New Balance, de marca top a empresa fantasma
Nadie se hace responsable del cierre de la filial argentina
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Primero, misterio; después, desconcierto y escándalo. Son los ingredientes de la trama que empieza a quedar al descubierto con la retirada de la Argentina de la marca de indumentaria y calzado deportivo New Balance, una de las más importantes del mundo, junto con Nike, Adidas y Reebok.
Una escenografía de pesadilla recibió a los 50 empleados de la firma cuando, el 28 de febrero último, llegaron a su trabajo para cumplir sus tareas habituales: como si se tratara de la traumática liquidación de un banco, las oficinas, depósitos y puntos de venta de Steam SA -la firma que producía y manejaba comercialmente los productos New Balance (NB) en el país- amanecieron cerrados. Incrédulo, el personal se encontró con agentes de seguridad privada que no dejaban ingresar a nadie, fuera cadete o gerente, y con un cartel que recomendaba dirigirse al estudio de abogados Pérez Alati, Grondona, Benítez, Arntsen y Martínez de Hoz.
Desde entonces, los trabajadores no tienen noticias sobre su suerte ni la de la empresa. No recibieron telegramas de despido ni comunicación oficial alguna, y en la firma legal señalada desligan responsabilidades: reconocen que New Balance es su cliente, pero, ante la consulta de La Nación , afirmaron "no tener instrucciones".
Hasta fines de 2000, Steam era un joint venture conformado en un 80% por Edgardo Bakchellian (de la familia dueña de Gatic, aunque legalmente desvinculado del grupo) y en un 20%, por New Balance Athletic Shoe, la casa matriz con sede en Boston, Estados Unidos. Bakchellian elaboraba bajo licencia algunos productos en su planta de 25 de Mayo (provincia de Buenos Aires), y el resto era importado. Pero el primer día hábil del año, dos ejecutivos de NB, Manuel García, responsable regional de la compañía, y Ed Hadad, vicepresidente internacional, viajaron a Buenos Aires, reunieron a los empleados y les comunicaron que la casa matriz se hacía cargo de la operación local, tomando el control de Steam.
Un mes más tarde, el nuevo director comercial de la empresa describió a La Nación los planes para el futuro: producción especializada, recambio de gerentes y reestructuración general. Pero Steam no hizo honor a su nombre (que en inglés significa "vapor") y las chimeneas se apagaron. También las luces de las oficinas cuya dirección figura en los recibos de sueldo de los empleados, en el barrio de Belgrano, y las del edificio de administración, en la zona norte del Gran Buenos Aires.
"Inviable"
En NB aseguran que Steam aún es de Bakchellian, y el empresario, que habla por medio de allegados porque "no quiere exponerse", jura lo contrario: que ya no tiene nada que ver. Los fantasmas, sin embargo, parecen existir. Anteayer, en las cuentas bancarias en las que los empleados recibían sus haberes fueron depositados los sueldos de febrero.
Desde Boston, la directora de comunicaciones de NB, Kathy Shepard, había dicho hace unos días que cuando su compañía tomó Steam se encontró con problemas financieros desconocidos que la hacían "inviable", razón por la que bajó las persianas para, entretanto, "analizar cómo seguir en la Argentina". Anteayer, la vocero agregó que la adquisición de Steam por parte de NB "no está completa porque aún faltan algunos pasos legales" e insistió en que "las respuestas las tiene que dar Steam, no NB". Cuando se le dijo que era imposible hallar a Edgardo Bakchellian, Shepard comentó: "a nosotros también nos resulta difícil ubicarlo".
Pero en el entorno del empresario sugieren que los norteamericanos desoyeron una auditoría independiente que les recomendó no hacerse cargo de la operación local, y que ahora están cometiendo los errores propios de la desesperación. La prueba de que Steam es 100% de NB, argumentan, es que el dinero de los sueldos de febrero fue girado desde Estados Unidos. Los trabajadores también creen que esa operación es la evidencia de que NB reconoce su responsabilidad.
Sin embargo, Shepard sostuvo que "los fondos son nuestros, pero forman parte de un préstamo más amplio que le habíamos otorgado a Steam, ya que no tenía efectivo para hacer frente a sus obligaciones. Nos adeudaba a nosotros y a su gente. El pago de enero y febrero fue una parte de aquel crédito".




