
Un gaucho que impuso el bife en Los Angeles
Adolfo Suaya (38) llegó a Hollywood para triunfar como actor de cine, pero terminó convertido en el dueño de la mayor cadena de comida argentina de California
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LOS ANGELES.- El muchacho negro de remera blanca que engulle con fruición un bife con papas fritas, detrás de una vidriera de Sunset Boulevard, ajeno a los rigores estivales de julio, nada sabe acerca de la curiosa historia del restaurante que lo tiene por comensal. A juzgar por la prisa con la que se agitan sus mandíbulas, lo único que le interesa es terminar cuanto antes con su plato.
El joven que no deja de masticar mientras revisa la portada de Los Angeles Times, está sentado en una de las 40 mesas del primer local de Gaucho Grill, que en 10 años se ha convertido en la cadena de gastronomía argentina más grande de los Estados Unidos. Con ocho bocas distribuidas por Los Angeles, su dueño, Adolfo Suaya, factura anualmente más de U$S10 millones.
Suaya tiene 38 años, no es un experto en finanzas ni se graduó en una escuela de negocios. Nacido en Buenos Aires, llegó a Los Angeles, en 1987. Fascinado por el mundo de la actuación, tenía como meta sumergirse de cabeza en la industria del cine, estudiando en el Actor´s Studio, el mítico semillero de actores. Pero el destino lo convirtió en protagonista de otra película: el muchacho que se acercó a Hollywood para triunfar como actor, terminó alimentando sus sueños con mollejas, empanadas y dólares tan verdes como sus criollas ensaladas de lechuga y radicheta. "Llegué como estudiante y enseguida me di cuenta de que no existía un lugar para comer bifes con papas fritas a las tres de la tarde. Las opciones eran McDonald por US$2 o Le Dome, por 75. Pero no había nada intermedio", recuerda. Pese a que nunca en su vida había preparado un huevo frito, eso fue lo que lo decidió a emprender la aventura de instalar un lugar de comidas.
En busca de un local, Suaya encontró una esquina abandonada en pleno West Hollywood. La dueña era una señora de 76 años, a la que le resultó muy difícil convencer para que se lo alquilara. Como no tenía ni siquiera tarjeta de crédito, le ofreció una garantía de US$25.000 dólares, que era toda la plata que había llevado desde la Argentina para estudiar durante un año. Yasí se inició:con los bolsillos secos y un local en ruinas.
El dinero que empleó para empezar lo había juntado fabricando camperas inflables en Buenos Aires, en un modesto local de Flores, durante los años en los que estaba de moda echarse encima esos gigantes camperones de nylon que concedían la fisonomía corporal de un gorila.
Bueno y barato
Con su propuesta de comida sana, sencilla, barata y ... argentina, Gaucho Grill se convirtió en un boom de inmediato y Suaya todavía recuerda la cara de su primer cliente: "Era un gordito, pelirrojo, que entró, se sentó en la barra y pidió un pollo deshuesado con puré de papas. Como yo no sabía que había que tener la comida marcada , tuvo que esperar media hora porque el pollo no se hacía. Fue la media hora más larga de mi vida y pensé que había sido una locura meterme en algo que no conocía. Pero la reacción del coloradito cuando le dimos el pollo con salsa criolla fue increíble. La cara se le iluminó, me hizo un gesto de aprobación y a la noche volvió otra vez, con una chica", relata.
Las colas que se formaban en la puerta lo llevaron a abrir otro local antes de un año. Sin socios ni inversores, reinvirtiendo ganancias "y postergando pagos a proveedores para no perder capital", logró llegar a sus ocho locales actuales. El noveno abrirá en octubre, cuando se inaugure en el City Walk de Universal Studios un enorme patio de comida étnica, con restaurantes de todo el mundo. Suaya, que vive casi como un divo de Bel Air -maneja un Porsche 911 y reside en Beverly Hills, en una mansión de US$1,5 millón- también tiene interés en difundir la cocina cubana. Con el nombre de Fried Bananas, acaba de abrir lo que cree que será el eslabón de una nueva cadena. No son éstos los únicos asuntos que lo ocupan:además está en el negocio inmobiliario. Construye restaurantes y los alquila: el por aquí famosísimo Sushi Rocko -siempre repleto de celebrities - también le pertenece.
Fantasías de celuloide
Pero el hombre no es del todo feliz. Vive con el desencanto de no haber triunfado en la pantalla grande. Intentó ingresar por la ventana una vez que comenzó a amasar su fortuna como gastrónómico e invirtió US$1,6 millón para producir, dirigir y actuar en dos filmes llamados Cool crime y Dragones de papel ("uno tipo Pulp Fiction, el otro de artes marciales"), pero aún no logró colocarlos en el mercado. Vender películas no le resulta tan sencillo como despachar papas fritas. Aunque no se desanima. Con un presupuesto menor ya prepara el rodaje de Los chicos de Madrid, "una película sobre los pibes que fueron abusados en la niñez".




