Boom de importaciones: fuerte mensaje de Paolo Rocca a sus empleados
Fue a mediados de diciembre; en tanto, la cámara metalúrgica informó una fuerte contracción de la actividad en 2025, con uso deprimido de plantas y mayor ingreso de productos chinos
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Con pantalón de vestir y camisa, sin saco ni corbata, micrófono en mano y frente a unas 10.000 personas, Paolo Rocca eligió cerrar 2025 con un mensaje directo. Fue el 13 de diciembre, en Campana, durante el acto de fin de año de Tenaris, cuando el CEO del Grupo Techint advirtió que el futuro del desarrollo energético argentino no se juega solo en la magnitud de las inversiones, sino en la capacidad de fabricar en el país los insumos industriales que demandan esos proyectos.
“Vamos a hacer todo lo posible para contrastar importaciones desleales y poder crear trabajo en estas cadenas extraordinarias”, afirmó, en una referencia implícita al avance de productos importados —en especial desde China— sobre la industria local.
Pocas semanas después, los números terminaron de ponerles cifras a esa advertencia. Según el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra) difundido este martes, la industria metalúrgica cerró el año pasado en su peor nivel desde la pandemia.
En diciembre, la producción cayó 7,1% interanual y 1,3% frente al mes previo, mientras que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 44%, uno de los registros más bajos de los últimos años.

En el acumulado anual, la actividad retrocedió 0,9% respecto de 2024 y quedó casi 20% por debajo de sus máximos recientes.
El deterioro fue amplio y persistente. Siete de los ocho sectores relevados mostraron caídas interanuales, con descensos especialmente profundos en fundición, autopartes, bienes de capital y equipamiento eléctrico.
El informe también destacó retrocesos en las principales cadenas de valor, como construcción, automotriz y consumo final, y subrayó que incluso los rubros vinculados a energía, petróleo y minería continuaron en terreno negativo, sin capacidad para revertir la tendencia general.

En paralelo, el frente externo acentuó la presión. Las importaciones metalúrgicas se ubicaron en niveles históricamente elevados, con un crecimiento interanual del 18,9% y un avance promedio mensual del 3,5% desde mediados de 2024.
China se consolidó como el principal origen de esos bienes, seguida por Brasil y Estados Unidos, mientras que las exportaciones permanecieron estancadas. Para Adimra, la combinación de demanda interna débil y mayor penetración importadora explica buena parte del uso deprimido de plantas y la pérdida de actividad.
A comienzos de diciembre, durante el encuentro anual de Propymes, el presidente del Grupo Techint volvió a reclamar una apertura “inteligente” de la economía frente al avance de las importaciones, en particular desde China. En ese evento compartió escenario con Patricia Bullrich, representante del Gobierno de Javier Milei en el Senado, y alertó que la combinación de consumo interno deprimido, aranceles externos y competencia importadora estaba generando “mucha angustia” en la industria. “Ahora, además de nivelar la cancha, hay que defender profundamente la estructura industrial”, sostuvo ante empresarios y proveedores del holding.
Ese contexto ayuda a entender la preocupación del grupo. Techint fue proveedor de tubos para obras emblemáticas como el Gasoducto Perito Moreno (exNéstor Kirchner) y el oleoducto Vaca Muerta Sur, dos de los proyectos de infraestructura energética más grandes de las últimas décadas. En el sector advierten que la competencia internacional, con precios más bajos —especialmente desde Asia—, empieza a ganar espacio incluso en iniciativas estratégicas para la exportación.
La discusión se da en un momento clave para la agenda energética. El proyecto más avanzado de exportación de gas natural licuado (GNL) es el que impulsa Southern Energy, integrado por Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. El desarrollo, que se emplazará en Río Negro, prevé iniciar exportaciones en 2027 y fue uno de los primeros en adherir al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El avance de ese esquema expone una tensión de fondo. Desde su reglamentación, el RIGI ya aprobó proyectos por más de US$25.000 millones, concentrados de manera abrumadora en energía y minería. Con los emprendimientos en evaluación, el monto total supera los US$60.000 millones, pero más del 97% corresponde a sectores intensivos en capital y con bajo impacto directo sobre el empleo, mientras que los proyectos industriales representan una porción marginal.

El contraste se refleja en el mercado laboral. Según un informe de Econviews, el empleo privado asalariado sigue en retroceso: entre octubre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 182.000 puestos registrados, de los cuales 58.000 correspondieron a la industria manufacturera. En paralelo, los sectores más dinámicos —como minería e intermediación financiera— expandieron actividad sin generar empleo en la misma proporción.
A ese diagnóstico se suma el desempeño todavía débil de las actividades intensivas en empleo. Según el Indec, la industria se ubica entre 5,5% y 6% por debajo de los niveles de fines de 2024 y noviembre de 2023, mientras que la construcción muestra una caída de 24,1% respecto de noviembre de 2023, en un contexto de fuerte ajuste de la obra pública.
Ese deterioro ya se percibe en casos concretos. Pablo González, secretario general de la UOM de Villa Constitución, advirtió ayer que Acindar planteó formalmente que le “sobran” 300 contratistas y 160 trabajadores propios. Según explicó, la empresa evalúa avanzar con un Procedimiento Preventivo de Crisis, mientras la producción “sigue amesetada y cayendo”. De acuerdo con el gremio, la planta pasó de niveles cercanos a 1,2 millones de toneladas en años previos a 665.000 en 2024 y alrededor de 645.000 en 2025.
El debate excede al sector metalúrgico. De acuerdo con estimaciones de Fundar, la industria explica cerca del 18% del PBI y concentra alrededor del 11% del empleo, mientras que petróleo y minería, con casi 5% del producto, generan menos del 1% de los puestos de trabajo. Desde esa óptica, el desafío del RIGI y del boom energético no es solo exportar más, sino definir cuánto de ese impulso se traduce en producción local, encadenamientos industriales y empleo registrado. En ese sentido, la metalurgia cumple un rol transversal: abastece de bienes intermedios y equipos a cadenas clave como energía, construcción, automotriz y agroindustria.
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