La Argentina y su socio principal transitan un camino de reformas

Dante Sica
Dante Sica PARA LA NACION
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26 de noviembre de 2017  

"Sólo los insensatos no ven que Brasil necesita urgentemente reformas después de la tragedia de 30 años de gobiernos que oscilaron entre aceptables y mediocres", aseguró recientemente Delfim Netto, ex ministro de Hacienda de Brasil. Como en un espejo, la Argentina también comenzó a transitar el camino de las reformas estructurales para mejorar su competitividad, luego de varios años de pobres resultados económicos.

Este año cortó la racha negativa en los dos países y ambas economías entraron en ciclos de recuperación, convergiendo en políticas monetarias, metas de inflación y objetivos fiscales, y generando expectativas en los inversores que ven en esta sintonía una señal histórica. Aunque con más dilación que la Argentina, Brasil dejó atrás la peor recesión en su historia y transita por un optimismo sobrio, con una recuperación del 0,7% este año, superando una caída del 3,6% en 2016 y con indicadores que reflejan mejoras graduales pero consistentes en industria y retail, y con índices positivos en la confianza de consumidores y empresarios.

Mientras que durante este año la disparidad en torno al ritmo del crecimiento entre los dos países impactó de lleno en el déficit comercial bilateral, la consolidación en Brasil de un escenario de crecimiento cercano al 2,5% y un real estable en 2018, impactará en una mejora sustancial de las compras de nuestro principal socio comercial al exterior, beneficiando por supuesto a las exportaciones argentinas y a moderar el rojo bilateral durante el año próximo.

Pero, más allá de las preocupaciones circunstanciales por el déficit bilateral o los indicadores de corto plazo, el interrogante clave es si estamos frente a un mero rebote cíclico de la actividad o si nos encaminamos hacia un círculo virtuoso de crecimiento sostenido que, por primera vez en décadas, nos permita confluir hacia las economías desarrolladas.

El punto de partida es desafiante. En primer lugar, las dos economías deben ajustar, aunque sea de manera gradual, elevados niveles de déficit fiscal. En concreto, es indispensable consolidar una trayectoria estable de la deuda pública hacia 2021, y eso requiere un esfuerzo fiscal cercano a 4,5 puntos porcentuales del PBI en los dos países.

Un segundo limitante es la exigua inversión. Tanto Brasil como la Argentina arrastran una debilidad estructural con tasas de inversión cercanas al 20% del PBI, comparables con las de economías de países avanzados que ya cuentan con un amplio capital acumulado. Difícilmente se pueda revertir la tendencia de escaso crecimiento de las últimas décadas sin un aumento sustancial de la inversión.

En el caso de la Argentina se suma la inflación, descendente pero más lento de lo esperado, como un elemento distorsivo que daña las perspectivas de crecimiento a mediano plazo. En Brasil, el escenario político incierto ante las elecciones generales de octubre de 2018 (se vota presidente, todos los gobernadores, se renuevan todas las bancas de diputados y dos tercios del Senado) repercute en una postura cautelosa de los inversores. En San Pablo, el ex ministro Rubens Ricupero asegura que luego de cuatro años de constantes palpitaciones, lo que Brasil quiere es un presidente que represente la garantía de tranquilidad, estabilidad, crecimiento y, sobre todo, mejora del nivel de vida. Nadie quiere aventuras, advierte.

La buena noticia es que las reformas necesarias para sentar bases sólidas para un crecimiento sostenido ya comenzaron y, pese a algunas resistencias aisladas, existe consenso político y social de que el statu quo no es una opción. La necesidad de una mayor integración al mundo ya no está bajo discusión. De hecho, encuestas recientes de Latinobarómetro, del Intal, reflejan que las sociedades argentina y brasileña comparten un amplio apoyo (siete de cada diez) a la globalización y a la integración económica. Tampoco resulta llamativa la decisión de ambos países de adaptar la legislación laboral a un nuevo contexto económico. Una mayor flexibilidad en las relaciones laborales es un hecho consumado y crecientemente necesaria frente a los desafíos de las nuevas tecnologías.

En un mundo expectante, estas historias análogas de cambio estructural en economías acostumbradas al proteccionismo y el control estatal resultan atractivas para los inversores. La clave para mantener el interés pasará por sostener el proceso de reformas, logrando articular las necesidades coyunturales con una visión prospectiva sobre las fuentes de crecimiento en el largo plazo, focalizando los esfuerzos en el desarrollo de una economía de la innovación y el conocimiento que vuelva a ubicar a la Argentina y Brasil como líderes indiscutibles de América latina.

El autor es economista y director de la consultora Abeceb

Por: Dante Sica
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