Milei prepara una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para revertir los cambios que el kirchnerismo implementó en 2012
El Presidente quiere dar marcha atrás con las modificaciones en la norma que rige a la autoridad monetaria, establecidas durante la presidencia de Mercedes Marcó del Pont; la defensa del valor de la moneda, en el centro del debate
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Hace apenas tres años, el entonces candidato presidencial Javier Milei proponía “dinamitar” el Banco Central (BCRA) y definía al peso como “excremento”. Ya en la Casa Rosada, el enfoque parece haber cambiado. El Presidente impulsa ahora una reforma de la Carta Orgánica para redefinir el rol del BCRA y devolverle como misión central la defensa del valor de la moneda.
El proyecto comenzó a tomar forma este martes, cuando Milei confirmó ante diputados y senadores de La Libertad Avanza que trabaja junto con el ministro de Economía, Luis Caputo; el titular del BCRA, Santiago Bausili, y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, en una iniciativa para revertir la reforma impulsada por el kirchnerismo en 2012.
Según pudo reconstruir LA NACION a partir de legisladores que participaron del encuentro, el Presidente puso el foco especialmente en el artículo 3 de la actual Carta Orgánica, que define los objetivos del BCRA. “Es un espanto”, afirmó sobre esa redacción. Luego, en referencia a la titular de la entidad de aquellos años, agregó: “Vamos a sacar toda la porquería que hizo [Mercedes] Marcó del Pont”.
De acuerdo con los asistentes, también les comentó que este mismo martes tenía previsto reunirse con funcionarios de Economía, el BCRA y Desregulación para comenzar a delinear el proyecto de reforma.
Hasta la modificación impulsada en 2012, la ley establecía que la misión “primaria y fundamental” del Banco Central era preservar el valor de la moneda. La reforma promovida durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, cuando Marcó del Pont presidía la entidad, reemplazó ese mandato por uno más amplio, que incorporó otros puntos: “Promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. Aunque se trata de un artículo de carácter general, funciona como el principio rector que orienta el resto de las funciones de la autoridad monetaria.

Para Milei, aquella modificación fue mucho más que un cambio conceptual. El Presidente sostiene que amplió las facultades del BCRA para financiar al Tesoro, debilitó su independencia y terminó justificando una expansión monetaria que alimentó el proceso inflacionario de los años siguientes. La reforma que ahora impulsa busca recorrer el camino inverso: blindar institucionalmente al BCRA para volver a concentrar su mandato en preservar el valor de la moneda y limitar su utilización como fuente de financiamiento del Tesoro.
La semana pasada, durante una exposición en la Fundación Faro, ya había anticipado su intención de volver al esquema previo a 2012. “La bruta de Marcó del Pont a un instrumento de política económica le asignó cinco objetivos. Si uno lee la Carta Orgánica actual, por cualquier motivo puede emitir dinero. Así estábamos, nos dejaron plantada una híper”, sostuvo entonces. Y recordó que antes de la reforma de 2012 la misión fundamental del Banco Central era “preservar el valor de la moneda”. “Parece que no les salió: le sacaron 13 ceros”, ironizó.
La iniciativa también quedó reflejada en la segunda revisión del programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque hasta ahora el propio Gobierno sostenía que modificar la Carta Orgánica no era una prioridad inmediata. En ese documento, aprobado en mayo, el organismo consideró que, una vez consolidada la estabilización macroeconómica, será necesario avanzar en una reforma legal más amplia del Banco Central para fortalecer su independencia, mejorar su gobernanza y reforzar los resguardos contra el financiamiento monetario del déficit fiscal.
En la misma revisión del programa, el Gobierno respondió que la Carta Orgánica vigente no representaba un obstáculo para el proceso de desinflación y que, por lo tanto, modificarla no constituía una necesidad urgente. La discusión parecía quedar relegada para una etapa posterior, una vez consolidada la baja de la inflación. La decisión política de Milei parece haber acelerado esos tiempos.
La reforma de 2012 no solo modificó el artículo 3 de la Carta Orgánica. También introdujo cambios en herramientas operativas consideradas centrales por el actual oficialismo. Entre ellas, amplió la capacidad del Banco Central para asistir al Tesoro mediante adelantos transitorios, elevó los límites para ese financiamiento y eliminó algunas restricciones que existían sobre el destino de esos recursos. Para el Gobierno, esas modificaciones facilitaron el financiamiento monetario del déficit fiscal y sentaron las bases para el crecimiento de los pasivos del BCRA durante la década siguiente.
Desde la Casa Rosada sostuvieron que el escenario actual es completamente distinto. Desde diciembre de 2023, el equilibrio fiscal pasó a convertirse en uno de los pilares del programa económico, y el BCRA dejó de financiar al Tesoro para cubrir su desequilibrio.

Claudio Caprarulo, director de Analytica, consideró que fortalecer la institucionalidad del Banco Central siempre resulta positivo, aunque relativizó el impacto concreto de modificar el artículo 3. “Todas las medidas que vayan en línea con aumentar la transparencia, la comunicación y la institucionalidad de la política monetaria son importantes. En este caso es más una medida declamativa, sin cambios relevantes en la práctica ni, probablemente, en las expectativas”, señaló. Además, recordó que incluso la Reserva Federal de Estados Unidos tiene entre sus objetivos promover el pleno empleo.
En una columna publicada a principios de junio en LA NACION, el economista Orlando Ferreres sostuvo que la reforma de 2012 desdibujó la función principal del Banco Central y permitió justificar objetivos que, en la práctica, terminaron habilitando una mayor asistencia monetaria al Tesoro. Desde esa mirada, recuperar un mandato centrado en preservar el valor de la moneda contribuiría a consolidar institucionalmente el proceso de desinflación.
En 2023, último año de la gestión del peronismo con Alberto Fernández como Presidente, la inflación superó el 200% anual. Dos años después, durante el segundo año de la gestión de Milei, cerró 2025 en 31,5%, en el marco de un programa basado en el equilibrio fiscal, el fin del financiamiento monetario del Tesoro y un esquema de control de los agregados monetarios. Aunque el proceso de desinflación fue significativo, la Argentina todavía registra en un solo mes aumentos de precios que muchas economías desarrolladas acumulan a lo largo de todo un año.
Sobre el final del encuentro con los legisladores, Milei vinculó esa agenda institucional con el rumbo general de su programa económico. Reafirmó la necesidad de profundizar la desregulación y la apertura comercial y sostuvo que “nuestro peor trimestre fue mejor que el promedio de los últimos treinta años”. Luego aseguró que espera que los próximos 18 meses sean “los mejores de la historia argentina”.
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