Esteban Domecq: “Se sale solo con shock; lo que no tengo claro es si el escenario negativo es de explosión o implosión”
Según el economista, o continúa la agudización en el tiempo de la estanflación con “una agonía sin fin” o hay una “explosión”, que tendría que ser controlado con un programa con el FMI y con consensos políticos
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El economista Esteban Domecq no quiere ser alarmista, pero cree que es necesario advertir que la situación económica actual solo se puede resolver mediante una estrategia de “shock”. Sin embargo, aclara que el escenario negativo puede ser una “explosión” o una “implosión”, al tiempo que advierte que “hay muy poco espacio para evitar un salto discreto del tipo de cambio”.
–¿Qué piensa del presupuesto que presentó Guzmán?
–Era un presupuesto que había que presentar por obligación, pero en un contexto político muy complejo y en el marco de decisiones de políticas económicas que se están tomando de cara a las elecciones y sin un acuerdo con el FMI. Es un presupuesto sin sentido, son números que habrá que revisar. Desde el punto de vista de los números en sí, pinta un escenario sumamente optimista. Dudo de que la economía pueda recuperarse 4% el año próximo y mucho menos que haya una inflación del 33%. Hay un serio problema de distorsión de precios relativos que se está acumulando y que se va a profundizar a lo largo del año, por un problema fiscal y monetario muy grande que está quedando, y con un sendero de resolución muy laxo. En ese sentido, sobre todo teniendo en cuenta que el programa tendrá que tener un sello de garantía del FMI, salvo que vayamos a un escenario sin acuerdo, veo prácticamente imposible cumplir con esa meta inflacionaria. Hay correcciones que hay que hacer en el tipo de cambio y en las tarifas, y eso de por sí ya soltará mucha inflación reprimida.
–¿Cuáles son los grandes desafíos de la economía?
–En la Argentina hay tres agendas en simultáneo. La de corto plazo, que tiene que ver con la escasez de dólares y el problema financiero. Esta es la agenda que se gatilló en 2018, cuando intervino el FMI, y después llega la pandemia y profundiza el desequilibrio fiscal, monetario y cambiario. Esa agenda, que es “mandar el auto al taller”, se tendría que haber resuelto este año, pero la estrategia económica del Gobierno fue patearla para después de las elecciones. La de mediano plazo es resolver el problema estanflacionario de la Argentina. Ahí tenemos que hablar de tamaño del gasto público, la deficiencia del déficit y el proceso inflacionario que comenzó luego de la convertibilidad. La agenda de largo plazo tiene que ver con la inestabilidad macro, la falta de moneda, la indisciplina fiscal y monetaria, y las reglas de juego. El Gobierno no está tratando ninguna de las tres agendas. La agenda económica oficial es 100% electoral, que a su vez profundiza los problemas de corto plazo y deja muy comprometida la economía.
–¿En qué planos?
–Principalmente en el plano inflacionario y cambiario. Esa es la caja de resonancia del problema fiscal en el corto plazo. En la pelea entre [Martín] Guzmán y Cristina Kirchner sobre el ajuste fiscal vemos que en los primeros cuatro meses del año hubo un sendero de prudencia fiscal, pero no por ortodoxia del ministro [de Economía], sino porque la inflación de 50%, los precios de las commodities, los ingresos del impuesto a la riqueza y la recuperación de la actividad estaban estabilizando el problema fiscal por el lado de los ingresos. Del lado del gasto, hubo una pequeña caída de 5,8% en términos reales en el acumulado hasta agosto, pero es marginal y se termina de acá a fin de año. Es cierto lo que dice Guzmán de que del lado del gasto no habrá ajuste, pero cuando se mira en detalle, las transferencias a jubilaciones y pensiones cayeron 18%; lo que se disparó es la cuenta en subsidios y el gasto en obra pública. Por eso, si bien el ajuste en el gasto es bajo, se siente mucho y perdió muchos votos.

–Con respecto a los problemas microeconómicos, ¿qué va a pasar con el poder adquisitivo, que acumula cuatro años de pérdida contra la inflación?
