El regreso menos pensado: las librerías independientes vuelven a crecer en EE.UU.
Tras estar al borde de la desaparición frente al avance de Amazon, las pequeños comercios del rubro viven un fuerte resurgimiento, impulsados por la comunidad, la experiencia presencial y nuevas estrategias de negocios
7 minutos de lectura'

La pequeña librería estadounidense está de vuelta. En los últimos cinco años, la cantidad de librerías independientes en Estados Unidos creció un 70%. Solo en 2025 abrieron 422 nuevos locales, según la American Booksellers Association.
El éxito del sector estuvo lejos de ser inevitable. Durante mucho tiempo, las librerías indies atravesaron serias dificultades. En 1995, cuando Amazon abrió como “la librería más grande del mundo” y comenzó a vender por debajo de los precios de los locales físicos, los lectores migraron rápidamente a las compras online. Las tiendas pequeñas, que ya competían con cadenas como Borders, empezaron a cerrar.
Para 2009, el número de librerías independientes en todo el país había caído a un mínimo histórico. Los expertos pronosticaban el colapso de la industria. Pero, en lugar de seguir en declive, las cifras empezaron a revertirse. Y el crecimiento se aceleró después de la pandemia.
“Si uno toma distancia e intenta entender qué pasó realmente de 2010 hasta hoy, es una historia de resiliencia”, dice Ryan Raffaelli, profesor de la Harvard Business School que estudia industrias que logran sobrevivir contra todo pronóstico tras los cambios tecnológicos. Raffaelli lleva años investigando el resurgimiento de las librerías independientes. “Es una historia de esperanza. Y es una historia sobre el poder de la comunidad”.
Una nueva estrategia
Poco después del auge de Amazon, algunas librerías intentaron competir de forma directa con el gigante online ampliando la cantidad de títulos en sus estantes, explica Raffaelli. Pero otras adoptaron con el tiempo una estrategia distinta: redoblar la apuesta por aquello que solo es posible en un espacio físico.
En primer lugar, la capacidad de reunir personas—algo que las librerías pequeñas siempre hicieron con lecturas y eventos, pero que hoy llevan mucho más lejos. Algunas organizan hasta 500 actividades por año. “No son solo presentaciones de autores, sino también cumpleaños y todo tipo de encuentros que invitan a la gente a entrar al espacio físico y relacionarse con otros individuos afines, apasionados por los temas literarios”, dice Raffaelli. “La gente empieza a encontrar su tribu y piensa: ‘quiero estar con estas personas’”.
También profundizaron la curaduría. “Empiezan a seleccionar los libros de una manera muy distinta a lo que se vive en Amazon, donde hay un algoritmo que te dice: ‘compraste estas tres cosas, entonces esto es lo que te va a gustar’”, explica. “Las librerías independientes, porque están muy conectadas con la comunidad de autores, suelen presentar a los lectores libros y géneros que el algoritmo todavía no logra identificar. Y no está claro que alguna vez lo haga”.
Eso es posible porque quienes trabajan en librerías independientes están en la primera línea de lo que ocurre en la cultura literaria, señala. Amazon no logró replicar eso. (Cuando intentó abrir librerías físicas propias, fracasaron rápidamente porque no tenían la misma base de amantes de los libros eligiendo títulos ni un sentido de autenticidad).

Quizás lo más importante es que las librerías independientes hicieron de la comunidad el núcleo de su identidad. Fueron de las primeras en promover el consumo local. “Empieza a cambiar la propuesta de valor de por qué pagar más en una librería independiente en comparación con comprar online con descuento”, dice Raffaelli. “Porque muchos consumidores dicen: pago un poco más porque sé que es una inversión en mi comunidad”.
Eso no ocurría a comienzos de los años 2000, cuando los consumidores estaban más dispuestos a perseguir la mejor oferta en internet. Hoy hay mayor conciencia sobre el valor de mantener abiertas las librerías físicas. “Es parte de un proceso de dos décadas de educación del consumidor”, explica. “Y también de reconvertir las tiendas para resaltar cosas que quizá siempre estuvieron ahí, pero ayudando a que la gente entienda y valore la experiencia de entrar en un lugar así”.
