Soluciones para terminar con la crisis mundial del agua

Santiago Palma Cané
Un buen comienzo sería fomentar un consumo más eficiente y responsable
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14 de julio de 2019  

En la actualidad, millones de personas alrededor del planeta padecen los problemas que derivan de la escasez de agua. Tendencias de largo plazo como el crecimiento demográfico, la urbanización, la mejora de los estándares de vida, la industrialización en los países emergentes, la falta de infraestructura y el cambio climático ejercen fuerte presión sobre la limitada oferta del recurso. Según un informe del World Economic Forum, se estima que a mediados de este siglo la mitad de la población vivirá en zonas con "estrés de agua", entendiéndose por tal a áreas donde la oferta difícilmente podrá satisfacer sustentablemente la demanda.

Los principales factores que generan una fuerte presión sobre la oferta de agua son el insaciable apetito que hay en el mundo por granos, carne, productos manufacturados y electricidad. Agricultura, ganadería, generadoras eléctricas y fábricas insumen enormes cantidades del recurso. Para empeorar las cosas, en pocos lugares el agua se cobra al valor que realmente corresponde.

Normalmente es artificialmente barata porque los políticos se muestran temerosos de cobrar mucho por algo que esencialmente "cae del cielo". Esto genera entonces que los consumidores tengan poco incentivo para cuidarla y que los inversores encuentren poco atractivo para construir la infraestructura para llevarla donde más se la necesita.

No hay una única solución para resolver la crisis mundial del agua. Fomentar un consumo más responsable, eficiente y equitativo es un buen comienzo. La agricultura, que consume enormes cantidades del recurso, es un target importante; cambiar ciertas prácticas agrícolas es prioritario. La plantación de precisión, el desarrollo de semillas híbridas que requieren menor cantidad de agua y la implementación de sistemas de riego localizado, sin duda, ayudarían a conservar las reservas.

Otro target importante es la generación de energía hidroeléctrica, que es un negocio que demanda cuantiosos volúmenes. También las industrias que usan agua en forma intensiva, como la minería, la industria textil y la química deberían concentrarse en hacer un uso más racional del recurso.

Se necesita generar marcos regulatorios que promuevan un uso eficiente del agua y que fomenten las inversiones que permitan mejorar la infraestructura para el tratamiento y el transporte del recurso. Hay muchos capitales disponibles e interesados en invertir. Como ya se ha dicho, el principal problema consiste en que es difícil conseguir un apoyo político consistente respecto del tema. Por eso muchos inversores todavía se mantienen al margen por la incertidumbre que les genera recuperar las enormes sumas que se requiere invertir en este tipo de proyectos.

El autor es analista de economía internacional

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