La industria de Brasil y el peso de los errores en la selva amazónica
La creación de una inmensa zona industrial de alta tecnología con bajos impuestos, con su centro en Manaos, ha provocado más daño que beneficio
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MANAOS (The Economist).- ¿Por qué ubicó Brasil su industria electrónica a 1750 kilómetros río arriba del Amazonas, en medio de la selva? La respuesta es más vieja que el país. Hay preguntas más urgentes: ¿alguna de las fábricas de Manaos, la mayor ciudad de la Amazonia, sobreviviría a la liquidación de las exenciones impositivas (que representaron US$ 1700 millones el año pasado) que las llevaron a instalarse allí? ¿Y qué efecto ha tenido esta política generosa sobre el resto de las firmas brasileñas?
Primero, algo de historia: por el tratado de Tordesillas, de 1494, se trazó una línea Norte-Sur a través de una zona desconocida del planeta, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. España debía reinar sobre todo lo que hubiera al oeste de la línea; Portugal, sobre todo lo que estuviera al Este. Poco después, los adelantados portugueses se encontraron con una inmensa masa de tierra sobre esa misma línea; la llamaron Brasil. Con una mezcla de oportunismo y fuerza, los portugueses lograron reclamar como propia la mayor parte de la Amazonia. Pero el temor de que alguien pudiera querer apropiarse esa zona se convirtió en parte inextricable del pensamiento de los militares brasileños. Cuando los generales tomaron el poder, a mediados de los sesenta, decidieron que el territorio debía ser colonizado con tanta gente como fuera posible.
De ahí la creación de una Zona Franca en 1967. En sus diversas versiones, esta zona de exenciones impositivas, con centro en Manaos, ha buscado persuadir a las empresas de que ignoraran los obvios inconvenientes de encontrarse a gran distancia de las materias primas, los proveedores y los clientes. Pero el objetivo militar de ocupar territorio pronto se mezcló con uno de índole económica: Brasil quería reducir su gran dependencia de bienes de consumo importados. ¿Por qué no promover también allí el tipo de parque industrial que estaban creando otros países en zonas subdesarrolladas?
Esta política fue un éxito militar. Manaos creció rápidamente y ahora tiene una población de 1,2 millón de habitantes. Gran parte de la importante producción brasileña de televisores, videos, equipos de sonido y otros productos manufacturados, desde afeitadoras hasta motocicletas, sale de allí. Pero los críticos dicen que en términos económicos ha sido un desastre caro. Entre los críticos se encuentran grupos de influencia de empresas industriales de otras zonas de Brasil que afirman que muchas de las "fábricas" de Manaos no son más que armadurías que utilizan componentes traídos del extranjero. Y las demás empresas brasileñas pagan los altos impuestos con los que se financia esta locura.
El valor agregado local (es decir, las ventas menos las partes y los materiales traídos desde fuera de la región, como porcentaje de los ingresos) fue sólo del 57% el año pasado. La gran devaluación del real a comienzos de 1999 empeoró las cosas, aumentando el costo de las importaciones. Pero el valor agregado local había estado cayendo a lo largo de los años, y las firmas últimamente compraron menos de un cuarto de sus partes y materiales en la Amazonia y la mitad a otros países. Las ventas y los empleos de la zona han estado cayendo desde 1996.
Algunas firmas grandes siguen invirtiendo en la región. Pero continúan teniendo sus plantas, generalmente sin exenciones impositivas, en el sur de Brasil o en la costa nordeste.
Problemas
La Zona Franca no ha producido la concentración de firmas y proveedores que se necesita para crear un centro industrial que funcione. Un resultado de este esquema es que la industria brasileña está distribuida de modo ilógico por su territorio, lo que eleva el así llamado costo brasileño. Otro resultado es que reduce la capacidad de la industria de adaptarse rápidamente. Esto se debe a que cualquier firma que quiera modificar sus procesos de manufactura primero tiene que pedir aprobación. Si no lo hace, puede perder las exenciones.
Se viene el fin de las ventajas
MANAOS (The Economist).- Suframa, el ente estatal que administra la Zona Franca, dice que un boom de exportaciones resolverá los problemas. Pero el Banco de Desarrollo de Brasil parece menos optimista. Ha propuesto fusiones y reducción de capacidad de las firmas electrónicas de la zona. Si bien las exenciones impositivas están garantizadas hasta 2013, sus ventajas relativas pueden verse erosionadas antes de ello: el Congreso votó recientemente continuar con un esquema que ofrece exenciones impositivas similares a los fabricantes de productos informáticos en todas las zonas de Brasil. ¿Entra en esta promoción un producto como un equipo de sonido o un televisor si tiene un browser de Internet para bajar canciones y videos? Para minimizar las trampas de las plantas de montaje, Suframa ya exige a las firmas que presenten planes detallados de los procesos de manufactura que tienen las plantas de la Zona Franca.



