
Las lecciones que EE.UU. puede sacar del "efecto tequila"
Recapitalizar los bancos en problemas y ayudar a los deudores hipotecarios son parte del cóctel mexicano
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CIUDAD DE MEXICO— Se invirtieron los roles. En las últimas semanas, funcionarios de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) han analizado la creciente crisis estadounidense con al menos un alto funcionario de un banco central de un país emergente que presenció el derrumbe del sistema financiero de su país: el mexicano Guillermo Ortiz.
Ortiz sabe mucho de colapsos financieros. En 1995, el graduado de la Universidad de Stanford se desempeñó como ministro de Finanzas de México durante el derrumbe del peso, que condujo a una crisis bancaria que terminó en un gigantesco rescate bancario por parte del gobierno y el mayor declive económico en México desde la Gran Depresión. Hoy en día, el llamado "efecto tequila" se considera la primera crisis financiera de la economía globalizada.
El presidente del banco central mexicano, quien en aquellos días difíciles condujo a México hacia la recuperación, se reunió con el presidente de la Fed, Ben Bernanke, la semana pasada, antes del inicio de la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI), según funcionarios de la Fed. Además, anteriormente Ortiz ya se había reunido con representantes del banco a mediados de septiembre.
Ortiz prefirió no hacer comentarios sobre las conversaciones que mantuvo. Pero el hecho de que funcionarios de Washington estén conversando con funcionarios extranjeros como Ortiz sugiere que están dispuestos a aprender las lecciones de otros países que han sufrido crisis similares.
Eso es alentador, porque muchas de las lecciones del "efecto tequila" y otras crisis similares contienen valiosas enseñanzas para EE.UU. Entre las más importantes: hay que olvidarse de la ideología, es recomendable comprar participaciones en bancos en problemas, es necesario encontrar una forma de ayudar a quienes tienen hipotecas que no pueden pagar y no se puede esperar generar una utilidad sobre una inversión gubernamental.
"Hay que hacer lo que sea necesario para reestablecer la confianza", afirmó Ortiz en una entrevista. "Una vez que la pierdes, es muy difícil recuperarla."
En el mundo actual de los mercados financieros globalizados, una vez que se destruye la confianza, es habitual que los mercados reaccionen de forma exagerada y la crisis se descontrole. En consecuencia, las autoridades deben hacer lo que sea necesario para recuperar la confianza, y a menudo deben tomar medidas que jamás imaginaron que tomarían. Cuanto más esperen, tomarán acciones con menos determinación, y las consecuencias serán peores.
Las autoridades estadounidenses ya aprendieron algunas de estas lecciones, por las malas. En casi todas las crisis financieras, la primera reacción del gobierno suele llegar muy tarde. En el caso de EE.UU., la Fed y el Tesoro intentaron apagar cada incendio a medida que iban apareciendo, primero rescatando a Bear Stearns, luego a la aseguradora AIG y más tarde al banco Washington Mutual.
En determinado momento, ocurre algo que hace que el mercado pierda la confianza. En México, fue un intento fallido por parte del banco central para devaluar el peso gradualmente, una medida que fracasó y hundió la credibilidad del banco.
En EE.UU., el paso en falso puede haber sido permitir que Lehman Brothers quebrara, lo cual sembró incertidumbre entre los inversionistas, que no sabían qué instituciones financieras serían rescatadas y cuáles no.
¿Cómo terminaron las cosas en México, y cómo nos puede orientar ese desenlace para saber qué esperar en la actual crisis financiera en EE.UU.?
Por sí solo, el rescate de los bancos en México no evitó una grave recesión económica, aunque el país también estaba enfrentando el colapso de su moneda. Pero unos años más tarde, los bancos mexicanos habían recuperado la salud y la economía volvía a crecer.
Sin embargo, lo que fue más duradero fue el recelo político ligado al rescate, ya que se percibió como una medida que ayudó a banqueros adinerados a expensas de los contribuyentes.
En ambos rescates bancarios, el gobierno se quedó con préstamos incobrables de los bancos para que el crédito volviera a fluir.
De forma parecida a lo que ocurrió en Washington, el gobierno mexicano esperaba recuperar el dinero e incluso obtener cierta ganancia por los préstamos incobrables que compró. La realidad fue que el gobierno perdió dinero, mucho dinero. El precio final del rescate fue de unos US$ 75.000 millones, el triple de lo que esperaba el gobierno mexicano. En otras palabras, el plan de rescate estadounidense de US$ 700.000 millones podría representar sólo el primer pago del precio final.
Quien gane las elecciones presidenciales en EE.UU. en noviembre probablemente también tendrá que lidiar con consecuencias políticas difíciles. La industria automotriz ya está utilizando el rescate financiero para conseguir un gran préstamo en el Congreso; es de esperar que otras industrias en problemas hagan fila para obtener ayudas similares.





