Fernando Marengo: “El ajuste va a ocurrir: o se hace con un programa o lo hace el mercado”
Según el economista jefe del Estudio Arriazu Macroanalistas, la corrección de los desequilibrios implica un fuerte desafío social y político y advierte que, si no hay un plan, las consecuencias más graves las pagarán los jubilados, los asalariados y quienes cobran planes sociales
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Fernando Marengo es analista económico en la consultora que dirige Ricardo Arriazu desde hace casi 27 años: ingresó como economista junior he hizo su camino hasta convertirse en asociado. También se desempeña como Chief Economist en Black Toro Global Invest, una compañía con sede en Estados Unidos. Para él, tal como están las cosas en la Argentina el ajuste es inevitable: “La pregunta es si se hace con un programa económico o si lo hace el mercado” señala.
–En caso de haber un acuerdo con el FMI, ¿qué le aportará a la economía argentina?
–El principal desafío de la Argentina es revertir el estancamiento económico de hace una década y generar crecimiento de manera sostenible. Este año, la Argentina tiene vencimientos con el FMI por US$19.000 millones, una cifra imposible de pagar. Por lo tanto, el principal objetivo de un acuerdo con el FMI es evitar una cesación de pagos, que nos pondría en una categoría que integran países como Somalia y Zimbabue, que tuvieron este problema. La noticia del preacuerdo fue buena contra una alternativa de que no hubiera acuerdo. El Fondo pide condiciones que hay que cumplir, pero estas metas, más allá de que las pida el Fondo, son cosas que la Argentina tiene que hacer. Ahí separaría las cosas que son de corto plazo de las que son estructurales. Si bien el Gobierno menciona como un logro que el Fondo no le haya pedido reformas estructurales, esas reformas las necesita encarar sí o sí si quiere revertir el estancamiento económico o el deterioro que experimenta la economía. Respecto de las metas de corto plazo, el Fondo pide reducir la tasa de inflación, y para hacerlo, como todos estamos de acuerdo en que es un problema monetario de mediano y corto plazo, hay que evitar el excedente de pesos. Eso se hace reduciendo la emisión monetaria, y para eso hay que reducir el déficit fiscal.
–Según las metas acordadas, hay que reducir el déficit de 3% del PBI del año pasado a 2,5%. ¿Es factible?
–Mucha gente lo plantea como un acuerdo light, comparado con el déficit primario de 3%, pero el déficit fiscal primario normalizado con el cual se arranca el año es de más de 4 puntos del producto. Es decir, si al déficit se le sacan los derechos especiales de giro (DEG), que pusieron como ingreso, y el aporte solidario, y se tiene en cuenta que hubo un primer semestre extremadamente austero desde el punto de vista fiscal, y un segundo semestre con una fuerte expansión del gasto, ahí hay un arrastre estadístico. Por lo tanto, en realidad se parte de un déficit de entre 4,2% y 4,5% del PBI normalizado. Hay que bajar de ese 4,2% a 2,5%: estamos hablando de un ajuste del déficit de más de 1,5% del PBI.
–¿Cómo se hace para ajustar ese gasto?
–El gran desafío, que es social y político, es cómo el consumidor residencial percibe un ajuste de tarifas. Al ser un país que no crece, el PBI per cápita está cayendo. Y según los datos del Indec, el 10% de los grupos familiares de mayores ingresos gana $190.000 por mes o más, que son menos de US$1000, y el siguiente grupo de 40% tiene ingresos totales de entre $75.000 y $190.000. Ese es el segmento de la población al cual habrá que hacerle un fuerte ajuste de tarifas. De ahí viene el rechazo político de parte del Gobierno a implementar este tipo de convergencia fiscal.
–El Gobierno anunció una suba de tarifas de 20%, ¿alcanza eso para ajustar el gasto?
–No, no alcanza. Habrá que hacer varios aumentos más si el ajuste viene por el lado de las tarifas, como se piensa. Los precios regulados dentro del índice de inflación cayeron 35% respecto del promedio general, y hay que revertir eso. Ahí hay una idea de cómo deberían subir las tarifas.

–El sector energético está controlado por funcionarios cercanos a la vicepresidenta Cristina Kirchner que rechazan una suba mayor de 20%. ¿Cómo ve la negociación entre Guzmán y este sector del Gobierno?
–El ajuste fiscal se va a hacer: lo pueden hacer con un programa económico o lo hará el mercado. Si se hace con un programa económico, el Gobierno puede decidir quién hará el ajuste y lo lógico sería que lo hagan los usuarios de servicios públicos. Si no se hace el ajuste con un programa, lo hará el mercado y será un ajuste inflacionario, en el cual los grandes damnificados serán los jubilados y los que reciben planes sociales. Si no hay financiamiento, el déficit va a caer. La pregunta es si se hace con un programa, bajando la tasa de inflación, o sin programa y con ajuste inflacionario.
–¿Qué significa que el ajuste lo haga el mercado?
–De lo que se conoce del programa, todavía no queda clara cuál es la política cambiaria. Lo único que se hizo fue una definición por la negativa de que no habrá un salto cambiario, pero no se sabe cuál sería la política monetaria y cambiaria. Si no se logra un acuerdo, que sería reducir el déficit fiscal vía ajuste de tarifas, queda un Banco Central que está interviniendo en el mercado para controlar el tipo de cambio oficial, donde además hay control de capitales, están pisadas las importaciones y hay un nivel de reservas netas cercano a cero. Si no se logra un programa que estabilice el mercado de pesos, habrá un ajuste cambiario e inflacionario. Ese será el ajuste del mercado.
