Los números detrás del cierre de Fate y el factor que más molestó a Milei
El Gobierno se enteró de la decisión apenas horas antes de que se concretara el cese de la actividad; desde hace un año y medio, la empresa fabricante de neumáticos venía perdiendo entre dos y tres millones de dólares cada mes
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El Gobierno se enteró del cierre definitivo de Fate en la noche del martes, horas antes de que se concretara. Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Industria y Promoción, recibió personalmente la noticia por parte de un ejecutivo de la empresa. No dijo mucho: tomó nota y la transmitió al Ministerio de Economía. Es probable que, más que la decisión en sí misma, al Gobierno le haya molestado el sentido de la oportunidad: Javier Madanes Quintanilla, dueño del grupo, venía analizando la medida desde hacía al menos 60 días, pero terminó de bajar la persiana en la misma mañana en que se debatía dar dictamen en Diputados a la reforma laboral, y en la previa de un paro.
En política, el timing explica a veces casi todo. Será difícil convencer a Javier Milei de argumentos que parten de la mecánica y el léxico industrial. El más repetido en San Fernando: que la operación de mantenimiento de la planta, que se hace una vez por año y dura entre dos y tres semanas, venció exactamente el martes, justo el día en que se enteraban del cierre Lavigne y también Augusto Costa, ministro de la Producción de Kicillof y conocido de Madanes Quintanilla desde los tiempos en que ocupaba el cargo de director de Aluar, designado en nombre de la Anses.
Al final, ambas administraciones, la nacional y la bonaerense, quedaron igualmente molestas con esta crisis. ¿Explica eso que la policía local se haya retirado del predio en plena toma, a las 10 de la mañana de ayer? En Fate creen que sí. El conflicto incluye en todo caso una ironía: en la Argentina corporativa, la que Milei se propone superar porque incluye prebendas y requiere de protección estatal, tal vez todo habría sido menos sorpresivo. Es lo que pasa cuando prolifera el diálogo cara a cara entre el sector privado y el poder: el lobbying.
Pero Milei es desconfiado y casi no habla con empresarios. El cierre de esta planta lo sorprende, además, en medio de la negociación con la Casa Blanca por los aranceles con que Estados Unidos grava el acero y el aluminio argentino, un tema con impacto en Techint y Aluar, nada menos, empresas de Paolo Rocca y Madanes Quintanilla, respectivamente.
El Gobierno pretende obtener algo que beneficiaría a ambos empresarios: que Trump baje esas alícuotas, actualmente del 50%, al valor más bajo posible. Por eso, en algunos despachos oficiales creen ver en el caso Fate una jugada para presionar. Este miércoles, apenas conocida la novedad, funcionarios, asesores y cuentas de redes sociales cercanas al oficialismo empezaron a cuestionar públicamente a la empresa, a la que acusaron de querer siempre hacer negocios “cazando en el zoológico”. La vieja Argentina.
Ese debate puede ser colorido y encendido, pero desvía una vez más el fondo de la cuestión. Lo más relevante es que todo cambio de régimen económico como el que proyecta Milei desencadenará inevitablemente afectados. Sectores que deberán reconvertirse o, de lo contrario, dejar de existir. La producción de neumáticos está en esa lista. Y, como anticipó el año pasado el economista Ricardo Arriazu, la destrucción siempre irá a mayor velocidad que la construcción.
Será el tema de estos años. La industria del neumático exhibe, como tantas otras, una puja evidente entre los costos de los productos que vienen de China, Vietnam o Tailandia -llegan a valores que los fabricantes nacionales denuncian por dumping- y los argentinos. Hay unos 200 importadores que se sumaron durante este ciclo económico. Una cubierta de Fate es, según datos del Gobierno, 30% más cara para el consumidor. ¿Quién está del lado del usuario y quién del lado de las corporaciones?
En realidad, hace tiempo que este sector es inviable. Fate pierde hace un año y medio entre dos y tres millones de dólares por mes. Y un documento interno del grupo indica incluso que, desde 1990 hasta hoy, a valores de divisas actualizadas por inflación estadounidense, los accionistas hicieron un aporte de US$315,1 millones y retiraron apenas US$254,9 millones. Es decir, perdieron US$60,1 millones. “Si somos cazadores en el zoológico, la verdad es que tenemos bastante mala puntería”, dijeron a LA NACION en el directorio de la compañía.
¿Por qué, entonces, no cerraron antes? Las decisiones empresariales no son siempre lineales. Un holding puede sostenerse con otros negocios simultáneos y existen los subsidios cruzados. Incluso, en el peor de los casos, agonías que se alargan por motivos que van más allá del ámbito económico. Cuando tenía 7 años, Madanes Quintanilla salía del Colegio Nacional de Vicente López e iba tomar el té a la planta, entonces ubicada en Puente Saavedra. No bien hundió capital en determinado lugar, a un empresario le cuesta irse. Cerrar es caro para todos. Si cumple con las indemnizaciones, a Fate le insumirá entre US$40 millones y US$45 millones.

Por eso se entiende que los empleados tengan la esperanzas de revertirlo. No parece fácil, dada la relación entre la conducción de la empresa y la del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna), brazo gremial del Partido Obrero. ¿Podría haber sido más fácil con, por ejemplo, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), con quien el sector se entiende mejor? Es contrafáctico. Pero hubo conflictos duros en estos años. Los bloqueos de 2022 a varias plantas en reclamo por aumentos en las horas del fin de semana, por ejemplo, duraron 5 meses y dejaron a tres compañías al borde del cierre.
En algún momento, en Fate se quejaban de que el ausentismo llegaba al 18% del personal, cuando en cualquier lugar razonable oscila entre el 2% y el 2,5%. Y el “Calendario Sutna 2021”, que los delegados repartían ese año por la planta de San Fernando, llegó a incluir una referencia bolchevique: sobre un globo terráqueo con forma de rueda de auto, un grupo de trabajadores desplazaba con escobas y hacia abajo a empresarios bien vestidos y con habanos. Un homenaje a una histórica y casi idéntica caricatura de propaganda publicada en 1919 en Rusia, que muestra a Lenin parado sobre el planeta Tierra y barriendo desde esa cima a un zar, a un sacerdote ortodoxo, a un aristócrata y a un empresario. “El camarada Lenin limpia el mundo de basura”, dice el epígrafe, en ruso.
El problema real empieza cuando, más allá de la ideología y las consignas, la realidad se lleva a todos puestos.
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