
Los verdaderos protagonistas del agro tuvieron su día perfecto
Los stands de maquinarias y las parcelas demostrativas fueron una atracción permanente
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JUNIN.- Todo empezó después de un asadito en un campo de Morse, a unos pocos kilómetros de Junín.
Rubén Iparraguirre, con otros dos amigos, apuró el final del almuerzo y subió a la camioneta para cumplir con el rito que había aguardado durante semanas. Estaba ansioso. Al poco tiempo arribó a Expoagro, la supermuestra agroindustrial erigida en el establecimiento La Arena, que ocupa entre stands y parcelas demostrativas de cultivos unas 600 hectáreas.
Apenas cruzó el umbral de la exposición lo embargó una gran excitación. Allí se encontró con LA NACION para iniciar la recorrida y explicar cuál es su procesión interna ante semejante espectáculo. "¡Mirá, mirá, Raúl! ¡Qué soja", le dice Iparraguirre a uno de sus compañeros.
"Pensar que cuando empezamos con este cultivo en los sesenta las plantas no pasaban de los veinte centímetros", recordó el productor ante una parcela demostrativa, prolijamente sembrada con ejemplares de unos cincuenta centímetros.
En su establecimiento, El Vergel, de 300 hectáreas, produce maíz, soja, hace novillos engordados a corral y, para completar, tiene un tambo. La tierra por esta zona es de las mejores del país. "Esto es excepcional, pero ya te digo que no se puede recorrer en un día", advierte a sus colegas, tan entusiasmados como él.
Fanatismo
"Todos los años tenemos que comprar alguna máquina porque las cosas se desactualizan. Eramos productores de punta cuando sacábamos 6000 kilos de maíz por hectárea, hace dos décadas, y hoy logramos 12.300 kilos".
"Soy un fanático total, tengo tres tractores que maneja mi señora... che Raúl. ¿Dónde está? Se perdió. Cómo camina este tipo", dijo extrañado, al constatar que los otros habían tomado por otra de las callecitas de la exposición.
Esta escena se repitió otras tres veces. Es que la muestra resulta un asalto a los ojos de los productores. Puede observarse, a simple vista, un escaso público ajeno a la producción. Las gorritas con marcas de maquinarias, típicas de los hombres de campo, y los grupos de tres o cuatro visitantes absortos ante los fierros o las camionetas se repiten paso a paso.
Los representantes de las empresas que atienden en los stands no paran de recibir consultas. Algunos confirman que en los dos primeros días de la exposición ya se concretaron negocios importantes.
Iparraguirre, entretanto, se detiene otra vez en las parcelas con soja, maíz y girasol. "Tres o cuatro granos por chaucha. Son buenas. Esto de la soja es un invento de la gran siete", exclamó, y de nuevo enfila para los stands de maquinaria. Mira todo, toca todo y, si puede, se sube para lograr otra perspectiva de la posibilidades del equipo.
Al final de la tarde, aunque el hombre no logró recorrer toda la muestra, se lo nota muy satisfecho. "¿Otra vez vamos a hablar de fierros? Y sí, con lo que nos cuesta", bromeó Alberto, y junto con Iparraguirre terminan su periplo con unos mates en un stand de maquinaria.





