
Adiós a Massud, león del Panshir
Por Ettore Mo Corriere della Sera Trad. María Elena Rey
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El león del Panshir ha muerto. Su cuerpo, lacerado por la explosión del 9 del actual, ha cedido después de días de pena y agonía y se ha entumecido (dos kamikazes se habían hecho pasar por periodistas e hicieron estallar un mecanismo escondido en una telecámara). Resulta difícil imaginarlo en la inmovilidad absoluta de la muerte: sobre todo para quien ha tenido el privilegio de seguirlo en su frenética actividad de comandante y líder político.
Ya era un mito, es verdad, era una leyenda: pero un mito y una leyenda que se movía continuamente, siempre en defensa de Afganistán, al que quería independiente y soberano.
Libre de los rusos, del gobierno filosoviético de Najibullah, de los señores de la guerra y de los talibanes. Si hubiera alguien para contraponer al príncipe del terrorismo, Osama ben Laden, no podría ser otro más que él, Ahmed Shah Massud. Nunca olvidó que el Dios de los musulmanes es grande, pero también misericordioso.
Encontré a Massud por primera vez en febrero de 1981, cuando Afganistán estaba desde hacía un año en las garras del ejército rojo. Ya se hablaba de él como de un personaje legendario, que sin embargo se "negaba": a diferencia de los otros jefes de las siete facciones empeñadas contra los "sciuravi" (los rusos), no dejaba jamás sus posiciones en la montaña para buscar reposo en Peshawar, en Paquistán, donde estaban los cuarteles generales de los partidos islámicos de la Jiha. Si se lo quería ver, se debía trepar durante días (o semanas) hasta el Panshir.
Vendido a los soviéticos
Así fue también la segunda vez que lo vi, en 1984. En Peshawar se había corrido la voz de que lo habían matado o hecho prisionero, o directamente que se había vendido a los soviéticos. Lo encontré, sentado sobre una colina, con un mapa entre las rodillas en el que trazaba itinerarios con avellanas y pasas de uva. Se estaba preparando para enfrentar la que sería la octava ofensiva de los "sciuravi" en el Panshir. ¡Otra que muerto!
A los 16 años había bajado a Kabul para estudiar en el liceo francés, pero en 1978 fue la "Revolución de abril" y los comunistas tomaron el poder, con ayuda de Moscú, que había comenzado a "colonizar" el país como preludio de la invasión de 1979. Massud abandonó todo, retornó al Panshir y formó los primeros grupos de guerrilleros "mujahidin" detestados por el ejército rojo. Era un brillante estratego. Desde los 16-17 años vivió combatiendo.
Su familia era un misterio para todos. Pero esto forma parte de la cultura islámica. Sabíamos que estaba casado, que tenía hijos: pero esto nos debía alcanzar. A menudo lo veía apartado, pensativo, quizás un poco triste. Pero jamás hubiera osado hacerle preguntas personales. Una vez, sin embargo, cuando le pregunté a quemarropa si nunca había pensado en que los talibanes, mucho más fuertes y, gracias a Paquistán, también mejor equipados, podrían sobrepasarlo, me respondió: "Oh, sí... Pero primero deberán pasar por encima de mi cadáver".





