La pasión por los vinos difíciles de encontrar
Baco Club ofrece lo que no está en góndola
1 minuto de lectura'
En 1992, un dúo de argentinos abrió un club de vinos en un mercado que empezaba a desarrollarse. El negocio prosperó y hace tres años se expandieron a Brasil, donde ya cuentan con 800 socios.
En la Argentina, Baco Club lleva 11 años de vida y reúne a 6000 socios. El negocio es ofrecer aquello que no se encuentra en las góndolas, aun en las de las más sofisticadas vinerías. Seleccionan pequeñas partidas de vinos finos de cosechas limitadas y con métodos de elaboración tradicional, que no llegan a los consumidores por las vías tradicionales, ya que no tienen circulación comercial, y se las ofrecen a quienes pagaron la membresía al club.
Alfredo Terzano conoció Mendoza en 1988 y se "enamoró" de todo lo relacionado con el mundo del vino. Ese enamoramiento lo acercó a Eduardo Escudero, su actual socio, y juntos decidieron crear a principios de los noventa Baco Club, en un mercado que ya tenía un jugador, el Club del Vino.
"Llegamos a hipotecar un departamento para poder empezar. Tuvimos que hacer de todo para promocionar el club, incluso tomar 17 colectivos en un día. Eramos y somos pura pasión. Todo lo que hicimos llevó un poco de irresponsabilidad encima, pero creo que eso fue lo mejor que tuvimos", recuerda Terzano.
"Analizamos a nuestro competidor y decidimos lanzarnos con algunas diferencias. Somos los únicos que brindamos exclusivamente vinos únicos a los socios. Nuestro equipo selecciona vinos de bodegas de Mendoza, San Juan y Río Negro, y los vamos presentando todos los meses", agregó.
Los socios reciben mensualmente una revista (Elixir), en la que se anticipa el vino que se va a presentar con la bodega de origen y sus características. Los socios pueden aceptar o rechazar el envío y comprar los cortes que deseen de los vinos "en cartel". Además de la información relacionada con la bebida preferida de Baco, la revista contiene noticias gastronómicas y artísticas que, según el empresario, "forman parte del universo del vino".
La empresa fue creciendo "poco a poco", y con el boom del vino de por medio hoy tiene 6000 socios, que en total compran 80.000 cajas de vino al año, a razón de $ 95 la caja.
Al cabo de unos años, se sumaron dos socios al emprendimiento: Mónica Gallegos y Juan Gil Juncal. En 1999, el cuarteto inauguró el área de regalos empresariales y fue una de las primeras firmas en elaborar las botellas personalizadas, que hoy están tan de moda.
En 2001, cuando la crisis se sintió a flor de piel, el cuarteto empezó a analizar la expansión del club.
"Teníamos tres plazas en mente: Miami, Madrid y San Pablo. Hicimos estudios de mercado más intuitivos que estadísticos y nos decidimos por San Pablo. Sabíamos que era un lugar en donde la cerveza es muy fuerte, pero detectamos que había cada vez más consumidores de vino", explicó Terzano. "Hasta que llegamos nosotros no había nada parecido en Brasil. Circulaban algunos catálogos de vino que no se relacionan con la idea y el espíritu de un club", añadió.
Tras invertir US$ 300.000, el cuarteto estuvo listo para inaugurar Dioniso Club en el mayor socio del Mercosur. La intuición llevó a los empresarios a buen puerto, ya que en la actualidad el club brasileño ya tiene 800 socios.
A diferencia del Baco -como le gusta llamarlo a Terzano-, los socios de Dioniso reciben una revista cada 60 días "porque todavía no son tan consumidores como los argentinos". Los clientes brasileños compraron este año 6000 cajas de vino del club.
En 2005, el cuarteto buscará desarrollar el negocio puertas adentro: recorrerá el interior del país. "Queremos llegar a localidades a donde otros no han llegado aún. En el mercado aparecieron otros clubes de vino, que no son como nosotros porque venden artículos que se consiguen en góndola", dijo Terzano.
"Ahora el vino es un boom, pero sé que el mercado se va a depurar solo. Nosotros hacemos las cosas con pasión. Entiendo que esta cosa de sentir amor por el vino puede sonar artificial, pero es una realidad que nos ha ayudado a crecer", concluyó.
Los premios del IAE
El jueves se entregaron los premios de la competencia Naves, que organiza el IAE, la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral.
En la categoría Ideas de negocio (emprendimientos en proceso de start up o de lanzamiento), el primero y el segundo puesto fueron para Cordero de las Sierras y KcaloRico, respectivamente.
Cordero de las Sierras planea ofrecer productos de cordero de alta calidad en el mercado local y externo. KcaloRico, por su parte, proveerá un servicio de entrega a domicilio de comida gourmet caracterizada como "sana".
El primer premio de la categoría Empresas nacientes (emprendimientos de menos de un año de vida) fue para Bibliográfika, que imprime libros agotados de acuerdo con la demanda. El segundo premio fue para Poder Volar, que se dedica a brindar soluciones a las personas que padecen miedo a volar mediante videos y personal especializado.