–Hoy no están dadas las condiciones macroeconómicas para comenzar a recomponer el salario real. Hay dos maneras de mejorar el salario real: una es artificialmente, jugando con la nominalidad de la economía; por ejemplo, atrasando el tipo de cambio, pisando las tarifas o reprimiendo precios. La otra es la manera genuina de hacerlo, con incremento de la productividad, y esto es lo que está estancado desde hace más de 10 años.
–Pero este año se atrasó el tipo de cambio y se congelaron tarifas y el salario igual perdería contra la inflación.
–El anclaje del tipo de cambio y de tarifas no garantiza un sendero de desinflación, porque para consolidar ese proceso se necesitan convicción y liderazgo político, un buen programa y anclaje de expectativas.
–¿Puede el FMI ayudar a anclar expectativas?
–Claramente, por dos elementos. Primero, porque se despejará el escenario financiero en el marco de un programa que debería estar bien hecho, y aunque esté mal hecho, en el corto plazo va a anclar expectativas. Y, segundo, porque ese programa exigirá que tenga consistencia en la parte fiscal y monetaria. Hoy tenemos un serio problema en el frente cambiario, que tiene que ver con que este esquema de desdoblamiento múltiple con brecha en la zona del 80% es inviable y además no hay reservas internacionales. Es prácticamente imposible convivir con esta situación. Por eso, el FMI pedirá en el programa una devaluación constante más acelerada o un salto discreto del tipo de cambio. Y ahí automáticamente estamos convalidando un régimen de inflación más elevado.
–¿Por que todavía no “estalló” todo, pese a tener hace más de un año brecha cambiaria del 80%?
–Muy sencillo. Este año, el sector agroexportador liquidó US$23.000 millones, US$10.000 millones más que el año pasado y US$8000 millones más que el promedio de los últimos 10 años. Esto fue gracias al aumento de los precios de las commodities, y permitió que el Banco Central pudiera comprar dólares y mejorar sus reservas hasta agosto. El problema es que las reservas van a caer de acá a fin de año.
–Por lo tanto, ¿una devaluación el año que viene es inevitable?
–Si tengo que elegir, voy directamente a modificar el esquema cambiario, y eso viene con un salto discreto del tipo de cambio oficial. La alternativa que podrían plantear es un esquema de aceleración de la devaluación: terminar con esta ficción del 1%, cuando hay una inflación mensual del 3%, y volver al Guzmán previo al plan electoral. Pero ahí hay poca probabilidad de éxito, porque ya no habrá este boom de precios de las commodities y, por otro lado, hay una demanda de importadores mucho más alta, porque la economía se está recuperando. Hay muy poco espacio para evitar un salto discreto del tipo de cambio. Pero la pregunta es quién lo hará y si es con el Fondo o no. Porque ponerse a toquetear el tipo de cambio oficial pateando el tablero con el FMI es muy arriesgado, porque puede haber una inflación de tres dígitos.
–¿Cómo ve la situación política para arreglar con el FMI?
–Si en noviembre se repite el resultado electoral de las PASO, y si el oficialismo sin poder político patea el tablero con el FMI, nos deja en una situación muy compleja a nivel macro, similar a los episodios de los 70 u 80, donde se conjuga una economía muy complicada, con muchos problemas y desequilibrios sin margen de maniobra y sin liderazgo político para pilotear la nave en esos tiempos tan turbulentos.
–¿El nuevo gabinete puede ayudar al Presidente a reforzar ese liderazgo?
–No, el nuevo gabinete es una “brigada antiexplosiva” política y socialmente hablando. Los principales problemas del país son económicos: inflación, desempleo y pobreza, pero ningún cambio del gabinete abordó el área económica. Y la estrategia económica se radicaliza en el último cuatrimestre del año. Entonces no se puede hacer un anclaje de expectativas económicas por cambio de gabinete. Cuando uno conversa con empresarios, da la sensación de que este cambio de gabinete juega en contra, porque da mucha más preocupación e incertidumbre.
–¿Por qué?
