El peso resiste mejor el shock global, pero las dudas por los vencimientos de deuda vuelven a presionar el riesgo país
La guerra en Medio Oriente sacudió a los mercados emergentes: la moneda local mostró mayor estabilidad que en la región, pero los bonos soberanos siguen bajo presión por las fragilidades financieras del país
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La escalada de la guerra en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados internacionales y puso a prueba los activos emergentes. En la Argentina, el impacto se reflejó de manera desigual: mientras el peso fue una de las monedas que mejor resistió la turbulencia global, el riesgo país volvió a mostrar que la principal preocupación del mercado sigue siendo cómo se afrontarán los próximos vencimientos de deuda.
Aun después de la baja reciente, el indicador que mide el costo de financiamiento de la deuda argentina continúa muy por encima del de sus vecinos. Sin contar el caso extremo de Venezuela, la Argentina sigue mostrando el riesgo más alto de la región: Brasil ronda los 194 puntos básicos, México está cerca de 220, Perú se ubica alrededor de 138, Chile, 89, y Uruguay es el más bajo de la región, con 75 puntos.
El indicador venía además de una fuerte compresión en los últimos meses: antes de las elecciones legislativas intermedias de octubre superaba los 1000 puntos básicos y cayó hasta perforar los 500 a fines de enero, aunque desde principios de febrero volvió a mostrar presión alcista. En ese contexto, desde fines de febrero pasó de 576 a 543 puntos básicos, mientras que el EMBI latino retrocedió de 300 a 293 puntos, según datos del índice EMBI de JPMorgan compilados por el Banco Central de la República Dominicana.
El viernes 6 de marzo volvió a superar los 570 puntos, prácticamente el nivel previo al inicio del conflicto.

El shock bélico elevó la volatilidad global: el índice VIX, que mide el nerviosismo de los mercados en Wall Street, subió con fuerza, el petróleo llegó a los US$110 por barril, las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense volvieron a subir y el dólar se fortaleció frente a las monedas emergentes, en un movimiento de los inversores hacia activos considerados más seguros.
Para la consultora Econviews, la escalada en Medio Oriente puso fin al “viento de cola” que habían tenido los activos emergentes en los primeros meses del año.
En ese escenario, el comportamiento del peso argentino resultó relativamente más estable que el de otras monedas. De acuerdo con cálculos de Econviews, entre el 27 de febrero y el 6 de marzo se depreció 1,3% frente al dólar, menos que el peso chileno (4,3%), el sol peruano (3,6%), el peso mexicano (3,3%) y el real brasileño (2,2%). Datos compilados por GMA Capital, con base en Bloomberg, muestran una dinámica similar: la moneda argentina aparece entre las que menos se debilitaron frente al fortalecimiento global del dólar.
Parte de esa dinámica responde a factores domésticos. El cepo cambiario, que limita la salida de capitales, tiende a amortiguar los movimientos del tipo de cambio frente a shocks externos. Según destacó la consultora 1816, el Gobierno también intervino en el mercado financiero ofreciendo cobertura cambiaria a través de bonos atados al dólar, lo que ayudó a moderar la demanda de cobertura en momentos de mayor volatilidad.
Al mismo tiempo, el Banco Central continuó comprando divisas en el mercado oficial, aunque a un ritmo más moderado que en las últimas semanas. La autoridad monetaria acumuló algo más de US$3000 millones en lo que va del año. En paralelo, los depósitos privados en dólares en el sistema financiero superan los US$39.000 millones, el nivel más alto desde la salida de la convertibilidad.

Sin embargo, para algunos analistas la acumulación de reservas ya no alcanza por sí sola para mejorar la percepción de los inversores. “Las compras del Banco Central son una condición necesaria, pero ya no suficiente para lograr una baja sostenida del riesgo país si no se despejan las dudas sobre el financiamiento de los próximos años”, señaló la consultora 1816.
Ese diagnóstico coincide con informes recientes de Citi, JP Morgan, Morgan Stanley, Barclays, Wells Fargo y Bank of America, que advierten que, pese a las mejoras macroeconómicas recientes, la Argentina sigue siendo una de las economías más vulnerables de la región frente a un shock externo prolongado, principalmente por el bajo nivel de reservas del Banco Central.
Las dudas del mercado se concentran precisamente en el frente financiero. De acuerdo con estimaciones de GMA Capital, el país enfrenta vencimientos en moneda extranjera por unos US$30.000 millones entre 2026 y 2027 si se consideran los compromisos con bonistas privados y el FMI.
El próximo pago relevante aparece incluso antes: el 9 de julio el Tesoro deberá afrontar un vencimiento de US$4200 millones con acreedores privados.
El Gobierno, sin embargo, decidió por ahora no volver a los mercados internacionales de deuda al considerar que las tasas siguen siendo demasiado altas. A comienzos de año, cuando el Ministerio de Economía evaluaba una emisión en Nueva York, las estimaciones del mercado ubicaban el rendimiento de un bono a diez años por encima del 9,5% anual, lo que finalmente llevó a postergar la operación.
Frente a ese panorama, el equipo económico analiza alternativas de financiamiento. Entre ellas aparecen créditos bilaterales con países aliados, conversaciones que incluyen a Estados Unidos, Israel e Italia, además de ampliar el tope de US$2000 millones para la colocación de bonos en dólares bajo legislación local, reactivar parcialmente el swap con China y utilizar la línea financiera abierta con el Tesoro estadounidense.
Mientras tanto, otros países emergentes con perfiles de riesgo comparables ya volvieron a los mercados. Ecuador, por ejemplo, colocó este año cerca de US$4000 millones en bonos externos con tasas cercanas al 9%.
En el Gobierno sostienen que el nivel actual del riesgo país no refleja plenamente los avances del programa económico. El ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que parte de la prima que exigen los inversores responde al riesgo político que el mercado asigna al escenario posterior al actual mandato. El denominado “riesgo kuka”.
El shock externo, sin embargo, también podría tener un efecto positivo para la economía local. Con un barril cercano a US$90, estimaciones privadas proyectan que el superávit energético podría superar los US$10.000 millones este año, impulsado por las exportaciones de Vaca Muerta.
En otras palabras, aunque el frente cambiario aparece relativamente contenido, los inversores siguen mirando con cautela la sostenibilidad financiera del país y su capacidad para afrontar los próximos compromisos de deuda. Ese interrogante es hoy el principal factor que mantiene elevado al riesgo país argentino.
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