La importancia de construir redes invisibles para ayudar a personas en situación de vulnerabilidad

Martín de Dios, Omar Gutiérrez, José Del Rio (LA NACION), Micaela Urdinez (LA NACION) y Fernando Maldonado durante el panel "Redes Invisibles"
Martín de Dios, Omar Gutiérrez, José Del Rio (LA NACION), Micaela Urdinez (LA NACION) y Fernando Maldonado durante el panel "Redes Invisibles" Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Malavolta
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20 de agosto de 2019  • 15:50

"El futuro es construir más redes", dijo Micaela Urdinez, periodista de LA NACION durante la tercera edición de Sustentabilidad, un evento organizado por LA NACION en el Malba.

Del panel "Redes invisibles" moderado por José del Rio, secretario general de Redacción de LA NACION, participaron Urdinez, especialista en temas sociales, Fernando Maldonado, que se crió en la villa 21-24 de Barracas, es periodista y editor del diario El Católico de Caacupé, de la Villa 21, Martín de Dios, abogado y magister que junto a un grupo de ex alumnos del colegio Florida Day School fundó la ONG Lewet Wichi, y Omar Gutiérrez, futuro primer abogado de la comunidad wichi. Los expositores hablaron de la importancia de tejer redes para ayudar a personas en situación de vulnerabilidad.

Urdinez pertenece al proyecto de investigación "Hambre de Futuro", que busca poner en agenda la problemática estructural de la pobreza infantil y mostrar a chicos en situaciones vulnerables."La misma sociedad que cuando miraba a los chicos en esos contexto se quería comprometer, cuando ya eran adolescentes los trataba de villeros, vagos y pibes chorros. Eso limitaba las oportunidades de eso chicos", sostuvo.

En ese contexto nació "Redes invisibles", que cuenta la historia de chicos que rebaten los prejuicios y que tienen alrededor una red de personas que los ayuda. "Sólos no pueden, no alcanza con el esfuerzo, necesitan a una persona, una organización que los mire, cuide y dé confianza", explicó Urdinez.

José Del Rio y Micaela Urdinez, ambos de LA NACION, junto a Fernando Maldonado
José Del Rio y Micaela Urdinez, ambos de LA NACION, junto a Fernando Maldonado Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Malavolta

En este sentido, habló de la importancia de ampliar la mirada y ver cómo nos podemos comprometer con el futuro de los chicos. "En algo tan simple como acompañar a anotarse a la facultad, algo que puede parecer habitual para ellos es un montón. Capaz necesitan un referente, un tutor, un consejo. Podés donar plata, pero en el cotidiano hay redes invisibles informales", afirmó.

Y justamente esas redes invisibles son las que le permitieron a Maldonado y a Gutiérrez estudiar.

Maldonado tiene 27 años y se crió en la villa 2124 de Barracas junto a sus 10 hermanos. "Mi papá le encomendó a mis hermanos que yo estudiara y yo supe aprovechar la oportunidad", contó Maldonado durante el evento. Es el primero en su familia en recibirse. Terminó la secundaria y se anotó a un taller de periodismo, donde conoció a dos periodistas de LA NACION y ellas fueron las que lo acompañaron a anotarse para estudiar periodismo en TEA. Maldonado se recibió y luego estudió un posgrado en Periodismo de Investigación.

Maldonado contó que muchas veces cuando decía dónde vivía la gente se sorprendía y se sentía "sapo de otro pozo". "Ahí me dí cuenta de que existía ese prejuicio y me empecé a cuidar de decir dónde vivía", observó.

Para Maldonado fue fundamental la red invisible. "Las personas que aparecieron en mi vida fueron claves. Gracias a esa red pude ir tejiendo el camino. Sin ellos hubiera sido imposible", sostuvo.

Martín de Dios y Omar Gutiérrez contaron sus experiencias de superación
Martín de Dios y Omar Gutiérrez contaron sus experiencias de superación Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Malavolta

Gutiérrez, que también estuvo en el panel, tiene 25 años y nació en Misión Chaqueña, una comunidad wichi de Salta. Se mudó a Buenos Aires para estudiar abogacía y poder defender a su pueblo. Será el primer abogado de su comunidad.

"Acá me tuve que adaptar comos sea, nos discriminan por fisonomía y por el color de la piel", indicó. Además, contó que para él todo es más lento, su lengua materna es wichi y tiene que traducir todo del español. "Me cuesta el doble", explicó. "Me costó adaptarme, relacionarme y socializar. Estuvo siempre presente la discriminación", dijo.

Gutiérrez contó que tiene añoranza por volver, porque extraña el lugar donde nació. "Es importante que yo me reciba para ayudarlos, porque es una herramienta, y para que vengan otros chicos y se animen. Soy el guía", añadió.

De Dios es uno de los fundadores de la fundación que ayudó a Gutiérrez. "Conocimos a Omar y armamos el proyecto para que él pudiera cumplir su sueño de estudiar abogacía. Pensé en darle la oportunidad, porque para mí la carrera fue elegir, ya tenía todo garantizado. Para Omar está todo: aprender bien español, conseguir el lugar, que lo admitieran, que venciera ciertos miedos", resaltó.

De Dios explicó que el caso de Gutiérrez es importante, porque a partir de él muchos se pusieron en contacto con ellos para salir de la comunidad para estudiar. Para de Dios es fundamentar "derribar prejuicios, mejorar las redes y la educación". Y, en el caso de Ezequiel Baraja, coordinador deportivo y educativo de la Fundación Espartanos, que busca la inclusión social y bajar la tasa de reincidencia delictiva a través del rugby, la inclusión vino por el lado del deporte.

El deporte como fuente de reinvención

Y, en el caso de Ezequiel Baraja, coordinador deportivo y educativo de la Fundación Espartanos-que busca la inclusión social y bajar la tasa de reincidencia delictiva a través del rugby- la inclusión vino por el lado del deporte.

Según contó en el evento cuando era chico sus padres se separaron y sufrió de muchas necesidades económicas que lo llenaron de rencor y lo llevaron a delinquir, en principio, para conseguir elementos para jugar al fútbol, pero luego llegó a asaltar una estación de servicio armado y terminó en un instituto de menores.

De acuerdo con él, después de pasar por varias de estas instituciones, decidió de alguna forma que iba a terminar en la cárcel y, a los 18, ingresó en un penal y estuvo preso por casi 10 años por dos condenas.

Ezequiel Baraja
Ezequiel Baraja Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Malavolta

Pero, después de estar mucho tiempo enojado se sintió libre cuando en aislamiento leyó el libro "Lo que el viento se llevó" y participó en un primer partido de rugby.

"Eduardo ´Coco´ Oderigo, el fundador de Espartanos me da la pelota y me dice ´hay juego´. Recuerdo que la agarré y fui a chocar a uno que tenía enfrente que me dio un tacle que me tiró tres metros para atrás. Fue increíble. Descargué la carga negativa en ese golpe y esa fue la segunda sensación de libertad. Y ahí empezó a cambiar todo", contó.

Por último, dijo que el pasado para él es oscuridad, el presente oportunidades sin techo y el futuro la responsabilidad y la educación.

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