimiento pondrá a prueba el argumento de la eficiencia del mercado versus la exigencia política de la intervención estatal.
-¿Con la globalización estamos viendo la economía mundial más libre que jamás haya existido?
-No. Tuvimos un comercio mucho más libre en el siglo XIX. Tenemos mucha menos globalización ahora que entonces. ¿Volveremos a esta libertad del siglo diecinueve? No lo sé. Tenemos un mundo más libre por el colapso de la Unión Soviética y los cambios en China. Esas dos han sido las principales contribuciones a la libertad en nuestro tiempo. Los países que han surgido y se separaron como resultado del colapso de la Unión Soviética de conjunto siguen políticas económicas más libres. La mayoría de estos estados tienen gobiernos más libres y menos restricciones al comercio. Esta base de libre mercado probablemente se expandirá a otros no tan libres que seguirán su ejemplo. Todos en todas partes entienden ahora que el camino al éxito para los países subdesarrollados es tener mercados más libres y globalización.
-Finalmente sus ideas han triunfado pro sobre las de Marx y Keynes. ¿Es este el fin del camino para el pensamiento económico? ¿Hay algo más que decir que el hecho de que los mercados libres son la forma más eficiente de organizar una sociedad? ¿Es el "fin de la historia" como dijo Francis Fukuyama?
-No. Eso de mercados libres es un término muy general. Surgirán todo tipo de problemas. Los mercados libres funcionan de la mejor manera cuando la transacción entre dos individuos sólo afecta a esos individuos. Pero eso hoy no es así. Lo que sucede más a menudo es que una transacción entre usted y yo afecta a un tercero. Esa es la fuente de todos los problemas para el estado. Esa es la fuente de todos los problemas de polución, del problema de la desigualdad. Hay algunos buenos economistas como Gary Becker y Bob Lucas que están trabajando en estas cuestiones. Esta realidad asegura que nunca habrá un fin de la historia.
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Traducción: Gabriel Zadunaisky






