Gestión de ciudades modernas: por qué los desafíos son ahora integrar tecnologías y anticiparse
Una smart city es una ciudad más eficiente, conectada, sostenible y capaz de adelantarse a los acontecimientos antes de que sucedan. Personal Tech se presenta hoy como un partner tecnológico para la modernización urbana
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Pensar en una “vida buena” en las ciudades modernas implica contemplar una batería de variables prácticamente infinita. Algunas de ellas resultan centrales: por caso el acceso a servicios públicos eficientes, la posibilidad de resolver trámites de forma simple o el hecho de recibir respuestas rápidas y satisfactorias por parte del Estado. La transformación digital de los gobiernos locales tiene que ver, justamente, con cumplir esas metas mejorando la gestión urbana a través de sistemas integrados, capaces de articular información y operar dentro de una estrategia común. De eso hablamos cuando hablamos de “smart cities”.

“El concepto de ‘ciudad inteligente’ se relaciona con sumar tecnología para que los funcionarios puedan tomar decisiones inteligentes e informadas de cara a una gestión eficiente y sostenible. Ahora bien: no se trata de ‘apilar tecnologías’ de forma aislada, sino de integrarlas”, explica Nicolás Malvasio, Gerente IOT de Personal Tech.
Y precisa: “Si por ejemplo tengo a disposición un mapa de calor, además de permitirme conocer los flujos de una ciudad durante la temporada turística me puede servir también para tomar decisiones vinculadas con la seguridad, o para encarar una campaña de salud. Lo que importa es la capacidad de concentrar toda esa información y aprovecharla de un modo eficaz. Y entender que la meta final es que la gente pueda tener una mejor experiencia de su ciudad, así hablemos de movilidad, seguridad, energía, infraestructura, alumbrado público, residuos, gestión hídrica o de cómo el ciudadano se comunica con el Estado”.
El caso es que todas estas áreas, históricamente, han venido operando de una forma bastante independiente. Frente a ese escenario, la propuesta de valor de Personal Tech apunta a integrar capacidades tecnológicas y operativas dentro de una estrategia común que se enfoca en mejorar la toma de decisiones, el uso de los recursos y la eficiencia de los servicios urbanos.
De ahí que, más que ofrecer una solución puntual, la compañía está posicionándose como un partner tecnológico integral “end to end”. En otras palabras: un socio que puede acompañar a gobiernos municipales y provinciales (o incluso a desarrolladores urbanos) desde el diseño de una estrategia hasta su implementación, operación y evolución en el tiempo. “Por eso no estamos hablando de una plataforma –advierte el ejecutivo–, sino más bien de cómo integrar tecnología, operación y datos para resolver algunos de los problemas más críticos para la gestión urbana”.
Ciudades más vivibles, ordenadas y habitables
Desde conectar y monitorear un sistema de luminarias hasta la posibilidad de hacer trámites digitales, desde los recursos que podrían desplegarse cada vez que alguien llama al 911 hasta la planificación de los semáforos: la tecnología abre la puerta para gestionar múltiples facetas de la vida urbana.
“Cada localidad, cada territorio y cada población tienen su propia agenda de temas. Lo que tiene que tener el gobierno local es una visión clara de lo que quiere mejorar y qué impacto va a generar”, sostiene Malvasio. “Para cada escenario, Personal Tech cuenta con la capacidad de diseñar, implementar y mantener un proyecto. Además tenemos una pisada nacional que nos permite actuar en cualquier parte del país”.
Según el experto, el diferencial de la compañía radica en el rol como partner tecnológico orientado a entornos públicos y urbanos. “A diferencia de otros actores que ofrecen soluciones parciales, o productos aislados, podemos asumir la complejidad de la integración y acompañar al cliente en todo el ciclo de vida del proyecto”, refiere.

Otra de las ventajas de la propuesta es que puede pensarse progresivamente, empezando por una necesidad puntual (como monitoreo hídrico o gestión de luminarias) e incorporando luego nuevas capacidades, a medida que se avanza en el proceso de modernización. Este enfoque ayuda a la adopción, reduce la complejidad y el desembolso inicial y permite escalar las soluciones en función de resultados concretos y prioridades estratégicas.
Municipios argentinos: el gran desafío de modernización
El Internet de las Cosas (IoT) es una de las tecnologías que están en la base del concepto de ciudades inteligentes. Sensores, dispositivos y maquinaria conectada permiten obtener información en tiempo real sobre cómo funciona una ciudad y cómo se comportan variables vinculadas con temas como el tránsito, la seguridad, la energía o la gestión hídrica.
Pero el verdadero valor de esta conectividad aparece cuando esos datos se integran y se usan para anticiparse. Y ese es precisamente uno de los grandes desafíos de modernización para los municipios argentinos: pasar de modelos reactivos a esquemas de gestión capaces de prevenir problemas. Los ejemplos son súper variados y van desde anticipar inundaciones a partir del monitoreo de ríos y variables climáticas hasta redireccionar el tránsito o activar protocolos de seguridad antes de que ocurra un incidente.
La propuesta de Personal Tech para smart cities se organiza en cuatro pilares: coordinación operativa, monitoreo de infraestructura crítica, analítica urbana y sistemas integrados de datos. Todo el concepto general apunta a resolver situaciones concretas de gestión: desde coordinar equipos de emergencia y reducir tiempos de respuesta ante incidentes hasta monitorear en tiempo real el nivel de ríos, o el funcionamiento de estaciones de bombeo para anticipar inundaciones.
También incluye herramientas de analítica de movilidad para entender cómo se desplazan las personas dentro de una ciudad y mejorar desde la planificación del tránsito hasta la organización de eventos o circuitos turísticos. Todo eso se complementa con plataformas capaces de integrar información de distintas áreas en un único entorno de decisión, lo que habilita a los municipios a operar de manera más eficiente y con una visión más completa de lo que ocurre en tiempo real.
El resultado es una gestión urbana con mayor capacidad de anticipación, menos fallas no detectadas y un mejor control sobre la infraestructura y los recursos. En términos concretos, esto implica servicios más previsibles, respuestas más rápidas y una experiencia más fluida para los ciudadanos. En definitiva: la condición de posibilidad para pensar una “vida buena” en las ciudades modernas.
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