Vivir con amigos, para no resignarse a un monoambiente

Cada vez son más los jóvenes que optan por convivir para achicar gastos y agrandar espacios
Matías Asconapé
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11 de diciembre de 2011  

Irse a vivir solo no es simple. Para hacerlo, además de dinero, se necesita ajustar gastos. Pero a veces ni eso resulta suficiente para afrontar un alquiler. Consecuencia de ello es que en los últimos tiempos aquellos que no disponen del dinero necesario decidan compartir el alquiler con otras personas, para reducir gastos y elegir el barrio donde vivir.

Entre otras ventajas, los jóvenes consultados destacan que la estrategia no sólo sirve para achicar gastos, sino que, entre varios, se suelen conseguir espacios más amplios por menos dinero, además de disfrutar la convivencia. Incluso hay quienes deciden compartir la casa con desconocidos para no resignar el barrio donde desean vivir.

El fenómeno es común en Europa, y aquí en extranjeros y en estudiantes del interior, se expandió a vecinos porteños. "Es la única manera rápida de irse de casa, de cortar el cordón. En casi todos los casos son jóvenes que alquilan una casita o un departamento para bajar costos", dice Ana Valencia, directora de la inmobiliaria homónima de zona norte, quien afirma que los jóvenes suelen ser cumplidores.

La ecuación es simple ya que, según enumera Nicolás Pobiegajlo de Quick Sale Propiedades, un departamento de dos ambientes cuesta alrededor de $ 2000, mientras que uno de tres ronda los $ 3000. En muchos casos, apunta, algunos prefieren pagar la mitad y luego compartir los gastos extras. "Ahora se está dando más; antes no era tan común", destaca Pobiegajlo.

Aunque visible, la tendencia aún no afecta de forma concreta al mercado. "Hay casos puntuales, pero no una incidencia sobre la oferta y demanda de inmuebles", aclara Néstor Walenten, presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina.

Santiago Onorato, Ignacio Colmano y Lucas Perrone comparten una casa en Villa Ortúzar. La idea de vivir juntos nació a partir de una necesidad común: las ganas de irse de casa y no tener que vivir en un lugar pequeño. "Cuando me iba a mudar puse en la balanza la plata que podía gastar y, en vez de apretarme en un monoambiente, elegí irme con amigos y tener más espacio por la misma plata", cuenta Onorato, un estudiante de 25 años que trabaja en una constructora.

Por la casa de 100 metros cuadrados, más una terraza con parrilla, pagan $ 3200 al mes. Ninguno de los tres podía pagarlo solo. "No pagamos expensas y, además, tenemos una cochera para guardar la moto, por la que antes pagaba $ 300 mensuales", destaca Onorato, también contento de compartir la experiencia.

Sacha Zadunaisky, de 25 años, ya es un entendido del asunto de los pisos compartidos. Hoy está en una casa con dos amigos pero hasta hace poco tiempo vivía junto a seis personas en una casona de más de 300 metros cuadrados en Paternal. "Es como crear una pequeña comunidad de bajo costo. Es una gran oportunidad para irse de casa teniendo poco dinero", dice. Compartir la casa, cuenta, no sólo pesa menos al bolsillo. También es mejor ser dos para ocuparse de los quehaceres. "Tengo mi lugar para estar tranquilo, pero la casa suele estar llena de amigos", describe Sacha, que trabaja en el centro y vive en un PH en Saavedra, donde pronto tendrán una parrilla.

La historia de Nicolás Martelleti, un arquitecto de 28 años, va por el mismo lado. Antes de decidir mudarse junto a un amigo a una casa en Acassuso alquilaba un departamento en Tigre. Se había mudado allí porque en San Isidro no conseguía nada mejor por el mismo dinero. Con el cambio ganó en comodidades. "Siempre tenía la idea en la cabeza. Que sea de a dos o de a tres te permite tener un jardín, una parrilla. En la casa gasto menos que en el departamento", describe Martelleti. La casa, ubicada a pocas cuadras de la avenida Dardo Rocha, tiene una cuota mensual de $ 2800 a dividir entre dos. "No hay vecinos tan cercanos, se pueden llevar amigos y no hay que pagar expensas. Además, los servicios cuestan igual para uno que para dos", subraya.

Para Ramiro Kaehler y Juan Insua, ambos de 23 años, irse a vivir juntos era un paso obligado para dejar el hogar familiar. "La principal función es bajar los costos. Llegó el punto que de a dos era posible, pero imposible cada uno por su cuenta. Dividir gastos es mucho más fácil, además de que se hace llevadero", dice Kaehler. Llevan nueve meses en un departamento por el que pagan alrededor de $ 2000 por mes. "Fuimos los primeros, pero ya hay amigos que se quieren ir a vivir de a dos", cuenta Kaehler.

Gastos

Dividir el pago de servicios alivia el peso a los jóvenes que buscan ahorrar.

Comodidad

Vivir de a varios hace posible afrontar el alquiler de casas más espaciosas.

Convivencia

Compartir una experiencia con amigos o pares es atractivo para los que dejan el hogar familiar.

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