Starbucks, una poderosa organización que ahora va contra Trump
El CEO de la empresa, Howard Schultz, mantiene desde hace años una postura crítica hacia Washington; anunció que contratará 10.000 refugiados
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Hace 20 meses, el CEO de Starbucks, Howard Schultz, estaba en la Ópera de Mónaco. "No le vamos a dar la espalda a los problemas sociales que tiene Estados Unidos. Nos vimos obligados a convertirnos en un campeón de buenas causas para hacer frente a estos problemas", dijo con un tono crítico hacia la administración del entonces presidente Barack Obama.
Aquella frase se llenó de contenido ayer, cuando anunció que la compañía planea contratar 10.000 refugiados en todo el mundo en cinco años. Lo hizo tras el veto migratorio que impuso Donald Trump a refugiados y ciudadanos de países de mayoría musulmana.
Había sido presentado en el marco del World Entrepreneur of the Year (WEOY), que anualmente se celebra en Montecarlo organizado por la consultora EY. Si bien centenares de empresarios esperaban su lección de gestión de una organización, Schultz viró sus dichos. "Nos convertimos en la voz de los que no tienen, en un vehículo para expresarse ante el poder", dijo. Entonces recordó que fueron la primera empresa estadounidense en reconocer los derechos a gays y lesbianas.
Fue en aquel templo de empresario donde Schultz contó que la logística de la empresa iba a ser utilizada para fines sociales, un viaducto hacia ciertos reclamos. Starbucks, una firma compuesta por algo más de 26.000 tiendas en alrededor de 65 países y que él mismo fundó en 1971, en Seattle, ya había demostrado su poder de fuego para ciertas causas. "Hace unos años, el gobierno [de los Estados Unidos] cerró. Todos estamos con una profunda falta de liderazgo", dijo en referencia a la paralización parcial del gobierno en octubre 2013, después de que las dos cámaras del Congreso no lograron ponerse de acuerdo sobre el nuevo presupuesto.
"Me enteré de que las familias de los veterano caídos [las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán] no recibirían beneficios por la muerte a causa de que el gobierno no funcionaba. Me llamó la atención. Pusimos una petición en todas las tiendas de Starbucks y conseguimos dos millones de firmas en menos de 24 horas, que entregamos a la Casa Blanca", contó Schultz, y comentó, además, que obligó al gobierno a salir de su letargo. "Proporcionamos una voz", finalizó.
Ahora, la empresa se convirtió en punta de lanza contra Tramp y su política de inmigración. No está sola, se sumaron Airbnb y varias tecnológicas. Rápido de reflejos, Schultz, además, logró neutralizar otro efecto que, aunque incipiente, ya se veía en las redes sociales. No pocos mexicamos llamaban a un boicot a la marca de café por ser una de los principales íconos de la cultura americana moderna.
Pero el CEO ya lo había anticipado en 2015: "Hubo una fractura en la confianza de la gente en Washington [en referencia a la Casa Blanca]. Se ve un quiebre del sueño americano". Frente centenrares de asistentes, este cronista entre otros, Schultz arremetió. "Estas cuestiones dividen la nación. Si uno mira hacia atrás a Selma y Martin Luther King, se pregunta, como país, ¿avanzamos? Y la respuesta es que no tanto como deberíamos haberlo hecho. Incluso, se podría argumentar que fuimos hacia atrás". Todavía Donald Trump no asomaba en la política.





