
El ocaso de la pesca de la merluza
La medida regirá hasta fin de año y supone trastornos económicos en ciudades que dependen de esa actividad
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La Argentina ha crecido prácticamente de espaldas a sus 4000 kilómetros de costas marítimas. Vertiginosamente, la actividad pesquera llegó a exportar por más de 100 millones de dólares anuales y mostró una notable prosperidad desde sus inicios, en la década del sesenta.
Sin embargo, ese desarrollo ha comenzado a pagarse muy caro, cabe añadir. Y la naturaleza, en su papel de acreedora, desplegó una serie de urticantes mecanismos para saldarse la sobrepesca.
La merluza común -la especie comercial más relevante del Mar Argentino- roza hoy los niveles de existencia más bajos de la historia. Hace años que el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) insiste en frenar el ritmo de capturas. Entretanto, ciclo tras ciclo se terminan superando los máximos sugeridos por el doble y hasta por más, según datos extraoficiales.
Para dar un ejemplo de este exceso se asegura que con 2500 kilogramos de pescado fresco se obtiene una tonelada de filet. Pero para llegar a ese volumen hay que extraer unas 7000 merluzas de un promedio de 350 gramos cada una.
En 1998, el tope fue de 289.000 toneladas; se pescaron 449.240. En 1999, el máximo era de 188.200 toneladas; se extrajeron más de 250.000.
Existe una idea paleozoica del mar como un recurso inagotable. Este concepto no sólo incubó malas artes sino que promovió la desatención legislativa y gubernamental.Y he aquí los resultados.
Finalmente, el Consejo Federal Pesquero y el Gobierno, decidieron -hace una semana- cerrar el caladero; es decir, prohibir totalmente la pesca de merluza hasta fines de año. Acontecimiento, sin duda, que traerá aparejada toda serie de trastornos sociales y económicos en las principales ciudades-puerto.
Para Oscar Fortunato, del Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (CEPA), la depredación podría haberse frenado mucho antes con un fino control de la flota y respetando las restricciones biológicas: "Desde hace 3 o 4 años sabíamos bien lo que pasaba", reconoció. Los funcionarios a cargo del área de pesca permitieron sistemáticamente que continuara sin aplicarse la ley federal, que dispone fundamentalmente la cuotificación e inspecciones a bordo. De hecho, el equipo de transición del nuevo gobierno, encabezado por Elvio Colombo, indicó que la pesca es el tema más candente en la cartera de Agricultura.
La aplicación de la citada ley, el sistema de inspección satelital -Monpesat-, orden y fiscalización de los permisos de pesca, etcétera, son parte de una extensa lista de elementos aplicables e instrumentables, pero que no se utilizan.
Pesca furtiva
¿La milla 201? Para muchos es el domicilio del delito. Los barcos extranjeros -verdaderas factorías flotantes- ingresan de manera furtiva y tiran sus redes en el Mar Argentino, dice Fortunato. El agotamiento del recurso en sus mares promueve la pesca ilegal en nuestras aguas.
Hay tres formas de controlar la actividad en este momento. El radar del avión Electra, de la Armada Argentina -tiene cinco-; los siete aviones Beechcraft B200, y las inspecciones en puertos de descarga. La superficie por patrullar alcanza el millón de kilómetros de plataforma submarina. Desde 1985 hasta hoy fueron apresados 49 buques.





