¿Qué destino se le da al dinero? Un fondo se suma a las finanzas de impacto social

Las inversiones de impacto social y ambiental buscan concretarse en cada vez más modalidades
Las inversiones de impacto social y ambiental buscan concretarse en cada vez más modalidades Crédito: Jardín - Crédito: Anna Shvets, Pexels.
Silvia Stang
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24 de enero de 2021  • 13:58

Vinculado ineludiblemente a los objetivos de una producción y una comercialización de bienes con efectos sociales y ambientales positivos, el mundo de las finanzas de impacto se va abriendo paso en los últimos años, con diferentes modalidades. A Sigma, la letra griega usada en matemática para representar operaciones con varios sumandos, recurrió una ONG para darle nombre a un fondo creado con la misión de otorgar créditos a empresas y a instituciones que tienen y demuestran sus propósitos y que suelen quedar al margen de otras formas de financiamiento. La organización sin fines de lucro, en rigor, ya se denomina Sumatoria, y entre sus acciones está la modalidad que permite a inversores particulares financiar, utilizando una plataforma, emprendimientos concretos de la economía social.

"Sigma es un fideicomiso, un instrumento de inversión que otorga créditos a actores de la economía que no tenían financiamiento; para lograrlo hicimos un acuerdo con San Cristóbal Caja Mutual como principal inversor", cuenta Matías Kelly, fundador de la asociación civil Sumatoria. Los recursos, que son de los asociados a esa entidad mutual santafesina, requieren ser colocados en instrumentos financieros y, en el fondo Sigma, encuentran una opción para hacerlo, con el agregado de que existe "una evaluación de los proyectos" a los que se destina dinero en cuanto a sus impactos; una evaluación que, de manera aislada, no podría hacer la entidad financiera, según explica María Martha Nadeo, gerenta de la mutual de San Cristóbal.

Nacido en noviembre último, el fondo desembolsó hasta ahora $28 millones en préstamos, en tanto que hay proyectos por otros $120 millones en etapa de análisis. El monto promedio es de $5 millones y el plazo, de entre 4 y 36 meses según el caso, con tasa Badlar (hoy de algo más de 34% anual) más 15 puntos y una comisión de 2%.

Una de las últimas operaciones concretadas es un crédito de $5,6 millones para la alimenticia Zafrán, que certificó como empresa B (de triple impacto) en 2020. "En lo medioambiental, nuestro foco está puesto en desarrollar packs biodegradables; tiramos mucho plástico que, aunque sabemos que es reciclable, termina muchas veces en basurales. Trabajamos con otra empresa B de la Argentina, Biopsa, y con la cordobesa DISE, para los nuevos envases", cuenta Nito Anello, cofundador de Zafrán Recetas Honestas. Agrega que también se trabaja para levantar barreras que afectan la empleabilidad de personas de determinados grupos de la sociedad: "Como parte de la Red Creer, en 2020 contratamos a cuatro personas que estuvieron privadas de la libertad y este año seguiremos trabajando en eso", explica. El monto del préstamo, dijo, será asignado al desarrollo de Zafranito, una marca de productos orgánicos para chicos.

Otras empresas que recibieron financiamiento son La Choza, de elaboración de lácteos y verduras orgánicos; Beepure, también de productos alimenticios -como miel y mermeladas- que tiene entre sus reglas la de destinar un determinado porcentaje de la facturación a un grupo de ONG, y Coopsol, una cooperativa de productores de miel (algunos de ellos pueden ser financiados individualmente por ahorristas a través de la página de Sumatoria), que usó el dinero para la compra de un camión que se usará para la ampliación de la estrategia de logística.

Los créditos pueden ser tomados no solo por empresas o cooperativas, sino también por emprendedores y organizaciones de la sociedad civil, siempre que los proyectos en implementación a financiar tengan al menos un año de antigüedad, según dice Kelly. Los segmentos de actividades comprendidas son la economía social, la economía de doble o triple impacto, los negocios inclusivos y las acciones para la infraestructura socio urbana y para el desarrollo cultural.

Según el impulsor de la ONG Sumatoria, existen tres principios en los créditos de Sigma: el costo se considera justo; quienes reciben el dinero tienen, en muchos casos, vedado el crédito por otras vías, y el análisis de la situación para determinar el otorgamiento o no del préstamo se hace caso por caso: "Hacemos un acompañamiento, porque no queremos dar salvavidas de plomo", dice.

A mediados del año pasado, la organización Sumatoria había lanzado el fondo de resiliencia Covida-20, para atender la situación de crisis de instituciones de inclusión financiera de la economía social, de grupos asociativos y cooperativas, y de organizaciones y empresas con impacto positivo. Los recursos para ese proyecto en particular surgieron de donaciones con cargo hechas por compañías como el Banco Galicia y DirecTV y por ONG como la Fundación Alimentaris.

Es un fondo que nació como algo no previsto, por las consecuencias de la llegada del Covid-19, y al que ahora se le dará continuidad como algo complementario de Sigma. Se considera que esa asignación de fondos, más vinculada a situaciones de emergencia, podrá ser para algunos un paso previo a recibir préstamos del fondo Sigma, en un paso que implica "trabajar la pospandemia durante la pandemia".

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