
Las limitaciones que se detectaron son problemas superables
El estudio sostiene que se puede resucitar el espíritu empresario
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El resultado del capítulo argentino del monitoreo de la actividad emprendedora deja un sabor agridulce en la boca. Por un lado muestra que hay iniciativas individuales por crear nuevas fuentes de trabajo y por otro señala que las limitaciones para que las nuevas firmas y quienes las crearon tengan éxito son muy fuertes.
En el IAE eligen ver la copa medio llena. "El potencial de la cultura emprendedora, que no es otra que la cultura de las Pyme, es enorme. En Estados Unidos, entre 1980 y 2000 se crearon 34 millones de nuevos puestos de trabajo y las grandes empresas integrantes de la lista de Fortune 500 perdieron 5 millones de empleos. El 90% de los nuevos empleos que se generaron surgieron en empresas de menos de 100 personas", ejemplifica Silvia Torres Carbonell.
A pesar del optimismo, se reconocen las trabas que aún quedan por eliminar. "En Canadá y Estados Unidos se demora dos días en crear una nueva empresa y el trámite cuesta menos del 1% del PBI per cápita. En la Argentina se demora 72 días y el costo está entre el 25% y el 30% del PBI per cápita", detalla la investigadora.
Límites y vocación
Una de las preguntas que el estudio GEM ayudó a clarificar fue la relación existente entre el nivel de actividad emprendedora y el crecimiento económico de los países participantes de la muestra.
En este punto se demostró que en la mayoría de las naciones existe una relación entre la tasa de actividad emprendedora y el crecimiento económico. Allí se detectó que entre los países con estructura económica similar, la correlación entre la actividad emprendedora y el crecimiento económico es importante (una variación de 0,7 por ciento). Esta relación no se da en la Argentina, donde no parece cumplirse la relación entre el nivel de actividad emprendedora y el crecimiento económico, "ya que a pesar de obtener una alta tasa de actividad del 7,8 por ciento, el crecimiento real de su PBI en 2000 fue de 0,5 por ciento y en 1999 tuvo una baja del 3,4 por ciento".
En las conclusiones del estudio se señala que una posible explicación sería que a pesar de que los argentinos poseen una cierta vocación emprendedora que se refleja en la tasa de firmas nacientes, se dan simultáneamente situaciones que reducen la influencia de dicha vocación en la tasa de crecimiento económico.
Sin duda la recesión económica general que sufre la Argentina desde 1999 no ofrece un clima favorable para la creación de empresas. "Aun existiendo emprendimientos innovadores con potencial de crecimiento, este panorama actual sin duda retardará los efectos positivos sobre producto y empleo que los mismos puedan tener", dice el estudio GEM.
Entre las recomendaciones generales que se citan en el monitoreo de la actividad emprendedora se incluyen las siguientes conclusiones sobre la Argentina:
- La interpretación de los resultados lleva a la conclusión de que existen dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, la vocación emprendedora y la idea de ser independiente se está expandiendo en la sociedad y está evolucionando para convertirse en un valor social. Esto surge de la tasa TAE del 7,8% de la Argentina y su ubicación entre los 10 primeros países con más población involucrada en actividades emprendedoras.
- Esto puede ser una consecuencia de una combinación de factores: alto desempleo y subempleo, necesidad de los jóvenes de tener otra alternativa de carrera que la de ser empleados y la acción de personas maduras, que como consecuencia de la situación laboral están pensando en comenzar o financiar nuevos proyectos.
Por otro lado, se encuentra el entorno social, económico y político, las condiciones del contexto nacional y las condiciones de la actividad emprendedora, que según se analizó son determinantes de la existencia y la fuerza de la actividad emprendedora, no facilitan, en el caso argentino, y en muchos casos impiden el desarrollo de esa acción emprendedora, según surge de la opinión generalizada de los expertos nacionales.
Es evidente que existe entonces una gran brecha entre la actitud de la población hacia el emprendedor y las condiciones sociales, económicas y políticas. Cerrar esta brecha, permitiendo que el espíritu de empresa renazca, que se creen nuevas e innovadoras firmas, que se incremente la inversión y la regeneración tecnológica de las ya existentes, y finalmente que el espíritu emprendedor inunde todas las instituciones de la sociedad, creando valor y prosperidad, es el desafío que enfrentan juntos el sector público y el privado en el futuro.





