Bonos argentinos: por qué están excluidos de la nueva primavera emergente

Los avances en las vacunas contra el Covid-19 y la hiperliquidez extrema global se unieron para regenerar el apetito por el riesgo, un escenario ideal para los países emergentes. lo aprovechará la Argentina?
Los avances en las vacunas contra el Covid-19 y la hiperliquidez extrema global se unieron para regenerar el apetito por el riesgo, un escenario ideal para los países emergentes. lo aprovechará la Argentina? Fuente: AP
Javier Blanco
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25 de noviembre de 2020  • 10:53

Con la aversión global por el riesgo retornado a niveles prepandemia, las bolsas (en general) y las monedas y mercados emergentes viven lo que puede caracterizarse como "una nueva primavera".

Los avances que se comunican casi a diario en el desarrollo de vacunas, que prometen además alta eficacia en la lucha contra el Covid-19, parecen haber convencido a los inversores que llegó la hora de pensar en el escenario pospandemia y la hiperliquidez con que convive desde hace años el mundo (aumentada en los últimos meses) propicia este tipo de apuestas.

Los récords que marca el Dow Jones Industrial en Wall Street Nueva York al superar hoy la frontera simbólica de los 30.000 puntos por primera vez en su historia (ayudado por la puesta en marcha de la transición entre Donald Trump y Joe Biden en Estados Unidos) son un símbolo al respecto.

Este efecto derrame se aprecia por caso en:

-La fuerte revalorización de las monedas emergentes, que alcanza casi el 7% en lo que va del mes en el caso del real de Brasil, o de los commodities agrícolas reflejados en parte precio cercano a US$ 440 que alcanzó la soja, el mayor en 6 años.

-La tasa de apenas 1,7% por encima de la que valida Estados Unidos que pagó ayer Perú (4% en total) por tomar US$ 4000 millones mediante 3 bonos uno de los cuales vencen en 100 años y tras recibir US$ 11.000 millones en ofertas de compra pese a haber cambiado 3 presidentes en 2 semanas

-Las sólidas revalorizaciones que muestran en las últimas ruedas incluso las acciones de las empresas argentinas, algunas de las cuales trepan entre 40 y 85% en lo que va del mes.

Pero el dato es que la fiesta de mercado dejó afuera a los bonos argentinos, aunque el país acaba de renegociar esa deuda en condiciones ventajosas y no tiene casi compromisos de pago a la vista por unos años. Prueba de ello es el elevado nivel que mantiene el riego país, que se sostiene por encima de los 1350 puntos aún en este contexto.

Para los analistas, los bonos argentinos no aparecen en el radar de los inversores a pesar del alto retorno que prometen por la desconfianza que genera la situación del país, sus férreos controles de capitales que -aunque entendibles en este contexto- lindan muchas veces la arbitrariedad y el endeble rebote que tendría la actividad el año que viene aún partiendo de los paupérrimos niveles que legaron los últimos 3 años recesivos.

Pero, en segundo orden, su baja demanda también deviene de algunas de las condiciones de emisión que tienen los bonos que, en los primeros años, no pagan casi intereses o lo hacen a niveles muy bajos.

El papel de los bajos o nulos cupones iniciales

"Es cierto: todavía no apareció un driver fuerte para los bonos soberanos argentinos aun cuando se ve una suba fuerte de las acciones argentinas arrastradas por el optimismo global por las vacunas. Creo que ese diferencial obedece básicamente a que Argentina no presenta aún respuesta clara para los desafíos macroeconómicos que enfrenta, pero en parte está influido porque los nuevos títulos no tienen casi cupón hasta dentro de unos años", opina el economista Jorge Neyro de la consultora ACM.

Para el analista Santiago López Alfaro (Delphos Investmet), también esa estructura de emisión de los títulos es la que conspira para que se revaloricen al ritmo de otros similares. "Al no pagar cupón de intereses en los primeros años no tienen los que se llama tasa corriente actual. Por más que rindan mucho, no te permiten capturar eso con un pago. Así, el inversor que pudiera estar mirándolos no tiene incentivos para incorporarlos a su cartera aún hoy, aunque si esta tendencia global continúa en algún momento van a contagiar porque no puede haber tanta diferencia", sostiene.

Juan José Vázquez, jefe de analista de Cohen, advierte que la supuesta primavera de las acciones argentinas ni siquiera es tal. "El índice Merval medido en dólar cable está aún por debajo de su precio objetivo en relación al riesgo país a 1371 puntos básicos. Su nivel objetivo debiera ser de US$587 y hoy cerró en US$359", aunque eso no quita que muestran una mejor reacción al contexto que los bonos.

"La Argentina en dólares financieros está regalada, pero las dudas sobre nuestra economía argentina no son de ahora: desde la óptica que nos da el valor de los activos vienen desde 2018 y hoy es tal la desconfianza que el Merval en dólares vale menos que una tonelada de soja", coincide y explica Walter Morales, quien encabeza Wise, una consultora en economía, finanzas y estrategia, para quien cualquier recuperación de los bonos es poco probable mientras el país no defina su ecuación cambiaria.

El economista y consultor Iván Carrino (de ICYAsociados) sostiene que el diferencial que se abrió entre acciones de empresas argentinas y bonos deriva del escenario pospandemia que empieza a aparecer por los avances con las vacunas. "Esto hace que los inversores visualicen que las economías del mundo tienen la chance cierta de volver a cierta normalidad, lo que constituye un driver positivo para las empresas. Los bonos no lo captan porque sigue habiendo dudas respecto de la capacidad de pago, sobre la posición de reservas y de lo que pudiera aportar un acuerdo con el FMI. La incertidumbre, en el caso argentino, sigue al orden del día", insiste.

El regreso del viento de cola

Los analistas en general coinciden que la nueva brecha abierta podría comenzar a cerrarse de sostener el contexto favorable aunque solo si el Gobierno consigue darle algo de visibilidad a la economía en un contexto que, por sus características, podría hacerla reaparecer en la consideración de algunos inversores.

Para tener idea del contexto que se vive, muchas veces dejado de lado por la preponderancia de los graves problemas locales, el economista Fernando Marull elaboró un indicador que trata de medir si la economía local enfrenta "viento de frente" o cuenta con "viento de cola", como el que rigió en fuerte hace algunos años.

El "Indice de la Suerte Argentina", como optó por denominarlo, cruza el valor internacional de la soja (principal exportación del país), con el nivel de cambio en Brasil (principal destino de nuestras exportaciones) y el de la tasa de interés de Estados Unidos, mercado predominante aún en la determinación de los flujos de capitales del mundo, medida por el rendimientos de sus bonos de deuda, el parámetro que se toma también para fijar el riesgo país.

Dicho índice viene marcando casi a diario máximos de cuatro años. "Otorgando distintas ponderaciones a cada una de las tres variables, encontramos que las actuales condiciones son casi tan favorables como las que estuvieron vigentes en el período 2008-2014". apunta.

Claro que las condiciones locales son aún peores que entonces y hay demasiadas cuestiones sin resolver. "La aceleración de la inflación y la cuestión cambiaria irresuelta dan a entender que aprovechar el viento de cola tampoco será fácil", advierte. ¿Argentina volverá a dejar pasar la oportunidad? Al parecer, no es solo lo que temen los inversores internacionales sino también los propios argentinos.

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