El impulso de la pandemia
La pandemia fue otra amenaza existencial para las librerías, pero terminó fortaleciendo el apoyo del público. “Creo que, en cierto sentido, la pandemia despertó a la gente sobre procesos que antes le eran invisibles y la hizo darse cuenta de que tenía que actuar para apoyar lo que era importante para ella”, dice Andy Hunter, fundador de Bookshop.org, una plataforma lanzada en 2020 para facilitar la venta online de libros por parte de librerías independientes.
Las ventas online ayudaron a muchas librerías a sobrevivir durante los cierres y siguen siendo un sostén relevante. (En 2025, Bookshop.org envió más de US$9 millones a tiendas locales, y las ventas online propias de las librerías independientes también crecieron). Pero, tras la pandemia, hubo incluso más interés por volver a pasar tiempo en los locales físicos. “Creo que se beneficiaron de la fatiga digital”, dice Raffaelli. “La gente estaba entusiasmada por volver, comprar local y sentir que la experiencia presencial podía existir e implicar el contacto con otras personas”.
Las librerías siempre fueron un punto de encuentro, pero siguen encontrando formas de invitar a la gente a quedarse más tiempo. “No quería una librería puramente transaccional, donde entrás, mirás libros y te vas”, dice Maura Cheeks, dueña de Liz’s Book Bar, una librería en Brooklyn que cuenta con un bar acogedor donde se sirve vino, cerveza de cervecerías locales, café y té. “Quería crear un espacio público donde la gente pudiera relajarse, inspirarse, conocer extraños y simplemente pasar el tiempo”.
El local es uno de los tantos que incorporaron un bar. También es una manera de ayudar a sobrevivir a un negocio de márgenes bajos y afrontar los elevados alquileres de Nueva York. En un día de semana típico, Liz’s Book Bar está lleno de personas conversando y trabajando en la barra; las ventas de libros son más altas los fines de semana, pero el bar aporta ingresos clave. Otras librerías encontraron formas creativas de sumar productos con márgenes más altos que los libros, desde medias con temática literaria hasta utensilios de cocina junto a la sección de gastronomía.
Buenas prácticas
Como las tiendas están limitadas geográficamente, son más propensas que otros negocios a compartir buenas prácticas entre sí. (También influye que las librerías sean vistas como instituciones culturales y exista un objetivo común de preservar esa cultura, más allá de la competencia comercial). La American Booksellers Association organiza eventos frecuentes donde los libreros pueden encontrarse, intercambiar consejos o tomar cursos.
“Tomé una clase y se veía cómo estas prácticas se estaban institucionalizando en una nueva forma de pensar la competencia”, cuenta Raffaelli. “Todas estas librerías que hoy abren se benefician de la experimentación que ocurrió a comienzos de los 2000… los sobrevivientes de esa etapa empezaron a difundir esas prácticas a nivel sectorial. Creo que esa es una parte central de la historia: se unen y se enseñan entre ellos”.
Ahora Raffaelli estudia cómo las lecciones del mundo de las librerías pueden aplicarse a otros ámbitos, desde museos y cines hasta empresas que buscan que sus empleados vuelvan a la oficina. “Estamos viendo que la gente quiere interactuar entre sí”, dice. “Quiere sentir que forma parte de algo, del tejido social de su comunidad o de su organización. Pero hay que darles una razón para participar y crear las condiciones adecuadas para que eso ocurra”.
1El regreso menos pensado: las librerías independientes vuelven a crecer en EE.UU.
2“Escucho ofertas”: Uno de cada cinco empleados está abierto a evaluar nuevas oportunidades laborales
3Entre el miedo y la abundancia: pensar la IA sin fe ciega ni rechazo
4Reconversión industrial: el exbanquero que apuesta a levantar un polo hortícola en Carmen de Patagones




