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6 de agosto de 2020  • 17:43

No es la primera vez que en la Argentina nos tocan tiempos difíciles. Razón por la cual, cuando termine la pandemia, estaremos consolidados. Sin embargo, tanto a nivel nacional como internacional, el brote del coronavirus trajo por primera vez en muchos años, un cambio cultural en el mundo del trabajo. Ante este paradigma tan repentino quedaron entonces dos opciones: resignarse o adaptarse para salir fortalecidos de esta situación. Esta última, fue la premisa que guío a Coca- Cola desde el inicio del aislamiento social preventivo y obligatorio en el país.

Como compañía global, supieron que debían prepararse para la llegada del virus a la Argentina, tal como lo habían hecho en otras latitudes. Con la mirada puesta en tres ejes: cuidar la salud física y emocional de los empleados; velar por la sustentabilidad del negocio y hacer una diferencia en las comunidades con las que colaboran, la empresa se comunicó con otras sedes del mundo- como China, Italia y España- y tomó una serie de medidas preventivas en febrero de este año. "Dejamos de autorizar viajes laborales e hicimos un simulacro de trabajo remoto", cuenta Florencia Díaz, vicepresidente de People en Coca-Cola Cono Sur.

Fue entonces que, incluso antes de que se decretara la cuarentena, la compañía implementó el teletrabajo. "Lo que empezó como un simulacro se convirtió en una realidad y al principio, funcionaba bárbaro", asegura Florencia. Sin embargo, una vez que inició el aislamiento obligatorio en marzo, las cosas cambiaron: ya no era una elección para ellos trabajar de forma remota, sino que era la única opción disponible. "La crisis aceleró el proceso de transformación cultural en el que veníamos trabajando", revela.

La crisis aceleró el proceso de transformación cultural en el que veníamos trabajando.
Florencia Díaz, vicepresidente de People en Coca-Cola Cono Sur.

De esta manera, dentro de la empresa se esforzaron por lograr una "comunicación mucho más humana para conservar el espíritu de equipo". Fue así que el aislamiento sirvió para fortalecer los vínculos dentro de la compañía: reuniones que antes se hacían una vez cada tres meses, pasaron a ser semanales; todos los empleados ahora comienzan la jornada laboral con una reunión de equipo; y pusieron a disposición de todos, una plataforma virtual donde se hacen los principales anuncios y dan consejos para manejar las nuevas tecnologías y organizar la agenda del home office. "Para nosotros es fundamental cuidar la salud física y emocional de los asociados", asegura la ejecutiva.

Florencia Díaz es la vicepresidenta de People en Coca-Cola Cono Sur.
Florencia Díaz es la vicepresidenta de People en Coca-Cola Cono Sur.

En línea con este pensamiento, la compañía formó un comité de crisis, que monitorea los casos de covid-19 y pusieron a disposición de los empleados y de sus familias al médico que suele atender en el edificio corporativo en un consultorio, para que pueda responder las dudas o consultas en remoto. Además, comenzaron a migrar los beneficios que tenían en las oficinas a la virtualidad: las clases de gimnasia, de zumba y de yoga que podían hacer dentro del establecimiento, empezaron a dictarse por video, los vouchers de bebidas de la marca se digitalizaron, así como también las recetas médicas de la prepaga. "Queríamos dar respuestas concretas y soluciones a nuestros empleados, que ratificaron su confianza en la empresa", afirma Florencia.

Queríamos dar respuestas concretas y soluciones a nuestros empleados, que ratificaron su confianza en la empresa.
Florencia Díaz, vicepresidente de People en Coca-Cola Cono Sur.

Tiempos de cambios permanentes

En medios de las idas y vueltas entre las distintas fases de la cuarentena en el AMBA, en Coca-Cola tomaron una decisión que, en aquel momento, consideraban drástica: no volverían a trabajar en la oficina hasta enero del 2021. Esta medida fue tomada hace ya dos meses y resultó fundamental para que los empleados pudieran terminar de adaptarse al home office: "Empezamos a planear todo diferente", asegura la vicepresidente de People. Como consecuencia, dieron a los asociados la posibilidad de armarse su propia oficina dentro de casa: "Hicimos un pago para ayudarlos a equiparse y también les transferimos todo lo que ya tenían dentro de las oficinas, como las sillas, teclado, monitor, auriculares, entre otras cosas", explica.

Una vez que se aseguraron de que todos tuvieran un espacio de oficina permanente, definieron otras cuestiones para evitar el tan famoso síndrome de burned-out: "Si bien establecimos horarios protegidos para todos y días específicos sin reuniones, también impulsamos la flexibilidad en pos del bienestar", señala Florencia. Además, iniciaron charlas y talleres relacionados a las consecuencias emocionales de la pandemia: "Fueron charlas divididas en tres niveles: en primer lugar, para generar conocimiento sobre un tema, como puede ser la salud emocional, en segundo lugar, trabajar ese tema, con la ayuda de coaching grupal, y en tercer lugar, cuando detectábamos que alguien no estaba bien, le recomendábamos un curso de acción personalizado", detalla.

Ya no hay vuelta atrás

En Coca-Cola aún no ha definido qué les deparará el futuro, cuando los empleados tengan la posibilidad de regresar a la oficina en enero de 2021. Sin embargo, están convencidos de que algunos de los cambios implementados han llegado para quedarse: "La flexibilidad ha pasado a ser central en nuestra manera de trabajar. Además, gracias a la virtualidad, en el futuro no será necesario que organicemos tantos viajes laborales. Finalmente, vamos a trabajar para que esta cercanía que hemos logrado con los empleados se mantenga y siga creciendo", concluye Florencia.

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