
Incluyó el cambio del signo monetario, el congelamiento de precios y salarios, y aún se recuerda el curioso y exitoso desagio a veinte años del Plan Austral
Diez años y diez días después del "rodrigazo", la Argentina asistió al anuncio del plan de estabilización que permitió al gobierno de Raúl Alfonsín doblegar una inflación que había llegado a niveles del uno por ciento diario y a soñar con la reforma de la Constitución y la reelección, la mudanza de la capital del país a Viedma y la creación de un "tercer movimiento histórico", que ocupara el centro de la escena política, como había ocurrido con el radicalismo primero y el peronismo después. El éxito inicial del plan, de cuyo lanzamiento se cumplirán 20 años pasado mañana, permitió a la UCR infligir al peronismo -que hasta 1983 no había perdido una elección nacional- la tercera derrota consecutiva. Las anteriores habían sido en las presidenciales de 1983 y en el plebiscito por el arreglo limítrofe con Chile en 1984, en el que el PJ estuvo dividido.
La situación económica heredada por la presidencia de Alfonsín era catastrófica, con la deuda comercial en moneda extranjera en cesación de pagos y una inflación en alza. "Un exceso de optimismo en las respuestas favorables del exterior y una evaluación equivocada que hizo pensar en reiterar los métodos de la administración de Illia llevaron al gobierno a desperdiciar el margen de confianza con que se iniciaba", señala Roberto Cortés Conde en "Progreso y declinación de la economía argentina".
En 1985, Alfonsín reemplazó al ministro de Economía Bernardo Grinspun por Juan Vital Sourrouille. El 14 de junio se congelaron los precios y también los salarios, luego de aumentar éstos el 22,6%. La moneda, que era el peso argentino, fue sustituida por el austral. Mil pesos argentinos se transformaron en un austral.
Se estableció el "desagio", una fórmula para retrotraer los valores de contratos y valores indexados. El gobierno se comprometió a no emitir moneda sin respaldo. "El plan tuvo un resonante éxito inicial. La inflación se detuvo. Lo sorprendente fue que no se necesitaron controles policiales ni amenazas a los comerciantes para que se respetara el congelamiento de precios. Tampoco hubo desabastecimiento ni mercado negro", relata Cortés Conde. "La recesión de los últimos nueve meses se detuvo, dando lugar a una fuerte recuperación. El salario real mejoró, pero sobre todo hubo un fuerte aumento de su poder de compra", explica el historiador. Las cosas se complicaron en 1987 y la inflación comenzó a despertar.
El gobierno sufrió en septiembre un fuerte golpe, al ser ampliamente derrotado en los comicios de legisladores y gobernadores de septiembre. Como sólo había triunfado en dos provincias, se decía en broma que la sigla UCR quería decir "únicamente Córdoba y Río Negro".
En 1986, frente a evidentes deslizamientos de precios, se había pasado del congelamiento a un régimen de precios administrados, en que también hubo una devaluación que no llegó al cuatro por ciento.
"Sin embargo, continuaba el déficit fiscal, incompatible con esas pautas. La base monetaria prácticamente se triplicó entre junio de 1985 y febrero de 1987", recuerda Cortés Conde. "Al perder las elecciones de 1987 comenzó el deslizamiento final del gobierno radical", explica.
"El déficit el sector público ascendió en 1987 a más del 7% del PBI, incrementándose alrededor del 70% respecto de 1986. El último intento del gobierno por llegar en buena posición a los comicios presidenciales de mayo de 1989 fue el Plan Primavera, que estalló con una fuerte devaluación en febrero.
El austral fue la moneda desde el día siguiente a los anuncios. No había billetes nuevos, por lo cual los de 1000 pesos argentinos -la línea desplazada- eran sellados con la leyenda "un austral". Era una moneda de tanto valor que hubo valores de medio centavo. La hiperinflación llevó luego a imprimir billetes de 500.000
Cambios y errores
Tal vez la memoria del fracaso del congelamiento de precios aplicado por el peronismo en 1973, que generó aumentos, mercado negro y desabastecimiento, hizo salir tempranamente al plan austral de los precios fijos su reemplazo por un esquema de administración.
"No habían pasado nueve meses cuando el equipo económico, frente a las presiones por reacondicionar los precios y recordando las graves distorsiones producidas durante el congelamiento de 1973 y los shocks posteriores, decidió abandonar el congelamiento y pasar, en abril de 1986, a un régimen de administración de precios", señala Cortés Conde. Los deslizamientos continuaron hasta retornar a la inflación.
Otro error, para Cortés Conde, fue designar ministro de Trabajo al sindicalista peronista Carlos Alderete como parte de las estrategias para "un absurdo intento de reformar la Constitución" que permitiera la reelección de Alfonsín. Para el historiador, Alderete puso en vigor normas laborales que suscitaron aumentos y volvieron a empujar la inflación.




