
La deflación es un fenómeno desconocido para la gente, que ya lleva tres años de recesión y caída en los precios
En agosto, el arroz, el pollo, el jamón y las naranjas costaron menos que diez años atrás
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Días después de que el Gobierno anunció, en julio último, que iba a pagarles un 13% menos a sus empleados, jubilados y proveedores, un inquilino del distinguido barrio de La Horqueta, en el partido bonaerense de San Isidro, llamó al propietario para "renegociar" su contrato de alquiler. "Yo también le voy a rebajar el 13%", se impuso el inquilino.
Las empresas, desde las pequeñas hasta las grandes, están imitando al Estado al rebajar desde hace un año sus pagos a proveedores desde el 10% hasta el 20%, según reconocían los participantes del Salón de Enlaces Industriales, celebrado hace dos semanas en Buenos Aires. "He escuchado que están renegociándose los montos", dijo Eleazar López, representante de Imacove, una compañía de mantenimiento de flotas de autos. "La empresa les informa a sus proveedores cuánto les va a pagar, algo que hace unos años empezaron haciendo los grandes supermercados en su lucha por el precio. Si te gusta, bien, y si no, aguantá", explicó López.
Un país que hasta hace apenas una década había debido adaptarse a vivir con inflación ahora trata de adaptarse a la deflación, es decir, la caída sostenida y generalizada de precios. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el inicio de la deflación se remonta a 1996, cuando la economía aún crecía, pero se acentuó a partir de la recesión iniciada hace tres años y tres meses.
Los precios minoristas de productos de consumo masivo (alimentos, bebidas y artículos de limpieza) cayeron un promedio del 10 por ciento entre junio de 1998 y el mismo mes de este año, según la consultora CCR. La cadena de disquerías Musimundo justificó, entre otros motivos, su reciente pedido de convocatoria de acreedores ante la Justicia por las rebajas del 15 por ciento en libros y música y del 20 por ciento al 30 por ciento en artículos de informática y audio, durante la prolongada recesión. Los valores de los inmuebles se contrajeron. "Los vendedores quieren mantener los precios antiguos, pero no consiguen nada", describió José Carignano, socio de la inmobiliaria Carignano & Vallejo. "Después terminan dándose cuenta de que sólo se puede vender al 20% menos", admitió, en referencia a la situación del último año.
Los alquileres, mientras tanto, cayeron aún más: entre el 30% y el 40%, según Carignano. "Hay pocos demandantes. Los buenos inquilinos, con suficiente poder adquisitivo, se compran un inmueble a crédito. Quedan sólo los que no pueden justificar ingresos o los que no tienen garantías", declaró Carignano. "Los valores de los alquileres se modifican en pleno contrato y los dueños aceptan, porque prefieren que les paguen menos que quedarse con el inmueble vacío y con las expensas encima", relató.
El índice de precios al consumidor (IPC) de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, difundido esta semana por el Indec, demuestra que las mayores bajas desde 1999 se registraron en la indumentaria (9,92%), equipamiento y mantenimiento del hogar (3,33%) y alimentos y bebidas (3,05%). En menor medida se replegaron los costos del esparcimiento (2,97%), la educación (98,22%) y la vivienda (0,89%). La merma generalizada se contrapone con el aumento desde 1999 en transporte y comunicaciones (1,39%), atención médica y gastos para la salud (2,57%) y bienes y servicios varios (3,19%).
Las estadísticas oficiales no evidencian cifras aparentemente grandes de deflación, pero los economistas advierten que son promedios que no siempre reflejan acabadamente la realidad, aunque sí marcan una tendencia de lo que está sucediendo. Por ejemplo, el Indec mide cómo varió el precio de una leche de marca líder, pero no tiene en cuenta que la mitad de los consumidores dejó de comprarla para empezar a adquirir una segunda marca .
En el detalle de la estadística de agosto del Indec se revela que las mayores contracciones se produjeron en los siguientes sectores: textiles para el hogar (14,51%), adquisición de vehículos (12,6%), equipos y servicios de audio, televisión y computación (7,21%), servicios para el cuidado personal (5,85%), servicios diversos (10%), comunicaciones (3,86%), turismo (4,94%) y textos y útiles escolares (4,53%).
En cambio, cuestan más caros las cocinas, cubiertos y vajillas (0,81%), los servicios para la salud (4,93%), el transporte público de pasajeros (5,79%), el mantemiento de vehículos (8,88%), los juguetes y artículos de deportes (1,29%), las flores, plantas y atención de animales domésticos (3,25%), servicios de esparcimiento (3%), los cigarrillos (12,42%) y los artículos de tocador y belleza (3,16 por ciento).
También los salarios
El abaratamiento de algunos productos y el encarecimientos de otros se dio al compás de un mayor recorte de los salarios. Desde agosto de 1998 hasta el mes pasado los sueldos en el sector privado bajaron el 15% en promedio, según una encuesta a 200 empresas realizada por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL). El Estado acompañó este recorte de remuneraciones a partir de julio pasado para cumplir con el déficit cero.
Una de cada cuatro compañías privadas rebajó los sueldos. La cifra llegó al 30% entre las Pyme. El 28% del total de firmas impuso la quita a sus gerentes y el 24%, a sus operarios. Un 28% redujo las horas extras y el 31% las eliminó. Sin embargo, el 55% de los trabajadores trabaja más allá de su jornada sin recibir nada a cambio.
El 18% de las empresas que premiaban a sus empleados lo han dejado de hacer. Otro 18% achicó los premios. El 20% adelgazó las bonificaciones al personal jerárquico y el 24% las eliminó. El 11% suprimió el pago con tickets para compras en supermercados o restaurantes.
El 46% de las rebajas salariales se produce sin que los empleados puedan negociarlas. El temor al desempleo lo justifica. El 15% se resuelve en acuerdo con el sindicato y el 6% con la intervención de la comisión interna.
Lo mismo sucede con los plazos y montos de pago a los proveedores, según reconocían los empresarios Pyme que intervinieron en el Salón de Enlaces Industriales. "La cadena de pagos está destrozada", reconoció Claudio Rodríguez, ejecutivo de la autopartista y fabricante de electrodomésticos Bucciero. "Los hipermercados y cadenas de ventas de electrodomésticos retrasan los pagos de 90 días a 180", describió.
Los economistas discuten si la deflación de precios fue suficiente para compensar la baja de salarios o si las ofertas caen en saco roto porque se resintió el poder adquisitivo de los consumidores.
Valores en franco retroceso
Los servicios con tarifas fijas, como los de transporte público, sufren una gran caída de la demanda; otros bienes, como los combustibles, parecen menos flexibles y no acompañan la tendencia que comenzó en 1998 y no cambió hasta ahora.





