
En la asamblea
Agasajo. Abuelas. Mutismo. Diferencias. Link.
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Agasajo: el embajador argentino Diego Guelar ofreció anteanoche en la sede de la delegación de nuestro país una recepción para los funcionarios y banqueros que participan en la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional. Vinos argentinos de excelente calidad regaron los emparedados de carne argentina, chorizos y morcillas, que fueron el plato fuerte de la recepción. Guelar, exultante, estuvo todo el tiempo al lado de la escalera recibiendo a cada uno de los invitados.
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Abuelas: la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carloto, y la vicepresidenta de la organización, Rosa Rosenblit, estuvieron entre los invitados especiales de Guelar a la recepción. Se las vio hablar muy animadamente durante la reunión, en el primer piso de la embajada, comentando la agenda de reuniones que desarrollarán a partir de hoy, entre las que se destaca un encuentro con la jefa de gabinete de Hillary Clinton y con representantes del Departamento de Estado.
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Mutismo: el senador y gobernador electo de Santa Fe, Carlos Reutemann, fue la figura excluyente de la recepción. Pero se recluyó en un rincón, dando fe del bajo perfil que alimenta, y no quiso hablar de política. Sus ojos celestes profundos buscaron siempre el horizonte cuando en la charla las preguntas lo llevaban hacia una definición sobre la campaña del candidato oficialista Eduardo Duhalde.
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Diferencias: el agasajo contrastó con el que se celebró el año último, donde estuvieron el ex ministro del Interior José Luis Manzano y el ex candidato presidencial del Frepaso, y ahora duhaldista, José Octavio Bordón. Esta vez, hizo un paso fugaz el candidato a ministro de Economía de la Alianza, José Luis Machinea, junto con el economista Guillermo Rozenwurcel, y por unos minutos fueron el foco del encuentro. Arnaldo Bocco, el otro integrante de la coalición, estuvo toda la noche hablando con los invitados.
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Link: los ejecutivos que se pasean por los pasillos del hotel Marriott, donde se realiza la mayoría de los seminarios, tuvieron todo el fin de semana una preocupación dominante, más allá de los vaivenes de la economía mundial: el torneo de golf entre Europa y los Estados Unidos, que se transmitía por enormes pantallas colocadas en las zonas de descanso.





