Entre el miedo y la abundancia: pensar la IA sin fe ciega ni rechazo
Frente a la promesa de una economía post-escasez impulsada por la superinteligencia artificial, surge una pregunta central: si la IA resuelve el cómo, ¿estamos preparados para decidir el qué y el porqué?
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En los últimos meses caí en el miedo de quedarme afuera de la velocidad de avance de la IA y para calmarlo, aumenté el tiempo semanal para leer y probar, para aprender y cuestionar con la mayor cantidad de evidencia a mi alcance. Entre los divulgadores los hay tecno optimistas y tecno pesimistas y un crisol de miradas en el medio. Leerlos a todos y buscar sus luces y sombras es el ejercicio que estoy intentando. Peter Diamandis es un emprendedor futurista conocido por su visión profundamente tecno-optimista del futuro. Fundador de la XPRIZE Foundation y cofundador de Singularity University, es una de las voces más influyentes en promover la idea de que la tecnología - especialmente la IA y la robótica - puede resolver los grandes problemas de la humanidad. Sus detractores señalan que su visión está desconectada de las realidades sociales, políticas y económicas actuales. Y que subestima problemas como la desigualdad, la concentración de poder tecnológico, y los riesgos éticos de la IA. En la última entrega de su newsletter semanal Metatrends sostiene que estamos entrando en una nueva Era que llama de “Economía post-escasez, ASI” por las siglas en inglés de superinteligencia artificial.
Según Diamandis estamos a punto de cambiar el sistema operativo económico del planeta. “Estamos pasando de un mundo en el que intercambias tu tiempo por dinero, a un mundo en el que intercambias tu propósito por una realidad donde direccionás inteligencia hacia un resultado deseado”. Esta transición entre la Era de la escasez hacia la de la abundancia ocurrirá, según Diamandis, en algún punto entre tres y ocho años a partir de ahora. Para esta Era predice: que el nuevo capital será el cómputo y que el trabajador ya no necesitará “ganarse la vida” con dinero. En el viejo mundo, necesitabas capital (dinero) para iniciar un negocio. En el nuevo, el único recurso escaso es el cómputo. “Imagina, que cada mes, a cada ciudadano se le asigna una cuota de poder de procesamiento -millones de “tokens” de inteligencia- en su billetera digital. El dinero te permite comprar lo que ya existe, pero el cómputo es una unidad de agencia: te permite crear lo que no existe”, dice. También predice un nuevo título laboral: Explorador de Propósito. Si la IA se encarga del “cómo”, ¿qué queda para nosotros? El “qué” y el “por qué”. Si la IA llega a ser un servicio tan barato como la electricidad, la habilidad humana más valiosa ya no es resolver problemas, sino elegir qué problemas resolver. “La IA es un Ferrari. Puede ir a cualquier parte a 200 km/h. Pero no sabe a dónde ir. Vos sos el conductor y definís el norte. Esta comunidad necesita un nuevo parque, esta historia necesita ser contada o que este misterio científico debe resolverse. La economía de 2035 no te paga por tus músculos, sino por el significado que le das a lo que hacés”. ¡Ay, Peter! Ojalá tengas razón y nos refriegues por la cara este futuro abundante a quienes hoy te leemos con escepticismo y cautela.
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