–¿Qué estima que pasará con la inflación este año?
–Si se está anunciando un ajuste de tarifas y alguna medida para corregir el atraso del tipo de cambio del año pasado, eso acelerará la tasa de inflación de corto plazo por un ajuste del precio relativo. Pero después eso debería desacelerar. Dentro del marco del programa con el FMI, la principal medida para bajar la inflación es la reducción de la emisión monetaria. Lo segundo que hay que conseguir es que se mantenga la demanda de dinero, que haya confianza de manera tal que, en la medida en que haya inflación, todos demandemos más pesos para mantener el poder de compra. De esa forma, se estaría emitiendo menos, por un lado, y se estaría aumentando la demanda nominal para equilibrar el mercado de pesos. Las medidas como el congelamiento de precios o la creación de una empresa nacional de alimentos retrasan 70 años; está probado que no funcionan. En la medida en que el Gobierno quiera poner controles de precios, el mercado termina ajustando por cantidad, lo que en definitiva es desabastecimiento.
–¿Cómo se financiará el déficit, si solo un punto se puede cubrir con emisión monetaria?
–El FMI reintegraría parte de lo que se viene pagando el año pasado en concepto de capital, que serían US$3500 millones. No queda claro si lo reintegra todo en el primer año o a lo largo del programa. Guzmán también dijo que 0,9% del PBI de financiamiento vendrá de apoyo de los socios internacionales de la Argentina, que podría ser por ejemplo Rusia, pero con lo que está pasando con Ucrania será difícil que eso ocurra. Y el resto es emisión de pesos en el mercado local. Si hay 2,5% del PBI por financiar de primario más 1,5% del producto de intereses, son 4% del PBI. De ese total, solo un punto del producto puede ser financiado por el Banco Central y otro poco más de un punto vendría de los organismos multilaterales y de los desembolsos del Fondo. El resto será a través del mercado doméstico, bajo el supuesto de que la monetización de la economía se mantenga y de que el déficit primario realmente baje a 2,5%.

–Y, además, hay que acumular US$5000 millones de reservas…
–Para cumplir con esa meta es necesario un ingreso de capital del sector privado de US$2400 millones.
–¿Es viable eso?
–De nuevo, la clave es la demanda de pesos: si se mantiene la monetización y habrá una inflación en torno al 55%, la pregunta es de dónde salen esos pesos. Si el Banco Central no emite tanto para financiar al Gobierno, esos pesos tienen que salir de compras de reservas que el Banco Central le haga al sector privado.
–No responde la pregunta...
–¿Me está preguntando entonces si el programa va a generar confianza? Un ajuste fiscal es recesivo por definición, a menos que generes confianza en el sector privado. Por lo tanto, si no se genera confianza, el programa será recesivo y comenzarán a aflorar los problemas políticos a menos de un año de la elección presidencial. Yo creo que se va a firmar un programa, que comenzará con ajuste fiscal, que será un ajuste de tarifas y un movimiento cambiario más rápido. Esto generará una aceleración inflacionaria por cambios de precios relativos, hará que aumente la demanda de pesos y en el corto plazo generará menores desequilibrios en el mercado de pesos, y eso, consecuentemente, generará menor presión en el mercado de cambios. Pero como es muy difícil que un programa de la Argentina con el FMI genere confianza en el sector privado de manera que compense el ajuste en el sector público, posiblemente el programa termine siendo recesivo y, en ese momento, las mayores presiones serán las políticas a un año de la elección presidencial.
–¿Qué cree que se priorizará ahí, las presiones políticas o el acuerdo con el FMI?
–Habrá que ver si el Gobierno está dispuesto o no está dispuesto a mantener el programa y a pagar los costos de un programa posiblemente recesivo en cuanto a los temas económicos, sociales y, por ende, políticos. Si está dispuesto a pagar los costos, lo más probable es que se esté en un escenario partiendo de niveles de pobreza muy elevados, con recesión y ajuste del precio relativos, con creciente mal humor social. Y si no estás dispuesto a seguir con el programa de ajuste y se empieza a aflojar y se vuelve de nuevo a la emisión monetaria, entonces empezará a haber presión en el mercado de cambio, pérdidas de reservas del Banco Central, más brecha y más inflación.
–Hay un economista que suele decir que no se pueden agarrar tres gallinas al mismo tiempo. ¿Coincide? ¿Se puede ajustar y ganar las elecciones?
–Sí, coincido completamente. Acá no hay una elección entre ajuste sí o no. La pregunta es si lo hago con un programa o lo hace el mercado. Porque en el momento en el que hay un déficit fiscal que nadie está dispuesto a financiar, eso significa que los argentinos no estamos dispuestos a demandar ni activos en pesos ni pesos. Entonces, cada vez que el Gobierno emite pesos para financiar el déficit, son pesos excedentes que me aceleran la tasa de inflación. Eso es el ajuste que hace el mercado. Se puede reducir el déficit fiscal, reducir las presiones del mercado y tratar de generar un programa que otorgue cierta estabilidad y que, tal vez, después genere crecimiento. O se puede dejar la reducción del déficit fiscal por falta de financiamiento a la buena del mercado. Nadie prefiere ajustar, pero no es una alternativa viable no hacerlo. Si el ajuste se hace con un programa, el ajuste lo harán los consumidores de tarifa, fundamentalmente; sin programa, el ajuste es inflacionario y lo paga el que no pueda cubrirse de la inflación, como los jubilados, los que cobran planes sociales y los asalariados.
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