La cobranza de la mora es un trabajo que paga muy bien
Bancos, inversores, abogados y empresas que reclaman incobrables se reparten el negocio
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La mora puede sonar como una pesadilla para todo aquel que quiere dormir tranquilo sin deberle nada a nadie o ser un simple sello que transforma un documento impago en un juicio ejecutivo. Pero para muchas personas también significa un negocio del que se puede obtener una recompensa a cambio de los servicios prestados para lograr aquello en lo que otros fracasaron: cobrar la deuda incumplida.
Luego de la crisis de 2001, se multiplicaron las deudas en mora en la Argentina y, junto con ellas, también las empresas que comenzaron a dedicarse a perseguir deudores escurridizos. Hoy, la cantidad de morosos en el país sigue en franco crecimiento y alimenta un negocio que comienza en su mayor parte en los bancos y de allí nutre a empresas de cobranzas, estudios jurídicos e inversores privados.
Según explican desde una importante entidad bancaria, el 80% de la mora en el país se origina en los grandes bancos que derivan sus deudas a los otros actores. "La primera etapa, de una mora de 120 días, pasa a empresas de cobranza especializadas, que pueden ser masivas o boutique ; si allí no hay éxito, va a estudios jurídicos y se traba embargo, y si ahí tampoco se logra nada, se vende una cartera a inversores privados que luego reparten la tarea entre distintos cobradores", cuenta la fuente.
Firmas grandes como MO&PC (con 900 empleados) y Marcelo H. Pena (400), o boutiques , como Action Services o ET & Asociados, actúan en la primera etapa; estudios como Bartolomé Group y Razaquin Goñi intervienen en la segunda, mientras que diversos inversores privados compran una cartera y la reparten entre distintas empresas de cobranzas, como puede ser Morosos Incobrables.
El negocio es suculento. Sólo los bancos privados inyectan en el circuito de la mora entre $ 15 y 20 millones por mes cada uno; mientras que los nacionales aportan entre $ 25 y 30 millones mensuales. Pero también hay firmas financieras, como Carta Azul, Carta del Plata o Tarjeta Naranja, entre otras, que aportan gran número de morosos, pero menor volumen de dinero. Se ve de todo en el mundo de la mora, pero finalmente hay una parte que se recupera.
Las firmas de la primera etapa cobran 30% de lo recuperado; los estudios jurídicos, alrededor de 20%; los inversores que compran carteras se quedan con 2% por caso, y las empresas cobradoras a las que estos últimos derivan la tarea reciben un honorario de 10% de lo cobrado. En todos los casos hay que descontar los gastos, que en su mayoría corresponden a salarios (se rigen por acuerdos de "comercio y servicios", que convinieron aumentos de 25% anual).
Aunque la venta de carteras se incrementó en los últimos años, desde un gran banco privado afirman que ese es su peor negocio y que sólo lo hacen cuando el tiempo de mora supera los 1000 días. "Sí les conviene a los inversores, que pagan 2% por cada deuda y se quedan con otro tanto, y a las empresas cobradoras que perciben un pago por sus servicios", señalan.
Con 37 años de experiencia en el rubro, José Paletta comenta cuáles son las fuentes de las que se nutre su trabajo. "Muchos pagarés, cheques rechazados y financieras que se borraron o quebraron fraudulentamente", enumera el hombre que fundó Morosos Incobrables y que participó en la investigación del llamado triple crimen de General Rodríguez.
Empresas como la de Paletta reciben 5% de la suma adeudada como adelanto para gastos, que luego devuelven si la deuda es saldada. Sus honorarios son de 10% del monto recuperado y corren a costa del deudor. Paletta aclara que nunca garantiza el cobro, sino que su tarea se rige por la ley de medios y su compromiso es hacer todo lo que esté a su alcance para cumplir con el objetivo planteado. "Cuando el trabajo se torna imposible, informamos en detalle al cliente las razones por las que no se puede seguir adelante", destaca.
Desde "muertos" de $ 3000 hasta "vagones" de 500.000, toda deuda es bien recibida en el negocio de la mora, que explotó luego de la crisis de 2001, se amesetó en 2005 y volvió a crecer a partir de 2007. "Las nuevas carteras son más sanas que las que se acabaron en 2005", destaca Eduardo Tiddens, director de ET y Asociados. La tarea de los cobradores también cambió. "Los que se dedican a esto deben ser profesionales en su área, ya que la gestión debe llevar implícito el fin de retener al cliente", opina Pablo Bartolomé, de Bartolomé Group.
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