La paradoja de los economistas: no quieren dar pronósticos y hablan de política

Las elecciones están en boca de todo el mundo; Jorge Fontevecchia, Luis Palma Cané, Rosendo Fraga y Ricardo Arriazu, en un panel del encuentro de finanzas
Las elecciones están en boca de todo el mundo; Jorge Fontevecchia, Luis Palma Cané, Rosendo Fraga y Ricardo Arriazu, en un panel del encuentro de finanzas Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo
Sofía Terrile
María Julieta Rumi
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10 de abril de 2019  • 15:20

"No quiero dar pronósticos". La frase que más se repitió en Expo EFI en boca de los economistas los obligó a mostrar más su faceta de cientistas sociales y a hablar de "expectativas" y de "incertidumbre política" en vez de "crecimiento" y " dólar", términos que hace algunos pocos meses tenían una presencia fuerte en sus discursos.

Los economistas consultores, los que manejan los bancos de datos, se mueven con cautela por estos meses. "Para poder pronosticar, tendría que poder pronosticar qué van a hacer los argentinos", dijo, resignado, Ricardo Arriazu.

En diálogo con LA NACION, dio respuestas muy cuidadas y se limitó a criticar la utilización de la tasa como herramienta preponderante de política monetaria ("ayuda en el corto plazo, pero nunca en el largo plazo", matizó). También hizo un mea culpa para él y todos sus colegas: "Dejé de dar pronósticos porque, si mirás las encuestas que realiza el Banco Central [el Relevamiento de Expectativas de Mercado], a inicios de 2018 proyectaba un tipo de cambio a $22 para fin de año".

"Lo que incide [en esta economía] es la incertidumbre del candidato, no la incertidumbre sobre el pago de la deuda", añadió su colega José Luis Machinea, y así expuso la otra gran línea de discurso de la jornada: la economía de 2019 subyugada al devenir electoral. Lo acompañó en un panel otro economista, José María Fanelli, quien no ahorró comentarios sobre la influencia de la política en el futuro de las variables económicas.

"Tenemos un problema básico en una sociedad que no tiene credibilidad, ya sea porque la política está funcionando mal o se inventan términos como 'la grieta'. No hay ningún plan de futuro que hoy sea creíble, y si nadie apuesta al futuro, no hay inversión, y por ende, no hay crecimiento", dijo, y propuso como solución -como también plantean muchos otros académicos- un "acuerdo" de gran alcance que siente las bases para un crecimiento sostenible.

"Cuando no hay credibilidad sistemáticamente llamamos al Fondo Monetario Internacional ( FMI ). Ellos no son argentinos, y diagnostican, aplican y generan más recesión de lo que necesitan para hacer el ajuste. En este caso, no tenemos que echarle la culpa a la economía, tenemos que echarle la culpa a la política, que necesita que la coordinen desde afuera", apuntó lapidario.

Los economistas hablan hoy de un círculo vicioso en el que la incertidumbre política lleva a la volatilidad cambiaria, que a su vez lleva a la suba de la inflación, y que nuevamente genera más dudas en el plano político. Consultados por LA NACION, los referentes presentes en ExpEFI coincidieron.

"En los tres años previos, lo que más influyó fueron los errores del manejo de la política económica, pero de aquí en más la política será determinante", siguió luego Machinea. "La preocupación es lo que va a pasar con el mercado cambiario, y eso tiene que ver con qué dicen los candidatos y que la gente les crea. Si los candidatos dicen cosas razonables, parte de esa incertidumbre disminuye. Si no, la incertidumbre aumenta", resumió.

La preocupación de los economistas hoy, más que por los números, parece pasar por el discurso. Cuando se definan los candidatos, ya promediando el año, no se van a poder escapar, apuntó Roque Fernández, expresidente del Banco Central.

"En ese momento, van a tener que salir a contestar las preguntas que les hagan. ¿Qué van a hacer con el default? ¿Van a aumentar el déficit? ¿Cómo lo van a financiar? ¿Van a aumentar la expansión de la base monetaria? Porque hoy, cuando se escucha a los potenciales candidatos que andan dando vueltas, prometen crecimiento y desarrollo, pero no dicen cómo", expresó.

Su frase siguiente dejó el cierre perfecto para un año en el que la economía será esclava de la política, y para el rol de los economista en este contexto: "En ese momento, cuando ya estén más definidas las elecciones, van a tener que dar respuestas, y cuando pisen el palito, vamos a estar los economistas mostrando las inconsistencias", resumió.

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