La culpa no es del yuan, sino de la economía local

El gran problema que enfrenta la Argentina no es la devaluación de la moneda china, que puede ser un obstáculo, sino su decisión de mantener un atraso cambiario que la hace menos competitiva y la pone a contracorriente del mundo
Francisco Gismondi
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16 de agosto de 2015  

La devaluación del yuan no debería ser una noticia en sí misma. Es parte de un mundo que está dejando de ser tan favorable. Comparado con los problemas propios de nuestra economía y de otras noticias más cercanas, como la devaluación del real, la caída del precio de la soja o la recesión brasileña, es un juego de niños.

El mundo crece poco, arrastrando los pies, pero crece. Lo mismo pasa con el comercio internacional. El dólar se fortalece, las tasas de interés están en valores mínimos pero amagando a subir en los próximos meses, los precios de lo que exportamos ya no son los mejores de la historia, pero tampoco se puede decir que son malos. Se terminó el viento de cola de la última década, no mucho más que eso por ahora. Posiblemente el dólar fuerte es el problema central que influye en las devaluaciones de las monedas y las commodities.

Claro que Brasil está en recesión y, por tamaño y cercanía, nos afecta más que el resto del mundo. Además reconoce la devaluación de su moneda respecto del dólar, como casi todos los países incluyendo ahora a China, y tiene una crisis política que asusta. En ese contexto, la devaluación del 4,4% del yuan en tres días no es para tanto. Si bien es una noticia global, porque China no da este tipo de noticias todos los días, realmente nos afecta mucho menos que la devaluación del real.

La Argentina, en cambio, no crece desde hace cuatro años, casualmente cuando desde el Gobierno se decidió que tengamos un cepo cambiario que incluye serias trabas al comercio y al flujo de capitales. Además, por la inflación que no baja del 25% anual y la "tablita cambiaria" venimos acumulando un atraso cambiario que ya afecta a la producción, sobre todo en el caso de las economías regionales.

Nos volvimos caros para el mundo, al menos al tipo de cambio oficial y teniendo en cuenta que nuestra productividad viene en baja (en buena parte por las trabas que se imponen desde el Gobierno). Por falta de competitividad y por trabas formales al comercio internacional, más que por la demanda de Brasil, las exportaciones caen incluso más que las importaciones.

Entonces, la devaluación del yuan es como la gota que puede rebalsar el vaso. Un vaso que se podría "pinchar" si dejamos de aferrarnos a la tablita cambiaria. Es lo que hacen Brasil y China, pero también Chile o Uruguay. Si se fortalece el dólar en el mundo, lo peor que podemos hacer es atarnos a la moneda que puede agravar nuestros problemas preexistentes. Claro que, por supuesto, esto no va a pasar en momentos electorales.

Si aisláramos la devaluación del yuan, suponiendo que nada cambia a nuestro derredor, entonces podemos analizar algunas consecuencias directas.

Por ejemplo, como el Banco Central tiene yuanes dentro de las reservas, podemos ver que las reservas caen marginalmente con la devaluación. Pero cae el activo junto con el pasivo en algo más de US$ 300 millones. Lo que se cae marginalmente es la careta del maquillaje de las reservas. Esos yuanes no sirven para parar una corrida o para cancelar obligaciones reales. Si no las consideramos "reservas reales" no podemos asustarnos cuando caen un poco.

También podríamos analizar que perdemos competitividad respecto de China, que los productos chinos se ponen más baratos todavía y que nuestros productos de exportación pueden bajar de precio por la menor demanda desde China. Pero el comercio hoy está muy regulado, no entran exportaciones si no lo permiten nuestras autoridades y los precios de las commodities bajan en dólares, porque en realidad lo que se fortalece es el dólar y somos de los pocos que no queremos reconocerlo. Entonces, la consecuencia va a ser que nuestro gobierno saliente va a tener que reforzar los controles a las importaciones.

El resto de las inversiones chinas, para las represas por ejemplo, no debería estar en riesgo y este tema del precio relativo de los yuanes no las afectan.

Taxista en contramano

Entonces, más que mirar para afuera para buscar problemas que no existen tenemos que mirar para adentro y ver que tenemos un atraso cambiario relevante, porque el peso se devaluó y no queremos reconocerlo. Y como si eso fuera poco seguimos teniendo una inflación muy alta en un mundo que ya no tiene inflación, con lo que el peso se sigue devaluando día a día y el dólar se fortalece en el mundo contra casi todas las monedas que, por ser flexibles o por decisiones de política, lo están reconociendo, mientras nosotros escondemos la cabeza como el avestruz.

Lo que tenemos que hacer, en lugar de encontrar culpables por todos lados, es sacarnos las anteojeras, mirar lo que ocurre alrededor y permitir que nuestra economía sea más flexible para adecuarse a un mundo cambiante. Si no estamos como el taxista del cuento, que manejando a contramano por Avenida del Libertador, al escuchar por la radio que hay un loco manejando a contramano, responde exaltado que no hay uno, ¡hay miles!

El trajín de la moneda china

En tres días, el gigante asiático provocó la mayor depreciación de su billete en años

Fuente: LA NACION

Martes 11

La mayor en décadas

China devaluó casi un 2% el yuan con respecto al dólar, la mayor en dos décadas

Miércoles 12

Menor nivel desde agosto

Cayó a 6,44 unidades contra el dólar, su menor nivel desde agosto de 2011

Jueves 13

Fin de ajuste

Con otro ajuste de 1,1%, China devaluó en total su moneda 4,6%

  • El autor es economista

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