
La obra de Fader, en lo más alto
Los trabajos del gran maestro, en especial los del período cordobés, incrementan su cotización.
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La reciente venta de "La represa", de Fernando Fader, en la subasta convocada por la galería Arroyo, vuelve a colocar bajo las luces altas del mercado a la obra de este artista nacido en Burdeos (Francia), aunque de familia alemana y nunca negada raigambre mendocina. Los 220.000 pesos que costó esta obra realizada en Córdoba en 1928 a su nuevo propietario, si bien no alcanzan la privilegiada posición de récord para la obra de Fader que ostenta "Sol de otoño" (vendido por Saráchaga hace cuatro años en casi 280.000 pesos), confirman claramente las tendencias de la demanda frente a los que podrían denominarse distintos períodos de la producción del artista.
Se reconoce en Fader un primer momento que coincide con su permanencia en Europa. Es la etapa de formación artística, al lado de Heinrich von Zügel, y de asimilación del posimpresionismo alemán. Su regreso a Mendoza y su interpretación del paisaje cordillerano configuran un claro segundo período.
Tras las vicisitudes empresariales que lo llevan al quebranto económico, Fader pasa con su familia a Buenos Aires y, al manifestársele una grave enfermedad, por entonces incurable, debe radicarse definitivamente en las sierras de Córdoba. Desarrollará allí, en los vastos escenarios tan agrestes como luminosos, su obra más importante, los temas con los que alcanzará su consagración artística.
En esta ultima etapa de su producción crece a su lado la figura de Federico Müller, su marchand, auténtico gestor del mejor mercado para las pinturas de Fader y responsable de las once exposiciones que el artista realizó entre 1916 y 1930. En esas muestras las ventas eran casi totales, y se concretaban en precios que llegaban hasta los 40.000 dólares de hoy.
Valoración
Dos buenos ejemplos de la valoración de las obras de este artista nos dan, por una parte, "Los mantones de Manila", pintura que en 1914 Fader envió al Salón Nacional con un precio establecido en 28.000 dólares. Al obtener el gran premio, que representaba la adquisición de la obra en la suma de 14.000 dólares, Fader rechazó tan alto galardón. "Los mantones..." permaneció en su poder hasta su fallecimiento, en 1935, y en la muestra póstuma realizada ese mismo año en las salas de Müller, el Museo Nacional de Bellas Artes compró la pintura en un precio equivalente a los 50.000 dólares de hoy. El otro claro caso nos lo brinda "La reja", obra emblemática realizada en 1926 y expuesta ese mismo año en la muestra anual, donde es adquirida por el doctor Landívar en 39.000 dólares. En 1981, "La reja" fue subastada por Saráchaga, y en la ocasión estableció un verdadero récord al ser adjudicada a la más importante colección privada de arte argentino en la suma de 53.000 dólares. No sería demasiado aventurado estimar que el valor de hoy de esta pintura debiera ascender a no menos de 800.000 dólares.
Luces y sombras
Tras la mencionada exposición póstuma se abrió para el mercado de Fader un período de oscuridad. Sólo en 1968 la galería Velázquez realizó una muestra de sus obras. Pero el envión fuerte habría de darse en los años 80, con la serie de exposiciones que presentó Zurbarán y la memorable muestra retrospectiva que en 1988 ofreció el Museo Nacional de Bellas Artes.
La amplia difusión lograda con estas muestras dio frutos de inmediato. Ese mismo año, en la desaparecida casa Posadas, se vendió "La tropilla", un tema de caballos de 1907, en el precio, por entonces récord, de 98.000 dólares.
El hito siguiente habría de ser "Entre duraznos en flor" (1915), ex colección Domínguez Butler, vendida, en 1991, por Roldán en excelentes 256.700 pesos. Y el broche de oro de las ventas concretadas a la fecha habría de ponerlo Saráchaga en 1993 cuando en la subasta de la colección Moretón adjudicó en contundentes 279.500 pesos el "Sol de otoño" de 1922.
Las obras del período "cordobés" de Fader, es decir, de entre 1915 y 1930, son en general las que alcanzan los más altos valores. Las excepciones de "La tropilla" y "Flores de campo" (1907) son las que confirman la regla.
A la hora de los peros es válido señalar que si los precios de Fader no alcanzan valores aún más altos es porque el mercado de artista choca con una doble limitación: por un lado, no hay demasiada obra en circulación y, por el otros sus actuales tenedores no parecen demasiado atraídos por la posibilidad de desprenderse de ellas.
Advertencia
A modo de advertencia, hay que señalar la presencia en plaza de un creciente número de falsas obras de Fader. Extremar la precaución a la hora de las compras, desechar por riesgosas las ofertas a precios inferiores a los de la lógica cotización del artista, y, por sobre todo, adquirir obras en lugares de reconocido prestigio, es el único camino por recomendar.
Sobre el volumen de la producción de Fader, su biógrafo Ignacio Gutiérrez Zaldívar señala que puede estimarse en unas 1000 obras, cifra a todas luces insuficiente como para sostener un mercado en trance de demanda. De este total de obras, el mencionado autor indica que algo más de un tercio se encuentra en colecciones públicas y que la mayor parte del resto está "en manos calificadas", entendiendo por tales a las de aquellos coleccionistas que estarían más dispuestos a incrementar sus tenencias de Fader que a desprenderse de ellas.
Lo dicho justifica que la salida a plaza de obras de este artista, sobre todo las de primer nivel, abra espacios de tan desusada como justificada expectativa.






