Una historia de 150 años: de botica de pueblo a laboratorio con proyección global
Laboratorios Casasco cumple un siglo y medio en la Argentina. Su recorrido refleja la evolución de la industria farmacéutica local, con foco en la innovación, el desarrollo productivo y el trabajo sostenido a lo largo de generaciones.
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A lo largo de la historia argentina, pocas compañías pueden trazar una línea de continuidad tan extensa como la de Laboratorios Casasco. Con 150 años de actividad ininterrumpida, su evolución no solo cuenta la historia de una empresa familiar, sino también la de un sector clave para el bienestar: el farmacéutico.
Desde una pequeña botica en el interior bonaerense hasta una estructura industrial con presencia internacional, el recorrido de la firma sintetiza transformación, adaptación y una apuesta constante por el desarrollo local.
Los orígenes: una botica en crecimiento
La historia comienza en 1876, cuando el farmacéutico italiano Doctor Eugenio Francisco Casasco llegó al país tras graduarse en la Universidad de Turín. Se instaló en Chacabuco, una localidad que entonces tenía apenas unos pocos habitantes, donde abrió la primera farmacia del lugar.
Ese emprendimiento inicial pronto encontró oportunidades de expansión. A comienzos de la década de 1880, el proyecto se trasladó a Luján, donde se puso en marcha un laboratorio que marcó un hito: allí se comenzaron a desarrollar comprimidos y cápsulas gelatinosas, en una etapa considerada pionera a nivel mundial.
El crecimiento de una empresa familiar
Con el paso de los años, el crecimiento de la compañía estuvo ligado a la participación activa de la familia fundadora. Las nuevas generaciones se incorporaron al negocio, consolidando un modelo de gestión que combinó continuidad y expansión.
Un momento clave llegó en 1937 con la inauguración de la planta industrial en el barrio porteño de Flores. Ese hito permitió escalar la producción y ampliar la complejidad de los desarrollos, en línea con una industria farmacéutica que comenzaba a modernizarse.
Décadas más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XX, la conducción quedó en manos del Doctor Eugenio Francisco Casasco, quien impulsó la profesionalización de la empresa y fortaleció su posicionamiento en el mercado local.
Innovación y salto tecnológico
El ingreso al siglo XXI trajo consigo nuevos desafíos para el sector, marcados por regulaciones más exigentes y una creciente competencia global. En ese contexto, la compañía encaró una etapa de modernización con la inauguración de una segunda planta industrial en Pilar.
Equipada con tecnología de última generación, esta instalación permitió ampliar la capacidad productiva, diversificar las áreas terapéuticas y reforzar la autonomía industrial. La inversión en infraestructura y conocimiento se convirtió así en un eje central para sostener el crecimiento.
Diversificación y presente
En los últimos años, la firma avanzó en un proceso de diversificación que incluyó nuevas unidades de negocio, como tratamientos especiales y productos de venta libre. Esta estrategia le permitió ampliar su alcance y adaptarse a las necesidades cambiantes del sistema de salud y de los pacientes.
Hoy, con cerca de 1.200 colaboradores, dos plantas industriales y presencia en mercados internacionales, la compañía combina una fuerte base local con una mirada global. Su portafolio reúne medicamentos con trayectoria en el país, al tiempo que incorpora desarrollos acordes a las demandas actuales.
Una identidad que atraviesa generaciones
Más allá de los cambios tecnológicos y de mercado, hay elementos que se mantienen constantes: la apuesta por la ciencia, el valor del trabajo sostenido y el compromiso con la salud.
A 150 años de aquella primera botica, la empresa conserva su carácter familiar y una identidad vinculada al desarrollo productivo argentino. En un contexto donde la innovación es clave, su historia muestra cómo tradición y modernización pueden convivir para sostener un proyecto en el tiempo.
Los 150 años llegaron y se celebraron a lo grande
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