
Los pañuelos que fueron producto del azar
Kleenex, pañuelo descartables
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El nacimiento de los pañuelitos descartables Kleenex tuvo varias idas y venidas y fue difícil definir cuál iba a ser finalmente su uso. Casi de casualidad, con el fin de la Primera Guerra Mundial, comenzó la historia de este producto diseñado por Kimberly-Clark.
Todo empezó en Estados Unidos en el año 1914, cuando la compañía creó una celulosa que se utilizaba para la fabricación de las máscaras antigás que se usaban en la Gran Guerra. Pero una vez finalizado el enfrentamiento armado, desde la empresa no quisieron desprenderse de su invento, sino simplemente darle un uso diferente.
Y fue así que en 1920 lo utilizaron para hacer las toallas femeninas, a las que bautizaron bajo el nombre de "Kotex".
Pero en aquel momento, los productos para higiene femenina no tenían mucho éxito, por lo que rápidamente desde Kimberly-Clark optaron por cambiar los ingredientes del papel hasta lograr uno mucho más suave, ideal para usar como pañuelo desechable, aunque nadie sabía qué se podía limpiar con él ni cómo comercializarlo.
Finalmente, el equipo de Kotex lo pensó como sustituto desechable de las toallitas faciales, en medio del fuerte aumento del consumo de cosméticos por parte de las mujeres de aquella época.
Esta idea, que fue adoptada casi de inmediato por los maquilladores de las estrellas de Hollywood, en 1924 fue registrada bajo el nombre de Kleenex. Para armar esta palabra, desde la compañía tomaron la letras K y el final "ex", de Kotex, para combinarlas con "clean" (limpio en inglés) y así formaron "Kleenex". Al año siguiente, se lanzó su primer anuncio publicitario, en el que presentaron las toallitas faciales como el secreto de las estrellas de cine para mantener su piel "limpia y bonita". Inmediatamente, este invento fue incorporado por las mujeres.
Pero en 1930, Kleenex daría un último giro, cuando uno de los investigadores de Kimberly-Clark reemplazó sus pañuelos por Kleenex para combatir los síntomas de una fiebre que padecía. Y fue así que se le ocurrió comercializarlos como pañuelos descartables para sonarse la nariz. Desde ese momento, Kleenex pasó de ser un producto exclusivo de las mujeres a uno para toda la familia.





