A un año de cumplir un siglo y medio

LA NACION se aproxima a sus 150 años de vida en medio de transformaciones que no han modificado su sistema de valores y principios
La edición fundacional, del 4 de enero de 1870
La edición fundacional, del 4 de enero de 1870 Fuente: LA NACION
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4 de enero de 2019  

LA NACION cumple hoy 149 años de existencia. En un año más, habrá estado presente, día a día, en el desenvolvimiento de la sociedad argentina a lo largo de un siglo y medio.

La vocación por perdurar en su seno como una fuerza difusora de informaciones locales, nacionales e internacionales confiables, y propagadora del ideario doctrinario con el cual fue fundada, ha sido indeclinable. No han torcido el rumbo ni los más difíciles avatares por los que ha debido atravesar en los siglos XIX, XX y XXI. Esa vocación por prolongar el eco en la sociedad de la que es parte explica el impulso natural por el cual LA NACION se ha remozado constantemente. Lo ha hecho a la par de las tendencias que alteraban en nuestro medio hábitos y costumbres, modificaban leyes y receptaban conocimientos que habrían de transformar a la humanidad en los términos más asombrosos que se recuerden en la historia universal.

Han sido extraordinarios los cambios introducidos en LA NACION, sobre todo en estos últimos treinta años, a fin de atender a las audiencias y a quienes apelan a la eficiencia de sus recursos para la promoción de productos y servicios. Aquellos han sido introducidos con la certeza de que el dinamismo de la revolución digital, nunca tan penetrante y vertiginosa como en el campo de las comunicaciones al que pertenecen los diarios, impondrá por mucho tiempo más políticas de actualización continua como norma de rigor. El vértigo tecnológico arrasa no solo con modalidades que parecían antiguas; también con otras de condición flamante. LA NACION lo sabe y procede en consecuencia.

Al diario de papel que el lector tiene en sus manos se ha sumado, desde mediados de los noventa, un número paulatinamente creciente de servicios en plataformas digitales. De esa manera sus contenidos se renuevan al instante de conocidos los hechos. Más recientemente, ha agregado la voz y la imagen en sus versiones de YouTube y en LN+ . Este canal de televisión ha logrado un prestigio afianzado tanto en el profesionalismo con el cual se ha concebido su programación como en la determinación de preservar la sobriedad del periodismo de ideas que ha sido distintivo de marcas como LA NACION en el periodismo mundial. Ahora, después de no pocas luchas, ese canal se puede sintonizar en las versiones digital y analógica, y no solo en la primera de ambas, con lo cual de manera automática ha duplicado su audiencia.

Las transformaciones operadas en LA NACION lo han sido sobre el piso firme del sistema de valores y principios sobre el que se ha asentado en todo tiempo su visión del país y del mundo. La libertad de expresión, de trabajo y de comercio están asociadas en esa visión a la división tajante de los poderes de gobierno, y en particular a la independencia del Poder Judicial, como conceptos cuyo quebrantamiento envilece la democracia republicana, al punto de vaciarla de su razón de ser.

Hay otras formas, desde luego, de erosionar las bases políticas y morales de nuestro sistema institucional, como la corrupción sistémica desde el Estado que se instaló en este siglo en el poder central, según lo desnudaron los cuadernos de Centeno , en uno de los logros periodísticos más resonantes en el historial de este diario. O el desconocimiento de la propiedad privada como derecho consustancial con la naturaleza humana.

Desde esa perspectiva, LA NACION ha sido una unidad homogénea entre todas las secciones en que se ha integrado en los 149 años de su desenvolvimiento. No podría haber sido de otro modo sin grave merma de la personalidad con la que llega a este aniversario.

La tolerancia exhibida en tan prolongado derrotero ante manifestaciones doctrinarias contrarias a su espíritu ha sido la ratificación, no la ruptura, de una línea de pensamiento liberal como la que trazaron para el país los constituyentes de 1853. Han sido sus páginas, en ese sentido, prueba elocuente del pluralismo del que se reniega en las publicaciones fundamentalistas de cualquier signo político, social o religioso, y en los órganos oficiales -los únicos posibles- de los regímenes dictatoriales, tan nefastos en América como los de Venezuela y Cuba .

Pero no habría un diario merecedor de lectores que se identifiquen con él si bajaran las defensas de una personalidad definida en el transcurso de su historia, que ha impregnado, en vuelo desde lo alto, todas las páginas que se recorran a fin de que la certidumbre de cada uno encuentre, sin contratiempos sorpresivos, al diario con el que esté familiarizado. Si alguna vez esa feliz coincidencia no se produce, es porque la disonancia entre la voluntad de propósitos y la imperfección humana en llevarlos adelante ha sufrido tropiezos que, con carácter de excepción, confirman la existencia de un rumbo general que en nuestro caso lleva casi un siglo y medio de travesía. Ninguna argumentación desventurada podría desmentirlo.

Así ha actuado LA NACION desde el 4 de enero de 1870. Así espera seguir actuando.

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