–La pregunta más relevante antes de las elecciones era cuál iba a ser la reacción del Gobierno a un resultado en términos de moderación y radicalización. La abultada derrota del oficialismo en las PASO empezó a resolver la incertidumbre política y se observa que el área kirchnerista le dobló la muñeca al área moderada de Alberto Fernández y Sergio Massa. Este cambio de gabinete bajó, desde mi punto de vista, la probabilidad de que haya acuerdo con el Fondo.
–¿No ve mucho margen de cambio entonces?
–Van a forzar la nave con la macro rota y no les importa con tal de reducir la distancia electoral o dar vuelta la provincia de Buenos Aires. Si se ratifica el resultado electoral o el oficialismo pierde más votos, vamos a combinar una situación macroeconómica muy compleja, con un escenario político de mucha debilidad. Estoy más pesimista en el corto plazo, pero este escenario nos puede dejar más optimistas para el largo plazo. Hay históricamente grandes ciclos económicos en los cuales convive un determinado sistema económico y el actual está agonizando, que es el que se gestó en 2002. El problema del cambio es que en el medio duele mucho socialmente y más cuando hay un piso de pobreza tan alto.
–¿Entonces la discusión entre shock o gradualismo no va más?
–Es solo shock. Lo que no tengo claro es si el escenario negativo es explosión o implosión. Implosión es la agudización en el tiempo de la estanflación: no hay crecimiento y hay inflación del 50%, pero no explota. Es una agonía sin fin, estamos hace 10 años con esto. Si vamos a la explosión, tendría que ser controlada con un programa con el FMI y con consensos políticos, pero claramente se necesita moderación. Si prima la radicalización, no hay espacio para un shock positivo.
–¿Cree que el Gobierno está interesado en hacer un cambio de la economía mediante un shock?
–De las tres agendas que planteé, al Gobierno no le importa ninguna. Esto quedó muy claro cuando, en marzo, cambió el eje del equipo económico y la estrategia. Abandonó la devaluación de la moneda y la senda de corrección fiscal. Esa fue la estrategia económica alineada al Instituto Patria. De alguna manera, la soja a US$500 o US$600 la tonelada permitió hacerlo. Hoy no hay soja a US$1500 que permita en 2022 volver a hacer la misma estrategia, por cómo caen los vencimientos con el FMI. Macri, con el Fondo, dejó un cepo al populismo en la Argentina, por eso caen los vencimientos tan concentrados en dos años. No es casualidad. El FMI se aseguró de que no haya espacio para que brote el populismo. La disputa económica mundial en esta década está entre Estados Unidos y China. Las diferencias en la coalición gobernante están en que Massa y Alberto piensan en Estados Unidos, mientras que Cristina piensa en China y Rusia. Mis cálculos dan que, en 2028, China pasará a Estados Unidos como potencia económica mundial. De alguna manera, Estados Unidos se aseguró con este programa que el eventual fracaso político de Macri no dejara a la Argentina, que será un país donde se dará gran parte de la batalla de América Latina, bajo el control de China o Rusia.
Esteban Domecq, en 10 frases
- El nuevo gabinete es una “brigada antiexplosiva” política y socialmente hablando
- Este cambio de gabinete bajó, desde mi punto de vista, la probabilidad de que haya acuerdo con el Fondo.
- [La salida] es solo shock. Lo que no tengo claro es si el escenario negativo es explosión o implosión.
- El problema del cambio es que en el medio duele mucho socialmente y más cuando hay un piso de pobreza tan alto.
- Es un presupuesto sin sentido, son números que habrá que revisar.
- Hoy no están dadas las condiciones macroeconómicas para comenzar a recomponer el salario real.
- El anclaje del tipo de cambio y de tarifas no garantiza un sendero de desinflación.
- Hoy tenemos un serio problema en el frente cambiario, que tiene que ver con que este esquema de desdoblamiento múltiple con brecha en la zona del 80% es inviable y además no hay reservas internacionales.
- Hay muy poco espacio para evitar un salto discreto del tipo de cambio.
- Si el oficialismo sin poder político patea el tablero con el FMI, nos deja en una situación muy compleja a nivel macro, similar a los episodios de los 70 u 80.
Sus tres películas preferidas
- Sueños de Libertad (1994)
- Nada es para siempre (1992)
- Into the wild (2007)






