Domingo Cavallo: "Cada dos por tres el país vuelca hacia ideas y acciones que lo hacen retroceder"

Es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Nacional de Córdoba y tiene un PhD por la Universidad de Harvard. Fue vicepresidente del Banco de la Provincia de Córdoba, presidente del Banco Central, canciller y ministro de Economía de los expresidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Además
Es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Nacional de Córdoba y tiene un PhD por la Universidad de Harvard. Fue vicepresidente del Banco de la Provincia de Córdoba, presidente del Banco Central, canciller y ministro de Economía de los expresidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Además Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Sofía Diamante
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14 de junio de 2020  • 00:00

La cuarentena obligatoria no detiene a Domingo Cavallo, que cumple con su rutina diaria de una hora de caminata. Ya no puede salir a pasear por las zonas verdes de Barrio Parque, pero utiliza una cinta para hacer dos turnos de media hora, uno a la mañana y otro a la tarde. También dedica entre dos y tres horas cada día a escribir y responder mensajes en su blog personal, que tiene desde 2002.

"En 2002 estuve preso durante dos meses y hubo una campaña de demonización contra mí. Me atacaban despiadadamente y no me podía defender. No van a encontrar en el blog contradicciones como las que uno ve en las declaraciones que ha hecho Alberto Fernández sobre Cristina [Kirchner]. Algún día alguien que analice mi trayectoria encontrará que hay una coherencia. No quiere decir que no haya cambiado de opinión a lo largo del tiempo, pero siempre expliqué por qué. Mantener esa coherencia implica no especular políticamente sobre cómo lo tomará la gente y qué dirán las encuestas", dice el exministro de Economía de los presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa.

-¿Qué le preocupa de la situación económica actual?

-En este momento es preocupante el apego que se nota en las declaraciones del Presidente y de sus principales colaboradores hacia la participación del Estado. Sin duda, en esta situación el Estado tiene que jugar un rol muy importante y pondero lo que han hecho de haber aprovechado la cuarentena para equipar bien los hospitales. Pero de ahí a sacar la conclusión de que todos los problemas económicos y sociales se van a resolver con una mayor participación del Estado, con reglas de juego más discrecionales como las que hubo en el pasado y llevaron a muy malos resultados, es lo que más me preocupa. La decisión inconstitucional de intervenir Vicentin, una de las principales exportadoras de oleaginosos y la propuesta de su expropiación insinúan que el proceso de estatización de empresas privadas que anticipó la diputada Fernanda Vallejos no era una idea loca, como el Presidente dijo en algún momento.

-¿Cómo ve las negociaciones por la deuda?

-El Gobierno está haciendo lo que puede. Lo haría con una actitud más humilde y echándole menos la culpa a los acreedores. El hecho de que lo hagan bajo el patrocinio de [Joseph] Stiglitz pone a todos los acreedores a la defensiva. A la reestructuración de la deuda no hay forma de evitarla. Aun llegando a un acuerdo por la deuda bajo ley extranjera, luego está la deuda en dólares bajo ley argentina, que por el momento está en stand still hasta fin de año. Y algo que es bueno y elogio, y que yo había propuesto, es que se está cumpliendo con la deuda en pesos.

-¿Cree que hubiera sido mejor arreglar primero un programa con el FMI?

-Lo que opina el Fondo sobre determinadas circunstancias uno lo puede considerar adecuado o no. Por ejemplo, el Fondo no apoyó el plan de Convertibilidad en 1991. Recién lo empezó a apoyar cuando vio que daba muy buenos resultados. Es difícil encontrar en el Fondo a funcionarios con coraje como para enfrentar crisis muy serias.

-¿Lo dice por 2001, cuando el FMI le soltó la mano al país?

-El Fondo ayudó hasta septiembre, pero luego, por un error muy grave que para mí cometió el entonces director gerente, Horst Köhler, no nos acompañaron en el proceso ordenado de reestructuración de la deuda que habíamos comenzado en noviembre. Eso hizo que los que aquí querían provocar el default alimentaran la idea de sacarnos a De la Rúa y a mí del gobierno.

-¿Por qué aceptó el cargo de ministro en 2001?

-La responsabilidad dirigencial que sentía en ese momento me inducía a tratar de ayudar a sacar al país de la crisis sin un costo como el que se incurrió en 2002. Nunca actué en política con un objetivo del tipo personal o para acumular poder. Obviamente, me sentía capacitado y con experiencia. Creo que si no nos hubieran sacado del gobierno podríamos haber tenido un curso positivo para la economía, porque a mediados de ese año se dieron vuelta las circunstancias internacionales, que habían sido tan desfavorables en 2000 y 2001.

-Usted fue un súper ministro de Economía, el que más duró en el cargo. Luego estuvo Roberto Lavagna. ¿Por qué cree que los presidentes rehúsan de tener un ministro con funciones para manejar todos los resortes de la economía?

