Lo nuevo en espacios laborales compartidos
Lo nuevo en espacios laborales compartidos
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21 de noviembre de 2018  • 10:32

Sin teléfonos fijos. Sin siquiera un escritorio por persona. Casi sin papeles. Pero con numerosos espacios comunes en los cuales los distintos equipos de trabajo irán rotando, armándose y desarmándose de acuerdo sus objetivos. Con abundante luz natural. Y desde luego, con una excelente conexión. Así lucirán los espacios de trabajo que vienen, o en otras palabras: así es como se adaptará la arquitectura corporativa a una realidad laboral que ante todo será móvil, flexible y cada vez más colaborativa.

"Está demostrado que el escritorio se usa en promedio solo un 43 por ciento del tiempo, porque durante el restante 57 los empleados están en otro lado: en la sala de reuniones, visitando clientes, en un bar. Por eso ya no hace falta tener un escritorio por persona, y ni siquiera un despacho por persona", explica Domingo Speranza, director de la empresa especializada en servicios inmobiliarios corporativos Newmark.

Al ser rotativos, estos escritorios no requieren tampoco de cajoneras privadas, de hecho prácticamente ya no se usan papeles salvo excepciones como áreas contables o de recursos humanos. Sí es fuerte la tendencia hacia el armado de áreas comunes, salas de reunión y pequeños espacios -tipo cabinas- para hablar por teléfono, así como de otros exclusivamente dedicados a los quehaceres silenciosos. "Los ambientes son cada vez más colaborativos porque el trabajo es cada vez más colaborativo", marca Speranza y destaca que "la oficina está evolucionando hacia un lugar de cooperación e intercambio de información".

Un vistazo a la oficina del futuro

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Desde la construcción

En el ineludible capítulo del cuidado del medio ambiente hablamos de unos edificios energéticamente más eficientes, esto es: que utilizan la menor cantidad posible de recursos y desperdician muchísimo menos, todo lo cual -justamente- permite optimizar los costos.

"La sustentabilidad de los espacios de trabajo no pasa solo por prender menos la luz o usar el aire en 24, sino también por los materiales con los cuales los edificios están construidos, desde su extracción hasta su procesamiento pasando por el camión que los trae y, por supuesto, cómo repercute su empleo en el ahorro de energía y recursos", advierte Speranza.

Las oficinas se convierten de esta forma en una herramienta que las empresas usan tanto para elevar su atractivo en el mercado como para atraer o retener talento humano. "Planificar este tipo de espacios de trabajo tenía que ver antiguamente con una cuestión de imagen -sostiene el experto-, pero ahora se trata de cómo quiero que mi gente, mis empleados, mis proveedores y mis clientes vivan el ADN de mi empresa".

Para quién

"Por primera vez en la historia del trabajo moderno conviven cuatro generaciones", dice Speranza en referencia a los baby boomers (nacidos entre el '46 y el '64 y a los que identifica con la frase "vivo para trabajar"); la llamada generación X (del '65 al '81, "trabajo para vivir"), generación Y o millenial (entre el '82 y el '94 "trabajo y vivo") y generación Z (del '95 en adelante, "vivo y también trabajo").

"Para los de mi edad era impensable renunciar a un buen trabajo para irse dos meses a Thailandia con amigos. Pero mis hijas lo hacen. Y de hecho más del 50 por ciento de las personas que están trabajando hoy son menores de 35 años", reflexiona el director de Newmark.

La incorporación de tecnología, y más precisamente de los dispositivos móviles, fueron y son parte de esa revolución que implica comunicar, almacenar y administrar información en forma remota, lo que entre otras cosas abre la puerta al home office y a la posibilidad de interactuar con los colegas todo el día, todos los días.

Así las agendas de género, de la sustentabilidad y de la tecnología impactan fuertemente en los espacios de trabajo logrando una simbiosis entre éstos y el hogar o el lugar de esparcimiento. "Las empresas destinan metros a dar conferencias, exponer arte, organizar cócteles y confraternizar, también a crear guarderías y lactarios y dar a los empleados clases de yoga", afirma Speranza. Y remata: "Ya no es tanto una cuestión de ver cuánto rinde el empleado, sino que se entiende que ese rendimiento va en función de su calidad de vida".

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