
La ciencia como modo de vida
El Conicet otorga becas para hacer el doctorado y el posdoctorado, además de la posibilidad de seguir la carrera de investigador, que en un principio cobra $ 6552 mensuales
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"Es diferente buscar empleo dentro del ámbito de la ciencia que en cualquier otra disciplina. Hay vocación pura", dice el doctor Eduardo Charreau, ex director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y actual director de la fundación Ibyme. Charreau, que ocupa en la Academia Nacional de Medicina el sitial número 5, precisamente el que fue de Bernardo Houssay, conocía el paño ya que había sido discípulo de quien logró el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947. Sentado en su escritorio del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), es categórico cuando se le pregunta cómo era Houssay: bravísimo.
"Tenía una conducta sumamente rígida, estricta y austera. Si quedaba en mantener una reunión al día siguiente a las 10, iba a estar presente puntualmente sin importar ninguna clase de contratiempo y pretendía lo mismo de quienes trabajaban con él. No se desviaba de su objetivo. Después se iba caminando para no gastar en tranvía ya que tenía que mantener a la familia. A eso había que sumarle una capacidad de trabajo ilimitada y una memoria prodigiosa."
Recuerda Charreau que este hombre tan importante en la historia de la ciencia argentina, a los 17 años ya era farmacéutico. En 1958 fue el primer director del Conicet y quien, según Charreau, "logró instalar la convicción de que la investigación es una profesión de la cual se puede vivir". De todas maneras, queda claro que el salario no es el objetivo de quien tiene dedicación completa.
¿Se gana dinero en esta profesión? "¿Se es feliz ganando dinero?", devuelve el ex director del Ibyme. Y agrega: "Claro que hay que debatir cuán ético es tener gente apasionada que no puede pagar el alquiler, aunque hay que admitir que en los últimos años subieron mucho los sueldos de los investigadores".
Según el gerente de Recursos Humanos del Conicet, el ingeniero Alberto Arleo, en 2004 un investigador de inicio ganaba $ 1000, mientras que ahora esa misma categoría percibe 6552 pesos. "Cuando salimos a comparar con países vecinos como Chile o Brasil, sin ir a Europa o Estados Unidos, se nota que en dólares todavía estamos abajo en salarios para científicos, no así en salarios de la administración pública. El sector de la ciencia se ha beneficiado, pero sigue faltando mejorar más porque los requisitos que se les pide a los científicos son mayores a los de cualquier trabajo."
Cómo llegar a la beca
El promedio cuenta, y mucho. Así lo aclara la doctora Damasia Becú, actual directora del Ibyme. "Lo principal es que todos los aspirantes hayan sido muy buenos alumnos en la facultad", explica.
Los futuros becarios empiezan haciendo pasantías en las cuales participan de proyectos de investigación. "Se nota una gran vocación. Nadie lo ve como un trabajo más. Los jóvenes que ingresan están ávidos de hacer experimentos, de aportar al conocimiento."
En este instituto, en el cual trabajó también otro premio Nobel, esta vez en Química (1970), Luis Federico Leloir, se puede investigar en el campo de la endocrinología, neurociencias, la inmunología, la reproducción y el cáncer. "Tenemos becarios que vienen de todo el país. Quizá quienes fueron a un colegio privado tienen un poco más de ventaja porque el inglés es fundamental si se quiere ser investigador, pero en realidad para mí lo más importante es la garra", dice Becú. El 90% de todo el material de lectura es en inglés, y también es importante para hacer publicaciones en prestigiosas revistas científicas reconocidas en el mundo.
El promedio general de las notas de la carrera que se exige para entrar al Ibyme ronda alrededor del 9, pero esto depende de la media histórica de las universidades, ya que hay algunas que son más exigentes que otras en cuanto a sus calificaciones. "La excelencia es la UBA [Universidad de Buenos Aires], por ahora, por lo menos en la rama de la biología, la bioquímica y la biotecnología", afirma Becú.
Pero si algo le falta a la nueva generación es, según la directora del Ibyme, la práctica para escribir. "Noto que no pueden expresar por escrito y correctamente sus ideas."
Por último, esta apasionada investigadora, que dice que una de las áreas en las que más se avanzó es en el tratamiento contra el cáncer, habla de esta manera a los jóvenes que sueñan con seguir los pasos de Houssay, Leloir o César Milstein, también con un premio Nobel en su haber: "Si están pensando en un trabajo no rutinario que llene sus expectativas; si quieren aportar a la humanidad, pero también divertirse ya que nadie del Conicet les va a decir qué es lo que tienen que investigar; si están dispuestos a la frustración y a no ganar mucho dinero, pueden aspirar a una beca de investigación", y aclara, en tono jocoso, que si dos investigadores se casan van a estar en problemas, pero también que después de cuatro años, con el doctorado en la mano, tienen abiertas las puertas del mundo.
Un paso más allá
Después del posdoctorado se puede aspirar a la carrera de investigador del Conicet. "Houssay decía que la ciencia no tiene patria, pero el científico sí, y que en algún momento debían volver a la Argentina", concluye Becú. Es el caso de Mariano Buffone, de 35 años, apasionado por el mundo de la investigación desde los siete. Se recibió de bioquímico en la UBA, logró su doctorado y se fue a Estados Unidos en 2005 tentado por la Universidad de Pennsylvania para hacer su posdoctorado, con todos sus gastos pagos.
Especializado en reproducción, y después de cinco años, aprovechó el programa de repatriación, a través del cual ya volvieron 800 científicos al país y hoy es investigador del Conicet, en el Ibyme, una entidad soñada por Houssay independiente y apartidaria, que es vital para el desarrollo del país.
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