-Está la teoría de que el súper ministro de economía entra a competir en imagen y políticamente con el presidente. Eso es un invento. Los problemas que tuvimos con Menem no tuvieron nada que ver con que él me celara a mí o que yo quisiera serle desleal. Me parece que Kirchner se desprendió temprano de Lavagna y nunca tuvo un ministro relevante y con poder; creyó que él podía ser el ministro de Economía. De alguna manera eso contaminó a los gobiernos de Cristina. Y Macri mismo creyó que él podía ser su propio ministro; no querían que nadie compitiera en imagen. Ese fue un grave error. Supongamos que alguien viene a evaluar una inversión y quiere enterarse de cuáles son las reglas de juego...

-¿Con quién habla?

-Claro. No era el caso en los 90. En ese entonces, los que pensaban invertir en el país hablaban conmigo o con miembros de mi equipo. Hoy no hay un equipo claro económico. ¿Quién comunica la política económica del Gobierno? La pretende comunicar hasta por ahí nomás Alberto Fernández, pero era lo que pasaba también con Macri.

-Teniendo tantos economistas argentinos que son reconocidos a nivel internacional, ¿por qué cree que a la Argentina le cuesta tanto encaminar su economía?

-Además de los economistas muy buenos que enseñan en el mundo académico en el exterior, hay economistas muy buenos en la Argentina. ¿Quién duda de la capacidad y de la experiencia de Ricardo López Murphy? ¿Cómo es que Macri, habiendo sido su socio político y que se supone que coincidían en la forma de ver a la Argentina, no lo eligió a él? En realidad lo tenía a Carlos Melconian, que era quizás, entre todos los economistas que estaban vinculados con él, el que más contacto con la realidad empresaria y sindical había en su momento. Lo marginó. Los dirigentes políticos creen que un ministro de Economía con poder les va a hacer sombra. Un ministro con poder, si acierta y tiene buenas ideas, le permitirá al presidente consolidar su poder. Mi equipo hizo que Menem consiguiera la modificación de la Constitución y que el peronismo ganara las elecciones de 1991, 1994 y 1995.

-¿Por qué dejó el cargo en 1996?

-Ya era muy difícil mi relación con el gobierno de Menem, incluso con Menem mismo, por problemas que no quiero reeditar. Pero a mí me empezaron a perseguir judicialmente desde el mismo gobierno de Menem, para obligarme a que aceptara sapos que no estaba dispuesto a tragar. Esa es una historia antigua; a mí me hicieron la vida imposible desde la Justicia. La politización y la utilización de la Justicia en los conflictos políticos es terrible.

-Pareciera que esto continúa hoy, cuando se ve cómo cambió el comportamiento de la Justicia en los últimos seis meses...

-Sí, pero la persecución judicial a la que fui sometido no tiene nada que ver con la persecución judicial de la que se quejan los kirchneristas, ni tiene que ver con la que ahora están comenzando a hacer con el macrismo. En el caso mío, me persiguieron judicialmente porque me querían sacar del ruedo y porque querían que yo aceptara cosas que no podía aceptar que ocurrieran en el gobierno.

-¿La corrupción que se vio en el menemismo fue como la del kirchnerismo?

-Creo que ha habido muchísima más corrupción en el periodo de Duhalde, Néstor Kirchner y de Cristina Kirchner, que en los años de Menem. Por una razón muy simple: con las reglas de juego que existían en la economía en la época de Menem no había muchas oportunidades de corrupción. Cuando el Estado entra a tomar decisiones arbitrarias y se vuelve a reestatizar empresas, se crean múltiples oportunidades de corrupción.

-¿Es optimista sobre el futuro de la Argentina?

-Hasta ahora he sido exageradamente optimista, siempre digo que va a mejorar. No quiero exagerar diciendo que pronto vamos a mejorar, porque faltaría a la verdad. Esa expresión de que la Argentina está condenada al éxito, que siempre repite Duhalde, a mí me parece una tontería. Lamentablemente, hemos demostrado que somos bastante incapaces de perseverar en la dirección del progreso y del éxito. Cada dos por tres nos volcamos hacia ideas y acciones que nos hacen retroceder décadas.

-Sobre el contexto actual, hay economistas que dicen que esta crisis es peor a la de 2001 y 2002, ¿usted coincide?

-Son de naturaleza muy diferente. Tan diferente que en aquel momento el problema era la deflación y la depresión. Ahora, desde hace muchos años, el problema es la inflación y la estanflación. Además, mientras que hacia 2001 había habido un proceso de modernización, capitalización, mejoramiento en la infraestructura y en la prestación de servicios, ahora es todo lo contrario.

-La naturaleza es distinta, pero las consecuencias parecen ser muy similares en términos de desempleo y pobreza...

-En ese sentido, esta crisis está siendo peor. El panorama, cuantitativamente, será más grave que en 2002.

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