En Córdoba resurgen las residencias universitarias, pero adaptadas a los nuevos tiempos
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CORDOBA. Casi 250.000 universitarios viven en la ciudad de Córdoba –donde hay cuatro establecimientos de estudios superiores-, lo que genera un mercado para diferentes productos y servicios, entre los que se destaca el alojamiento. Por ejemplo, este año, de los 32.000 ingresantes a la Universidad Nacional de Córdoba, seis de cada 10 vienen de afuera de la ciudad. Alquilar un departamento es una opción no sólo costosa, sino complicada por las garantías exigidas. Las "residencias" regresaron con fuerza y hace tres años que crecen.
Lucas Bazán, relacionista público, y Juan Ignacio Gómez, arquitecto, hace tres años decidieron instalar una residencia como una forma de generar ingresos extra y sin dejar sus profesiones. El estudio de mercado que realizaron les marcó que –aunque existen unas 30 habilitadas en la ciudad por la Municipalidad- había espacio para una propuesta.

"Charlando empezamos a barajar ideas y la original de un hostel fue mutando –cuenta Bazán a LA NACION-. Recorrimos varias, comprobamos que había mucha demanda y que, en varios casos, la prestación de servicios estaba relajada. El diferencial se podía hacer con buena limpieza, luz natural, atención permanente y sin rejunte de muebles".
Arrancaron con una residencia y hoy las "Keep" son tres con espacio para 52 personas. Como en todos los casos, la mayoría de quienes se alojan tienen entre 17 y 20 años, son los ingresantes y estudiantes de primer año.
Darío Bruno, abogado, es uno de los cuatro socios de "La Ruka"; se iniciaron hace ocho años con "una casa chica"; ahora son dos con 110 lugares. "Me participó un amigo que había empezado inició el negocio con su familia y, cuando fue creciendo por la falencia de la oferta, abrió el juego".

Aunque todas están alejadas de aquellas "pensiones de estudiantes" tradicionales del barrio Alberdi, pegado al hospital Nacional de Clínicas, que marcaron una época en los ’60 y ’70 (existían desde mucho antes, desde el diseño de la reforma universitaria en 1918), la heterogeneidad de precios y servicios es amplia.
Las más buscadas –el marketing que más funciona es el "de boca en boca"- ofrecen habitaciones simples, dobles, triples y cuádruples. Internet con acceso libre y televisión con cable. El precio de una individual sigue el parámetro de un alquiler (entre $8500 y $9000) por mes y, a partir de ahí, cae hasta oscilar entre $3500 y $4600.
Los emprendedores que se vuelcan a la actividad coinciden que lo más complicado, para empezar, es conseguir inmuebles aptos, en especial por la cantidad de baños que se requieren, y porque deben estar en barrios con fácil acceso a los centros de estudio.
"Keep" tiene dos en Nueva Córdoba y una en barrio Iponá; las de La Ruka están en Nueva Córdoba. Ambas alojan, en su mayoría, a estudiantes de fuera de la provincia. "De Ushuaia a La Quiaca", grafica Bazán y Bruno repasa que también tienen extranjeros. Los contratos son por un año.

Las dificultades para las garantías –la mayoría de las inmobiliarias exigen que sean de Córdoba- son un factor clave para el crecimiento de este negocio. A eso se le suma el temor de los padres a que los chicos abandonen la carrera a poco de inicia o que no se adapten. Con unos 20 alojados la recaudación media ronda los $100.000 mensuales. Los dueños de las residencias aseguran que las subas de costos los están complicando porque no pueden trasladarlos a los precios.
"Keep" –la idea del nombre se relaciona con "mantenerse en el camino, terminar la carrera"- ya no tiene cupos para 2019. En un mes de inscripciones agotaron los lugares. "Antes con una cama pagábamos una factura de gas; ahora se necesitan tres y esos valores no los podemos pasar a la tarifa. Para el año que viene aumentamos 17%".
Bruno reconoce el mismo problema: "Hay que hacer análisis muy fino de costos para poder sostener el precio todo el año; no cambiamos en todo el período. Cada vez se requiere más esfuerzo".
"Cuando los padres los dejan el primer día parece un jardín de infantes; ellos se van preocupados y los chicos quedan felices porque piensan en la libertad que los espera –describe Bazán-. Ese es otro punto complicado; en general no saben cocinar, no saben manejarse; uno imagina que son híper adaptados pero tienen todo para aprender".
Bruno admite que gestionar la convivencia es complejo: "Hay aspectos imposibles de controlar, como que lleven y traigan alimentos por toda la casa o que no saquen de la heladera lo que no es de ellos. Aunque hay personal para la limpieza de los espacios comunes, se dificulta que laven lo que usan en la cocina".
Ambas residencias son mixtas –"Rechula", por ejemplo, es una opción sólo para chicas de 18 a 25 años con 65 plazas- y, además del alojamiento complementan la propuesta con convenios con empresas de servicios para jóvenes y organización de actividades grupales.
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