
A 25 años del nacimiento de Solidaridad, el primer sindicato libre bajo el comunismo
El acuerdo de Gdansk, en 1980, marcó el comienzo del fin del bloque soviético
5 minutos de lectura'
El portón de hierro, prolijamente pintado de azul y blanco, es de una simplicidad extrema. Sin embargo, todos van hacia allí, donde termina Polonia y comienza el Báltico, y lo observan. Algunos reflexionan y aventuran algún comentario de ocasión. Porque en ese lugar, 25 años atrás, se escribió una de las páginas más trascendentales de la historia del siglo XX: el comienzo de la caída del bloque soviético.
El mundo ya no sería más el mismo, pero ese portón de entrada en los astilleros de Gdansk sigue allí, mudo testigo de un cambio dramático: el nacimiento de Solidaridad, primer sindicato independiente en la órbita comunista.
A pocos metros de la entrada, tres cruces de acero gigantescas, coronadas por tres anclas, recuerdan a los 45 muertos por las protestas de 1970 contra el régimen de Wladyslaw Gomulka por el alza de precios, y que obligó a su reemplazo por Edward Gierek. Muy cerca, un sendero de piedra con placas que recuerdan a las víctimas del totalitarismo, entre ellas el sacerdote Jerzy Popieluszko, simpatizante de Solidaridad, secuestrado y asesinado en 1984. Siempre hay flores: a pesar de que muchos polacos se quejan porque la panacea del capitalismo no está aún al alcance de todos, son muchos los que recuerdan el trágico pasado reciente.
Un cartel anuncia en la entrada en los astilleros la exposición "Senderos hacia la libertad", que conmemora la gesta de los huelguistas encabezados por el electricista Lech Walesa, aquellos que en 1980 le torcieron el brazo al régimen. Pocos metros más adelante un pabellón refleja la vida cotidiana bajo la bota comunista: una tienda con estantes casi vacíos con excepción de unas botellas de vinagre, un poco de carne picada y manteca de cerdo evoca los tiempos de escasez. Los pocos alimentos se compraban con cupones de racionamiento, cuyas reproducciones son vendidas ahora como souvenir. Más allá, un teléfono público con el cartel "No funciona" y la grabación de una mujer que le avisa al usuario que su conversación está siendo escuchada, lo que recuerda la permanente vigilancia de aquel entonces. Una realidad muy distinta de la Polonia de hoy, con teléfonos celulares, centros comerciales y tiendas de lujo.
Fotos, manuscritos, objetos y videos -entre ellos uno sobre la visita a Varsovia de Juan Pablo II, el año anterior- recrean la atmósfera de agosto de 1980, la agitación que comenzó por la expulsión de los astilleros Lenin de la opositora Anna Walentynowicz y que terminó con una lista de 21 demandas a las autoridades, entre ellas la legalización de los sindicatos, el derecho de huelga y el respeto a la libertad de expresión. Diez millones de personas se movilizaron y los intelectuales se unieron reclamando un diálogo.
Del acuerdo a las reformas
La presión derivó en el histórico acuerdo del día 31, que constituyó el primer triunfo pacífico sobre el comunismo. Un mes más tarde se fundó la coalición de gremios regionales Solidaridad. Su máximo exponente, Walesa, llegaría al poder una década después, tras derrumbarse el muro que partía en dos a Europa. "Aquella puerta no separaba, sino que unía a la gente", afirmó el periodista Wojciech Adamiecki, al referirse a la multitud que acudió al puerto para apoyar a los huelguistas.
En los años siguientes Polonia vivió bajo la ley marcial impuesta por el general Wociech Jaruzelski, superó tensiones, pero la ola de libertad ya era irrefrenable. En los 90, la corriente de reformas alcanzó a los astilleros, cuya explotación pasó de manos estatales a una sociedad mixta. Tras superar un proceso de bancarrota, las instalaciones son administradas ahora por una empresa -Stocznia Gdynia SA- cuyo capital lo integran, en un 38%, el Estado polaco, un 16% un armador israelí, un 11% inversores menores y el resto empresas polacas.
Desde 1998, los astilleros ocupan el 50% del terreno original, y su destino es ahora incierto. El Estado estudia la posibilidad de fusionarlos con otros para crear un grupo industrial y existe interés de parte del grupo noruego Aker. Pero también se supo de un proyecto de urbanización de 1500 millones de dólares, similar a los docklands de Londres, para construir en la zona un hotel, un edificio de oficinas y viviendas residenciales. Su construcción comenzaría a principios de 2006, lo cual permitiría crear 15.000 puestos de trabajo en una ciudad con un índice de desempleo del 12 por ciento.
"Es simbólico que en ese lugar, donde se gestó nuestra libertad, nazca una nueva y vibrante ciudad", opinó Walesa. Con Polonia ya dentro de la Unión Europea, el proyecto refleja el gigantesco cambio en el país, impensable 25 años atrás, cuando los huelguistas de Gdansk ganaron una pulseada crucial.


